La discreta vida íntima de Plácido Arango, mecenas y pareja de dos damas

Manuel Román

Plácido Arango, dueño del grupo VIPS, fue un discreto mecenas y pareja de dos mujeres, la última de ellas la escultora Cristina Iglesias.

Manuel Román | 2020-02-18

Ojalá en España existieran caballeros, mecenas y filantrópos como Plácido Arango, que acaba de morir en Madrid a la edad de ochenta y ocho años. Se conocía más su biografía profesional que su vida íntima, llevada con la mayor discreción. Ni siquiera en las páginas de las revistas del corazón se contaban capítulos de su pasado sentimental, sobre el que pasaban a veces de puntillas. Era una forma de respetar la bonhomía y caballerosidad de un hombre, descendiente de emigrantes asturianos, que supo reunir un inmenso capital a base de su trabajo. Nunca alardeaba de ello. Hablaba poco, lo justo. La prudencia de un ser muy querido por cuantos tuvieron la fortuna de tratarlo y conocerlo.

Su padre se marchó a México desde una aldea asturiana como tantos emigrantes que allá hace un siglo cruzaban el Atlántico con el sueño de regresar ricos y eran llamados indianos. Y en México conoció a una paisana con la que se casó. Plácido Arango nació en la ciudad azteca de Tampico, en 1931 y junto a sus hermanos Jerónimo (llamado así como su progenitor) y Manuel dieron en seguir los pasos paternos en un negocio de telas, que les resultó próspero. Con lo ganado lo invirtieron en una cadena de comercios con el nombre de Aurrerá, los que convertidos en supermercados trajeron a España mediados los años 60. Los vendieron a Galerías Preciados. Y a partir de entonces, buenos empresarios, crearon otras franquicias como los populares Vips, Ginos, para después unirse a los Starbucks, Fridays y Waganana, negocios muy familiares para los españoles.

En la actualidad, los hermanos Arango se fueron desprendiendo de esas empresas, quedándose con un cinco por ciento del capital, tras reunir entre los tres una fortuna que se calcula superior a los cuatro mil millones de euros. Desde su llegada a Madrid en 1965, Plácido Arango, que fue siempre el único verdaderamente conocido del clan familiar, quien mantuvo su doble nacionalidad mexicana-española, amén de vigilar sus prósperos negocios supo relacionarse con los prohombres de las finanzas y la vida artística y social. Se había casado con Teresa García Urtiaga, con quien tuvo tres hijos: Plácido, Marta y Paco, este último el más conocido de su descendencia, por su vida bohemia y su dedicación musical como baladista pop. Salió una temporada junto a Ana Obregón, sin mayores consecuencias ni compromisos. Aquel matrimonio de sus padres "hizo aguas" y el gran empresario se unió a Cristina Macaya, una elegante e influyente dama radicada en Mallorca, viuda del millonario catalán Javier Macaya. Aunque Plácido Arango nunca pensó en casarse con ella, convivieron durante diecisiete años en sus estancias en Madrid y la isla balear, donde levantaron una finca llamada Es Canyar, en la que solían dar fiestas en verano muy frecuentadas por la burguesía mallorquina, y en la que de vez en cuando aparecían desde políticos del momento como Felipe González, o incluso el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Asimismo, su popular vecino, el actor Michael Douglas, su buen amigo Jack Nicholson y otras celebridades.

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Arango e Isabel Preysler en Mallorca | Gtres

Cristina Macaya pertenece al círculo cercano de don Juan Carlos de Borbón. Plácido Arango siempre se involucró con el mundo de la cultura. Fue Presidente de la Fundación Príncipe de Asturias. Con su prestigio y su aval económico, la Fundación pudo sin problemas financiar los gastos derivados del importe de los galardones y los desplazamientos de los premiados. Todo ello lo acercó aún más a los Reyes, aunque con el respeto que siempre tuvo hacia la Monarquía, nunca quiso servirse de ella, sino al contrario, servirla con la mayor discreción. A pesar de sus encuentros con don Juan Carlos no hay muchas imágenes de ellos. Ese desinterés por el dinero empleado en la causa, como generoso mecenas y filántropo lo extendió también al Museo del Prado y al de Bellas Artes de Asturias, cediendo importantes obras de su propiedad, entre las que había cuadros de Velázquez, Goya y Zurbarán, aparte de otros cotizados artistas contemporáneos, de su importante colección reunida al cabo de los años. Se encargó, por su relación con el Museo Metropolitan de Nueva York de que uno de sus expertos, John Brealy, viniera a Madrid para encargarse de la restauración, tan delicada, de Las Meninas velazqueñas.

Extinguida su relación matrimonial, también le llegó la ruptura con Cristina Macaya. La tercera y última mujer de la que se enamoró sería la escultora donostiarra Cristina Iglesias, que había enviudado del escultor Juan Muñoz. Cristina, en la actualidad con sesenta y tres años, conoció a Plácido Arango por su vinculación ambos al Museo del Prado, él como imprescindible miembro de su Patronato y ella en calidad de artista contratada para ocuparse de una de las puertas de la primera pinacoteca española. Diez años han sido los que unieron a esta singular pareja, que llevó su relación con la mayor prudencia y discreción. Compartían piso en Madrid, en el distrito de Chamberí, y él mantenía su finca de la sierra norte madrileña, en la localidad de Valdemorillo, La Charca del Valle. Tampoco ambos tuvieron deseo alguno de legalizar su situación. Eran así felices.