RTVE: la mafia sindical quiere amordazar a Vox

EDITORIAL

Las televisiones públicas están tomadas por unos elementos extremadamente sectarios que se sirven del dinero ajeno para colonizar los medios de todos e imponer su indecente dictadura del miedo.

2020-02-14

Los sindicalistas de CCOO en RTVE han tenido la desfachatez de exigir que se censure la entrevista que ha hecho Carlos Franganillo a Santiago Abascal en el marco de un ciclo en el que van a ser entrevistados los líderes de las principales fuerzas parlamentarias. Como es lógico, se empezó por Pedro Sánchez, después fue el turno de Pablo Casado y ahora le tocaba a Abascal, dada su condición de líder de Vox, el tercer partido de España en votos y diputados.

Los sindicalistas han perpetrado un comunicado en el que se acusa a Vox de "asaltar la convivencia democrática", palabras que jamás han usado para describir a quienes proclamaban orgullosos que su objetivo era acabar con el régimen del 78 y negaban hasta hace un suspiro que el nuestro sea un sistema democrático.

Es más: tal y como ha recalcado Dieter Brandau en una reveladora entrevista con un miembro de la directiva del sindicato comunista en RTVE, tampoco lo hicieron cuando el entrevistado fue Arnaldo Otegi, que no sólo es el líder de un partido que ataca abiertamente al régimen democrático y a la Nación, sino que jalea a los que "asaltaban la convivencia" con bombas y tiros en la nuca. El propio Otegi es un terrorista condenado en dos ocasiones, cosa que al parecer no merece ninguna crítica desde CCOO en RTVE.

La tropelía ha sido de tal calibre que hasta el secretario general de CCOO, Unai Sordo, ha aclarado que su organización rechaza la censura previa, cosa que desmiente su rama en RTVE, que no ha rectificado una coma de su comunicado liberticida.

Este despreciable abuso vuelve a poner sobre el tapete el bochornoso escándalo de que las televisiones públicas estén tomadas por unos elementos extremadamente sectarios que se sirven del dinero ajeno para colonizar los medios de todos e imponer su indecente dictadura del miedo. Son personajes tóxicos que no merecen recibir un solo euro público, menos aún vivir (a cuerpo de rey) a costa del contribuyente.

Por otro lado, no cabe sino denunciar sin descanso la goebbelsiana campaña de demonización que se está desarrollando contra un partido como Vox, de impecable trayectoria democrática, algo de lo que no puede presumir, sin ir más lejos, el propio PSOE, tremendamente responsable del muy peligroso clima de voxofobia que se está generando.

Que Vox sea objeto de criminalización y asedio constantes cuando en el Gobierno hay comunistas con estrechísimas vinculaciones con regímenes criminales como los que padecen Venezuela e Irán y desde el PSOE se pacta con golpistas en ejercicio y proetarras es, sin duda, harto elocuente de la degradación del panorama político (y mediático) nacional.