Los chistes del ministro

Luis del Pino

2020-02-15

Fernando Morán fue el primer ministro de asuntos exteriores socialista, en el primer gobierno de Felipe González. Diplomático de carrera, ocupó en vida de Franco diversos puestos en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero en 1974, un año antes de morir el dictador, ingresó en el Partido Socialista Popular, de Enrique Tierno Galván, que terminaría convergiendo con el PSOE.

Como ministro de Asuntos Exteriores de Felipe González, protagonizó algún indudable éxito, como la culminación del ingreso de España en la Comunidad Europea, y alguna evidente claudicación, como la apertura de la verja de Gibraltar.

Pero más que por su actividad profesional como ministro, Fernando Morán fue célebre durante su mandato por las frecuentas meteduras de pata y por sus cómicos exabruptos. En una comentada rueda de prensa, y al ser interrogado por los periodistas acerca del penúltimo escándalo, el ministro Morán respondió: "Cáguense ustedes en mi madre, pero no me pregunten por ese tema".

Tan frecuentes eran las ocurrencias de Morán, que terminó siendo objeto de todo tipo de chistes: cualquier chiste de leperos se contaba por aquel entonces en la variante Fernando Morán. Por ejemplo, va el ministro Morán a una librería y pregunta:

- ¿Tienen algún libro de Hemingway?

- Claro que sí. Tenemos El viejo y el mar.

- Bueno, pues deme El mar

Y es precisamente ese hecho, el que se contaran chistes sobre Morán, lo que mejor refleja la diferencia entre aquellos años, entre aquel gabinete ministerial, y la actual situación política. Porque si se hacían chistes sobre Morán es, en definitiva, porque había algo de entrañable en su figura. Quizá no fuera el mejor ministro de Asuntos Exteriores de nuestra Historia, pero no se le percibía como un malvado. Si acaso, como alguien torpe y no muy bien dotado para las relaciones sociales. Pero malvado, no.

Cualquiera de los integrantes del actual gobierno, incluido su presidente, ha metido más veces la pata que Fernando Morán. No hace falta que les recuerde a Pedro Sánchez diciendo en campaña cosas como "Mañana estaré en Huesca y luego iré a Aragón". O a Pablo Iglesias presumiendo de haber leído la "Ética de la razón pura", obra de Kant que no existe. Y los exabruptos son algo cotidiano también en los integrantes de este gobierno, desde el propio Sánchez ("¿De quién depende la Fiscalía, eh?"), hasta Ábalos ("¿Quiere que le diga cuántas veces me he reunido con la oposición venezolana"?), pasando por la actual ministra de Asuntos Exteriores ("Sobre Venezuela ya he dicho todo lo que tenía que decir") o la vicepresidenta Carmen Calvo ("Venezuela no le importa a nadie").

Es verdad, cualquiera de los integrantes de este gobierno suelta más exabruptos y mete más la pata que Fernando Morán. Pero sobre ellos no se harán chistes. Porque, a diferencia de lo que sucedía con el ministro Morán, a ellos sí se los percibe como malvados. En ellos no hay nada de entrañable.