Mike Porcel: ¿un hombre ‘aplastado’?

Zoé Valdés

¿Por qué no han invitado al Concierto Anticomunista de Miami al gran trovador?

2020-03-03

Alguien, un hermano martiano, tuvo la gentileza de enviarme el último documental prohibido en Cuba, titulado Sueños al pairo; también otra amiga me lo reenvió, y finalmente asistí a una proyección privada. Después de haberlo visto tres veces, debo reconocer que llevo noches sin dormir debido a diversos sentimientos encontrados, y no sólo porque conozco a Mike Porcel, el sujeto, el tema del documental, y sé de su dolorosa historia personal, y aprecio su extraordinaria obra de compositor, poeta, trovador, su inmensa cultura musical, y su genuina sensibilidad, rayana en lo druida sacerdotal; además, porque, pese a las buenas intenciones del documental, no he podido contener la ira frente a los testimonios de los que son entrevistados en este documento fílmico, producido y dirigido en Cuba por los jóvenes realizadores José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, quienes se han convertido en los más recientes perseguidos del Icaic (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), institución absolutamente controlada y dirigida por el régimen.

Con Mike Porcel se ensañó la tiranía castrista desde que apareció en la escena artística cubana como miembro del célebre Grupo Los Dada, aunque al inicio todo sucedió poco a poco. Luego pasó a ser el creador conceptual y musical del grupo Síntesis, había compuesto anteriormente dos discos para Amaury Pérez Vidal (quien testimonia en el documental); de Síntesis se tuvo que marchar –él lo explica sucintamente en el documental, debido a contradicciones estéticas, quién sabe si a más, Mike es un hombre íntegro y no dirá nada que ofenda ni siquiera a los que lo ofendieron a él–, para emprender una carrera en solitario, que fue igual de exitosa que pesarosa.

Creador de la tan oída y tarareada canción "En busca de una nueva flor" en aquel año del Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes, cuyo evento se celebró en La Habana, pronto la envidia de otros trovadores, notablemente la de Silvio Rodríguez, convirtió a Mike en un personaje orwelliano, de la tan leída novela (realidad ficcionada) 1984; perseguido por el Ministerio de la Verdad, que no era y no es más que el Ministerio de la Mentira.

Mike decidió entonces marcharse de Cuba, en el momento en el que por fin se pudo, cuando se abrió el puerto de Mariel y familias que vivían en el exilio debieron invertir sus ahorros en alquilar embarcaciones para viajar a buscar a sus familiares en Cuba. El resto es archiconocido. El régimen aprovechó, llenó los barcos de escoria y de locos, aunque mucha gente buena y de gran talento pudo escapar, como fueron los casos de Reinaldo Arenas, Juan Abreu y algunos otros. A mí me consta que escaparon en tablitas, a Reinaldo Arenas le iban a impedir la partida, lo que aparece muy claro y explicado en sus memorias, Antes que anochezca, como también en la película basada en ellas. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Mike Porcel, no le permitieron salir. Quedó varado en la isla durante nueve largos y aterradores años, en los que no dejaron ni un solo instante de acorralarlo, a él y a su familia, incluyendo a su hijo pequeño, al que expulsaron del conservatorio. El horror, sin más.

Sí, el horror de las hordas que intentaban destrozar las dos entradas de su casa durante aquellos días fatídicos, mientras ellos debieron acuartelarse, porque los querían linchar literalmente, a él, a su familia, a su madre enferma, a su hijo. Como se puede ver en las imágenes del filme que hicieron las hordas castristas en las calles de aquel vergonzoso año ochenta, que apedrearon, golpearon e insultaron a familias enteras de cubanos cuya única falta era ansiar partir hacia tierras de libertad.

El Icaic argumenta hoy que justamente la censura se debe a esas imágenes del pueblo combatiente y a las palabras áridas del discurso de Fidel Castro, con su –al parecer– olvidado (no por mí, yo no olvido) "que se vayan, no los queremos, no los necesitamos". O sea, una vez más, para ellos, no se debe dañar la imagen de lo que fue y es todavía; y sin embargo, ningún reparo en continuar deliberadamente destrozando destinos, en este caso no sólo el del músico, además el de los realizadores.

Para mí no han sido en exclusiva esas imágenes lo que constituye objeto de censura, el hecho es que Mike Porcel todavía molesta, su música la tienen clavada en el hipotálamo, no lo tragan ni lo tragarán nunca, su honestidad los perturba profundamente. Aunque quién quita que si un día, después de muerto, les diera dinero en abundancia, ahí estarían como los primeros ladrones y carroñeros que siempre han sido…

A mí, sin embargo, lo que más me altera, lo que me encoleriza, son los testimonios presentes y los ausentes, por igual. No se puede ser más cobarde que Frank Fernández esquinado a su maldad, como una tripa suelta y amargada del régimen. No se puede ser más astuto y doblelenguaje que Pedro Luis Ferrer, quien hasta exige que le apaguen la cámara para él poder continuar abiertamente en su decir a medias. El peor es Amaury Pérez Vidal, porque éste habla supuestamente desde la amistad. No dudo que haya querido ser amigo de Mike, e incluso no sospecho que lo haya sido: el genio despierta tanto odios y celos como alabanzas y guataquerías por parte de quienes más encelan sus valores. Pero eso de contar que cuando hicieron uno de sus discos de música barroca les exigieron añadir maracas y tumbadora, de lo contrario no saldría el disco, y que por esa razón los castigaron a alimentar leones dentro de las jaulas del zoológico, y que todavía, años más tarde, en el avión en el que acompañó al niño Elián González, afirmara orondo que Fidel Castro era su papá y el papá de todos los cubanos, no es que yo lo vea incoherente, es por encima de todo muy malvado de su parte, y demasiado hipócrita en la actualidad.

La ausencia de Silvio Rodríguez, de Argelia Fragoso y de otros más no me extraña. Silvio es un resentido de mucho cuidado, y Fragoso, en fin, puedo imaginar que "el miedo le devora el alma", como en aquella película que vi en el cine Rialto.

También he visto otro testimonio, que no aparece en el documental, de Eduardo Ramos. El hombre se arrepiente de haber sido de los primeros en acosar a Mike Porcel en aquellos constantes y abusadores mítines de repudio a pie de casa. Y termina con una de esas excusas que ya no se pueden aguantar más: "Todos participaron de aquello". No, siento recordarle que no todos participamos de "aquello", y que inclusive los que nos negamos a participar también fuimos golpeados y severamente calumniados. Yo misma, al salir de la casa de una amiga que vivía en la calle Lealtad, tuve la mala idea de recurvar por el Malecón, en sentido contrario a la manifestación de repudio por el Pueblo Combatiente contra los que se iban del país. Lo hice porque sentí la curiosidad de ver qué era aquello, y pensé de manera ingenua que podía hacerlo desde la no participación, caminando en sentido inverso al rebaño. De pronto, alguien me señaló, como a una fugada, como a esa que no iba con ellos, sino contra ellos, y de inmediato una turba me cayó encima, más pronto de lo que yo pudiera reaccionar. No sólo me ripiaron la ropa encima del cuerpo, me arrancaron hasta mechones de pelo, la golpiza fue bestial. Tampoco lo olvidaré, nunca.

Tras la censura de este documental, Mike Porcel ha vuelto al candelero, el revuelo ha sido y es impresionante, todos escriben sobre el caso, incluidos los que hasta ahora lo habían ignorado y olvidado desde el exilio, y los que ganan premios Casa de las Américas residiendo en Miami, los recogen, los cobran y Santas Pascuas…

Me alegra que Mike vuelva a la palestra pública, lo merece como persona y como músico. Aunque debiera recordar que cuando hice aquella antología titulada Censuré à Cuba, que editó la FNAC (Francia y España) con Reporteros sin Fronteras, algunos músicos participantes del exilio me pidieron que Mike no estuviera. El argumento era el mismo del de las maracas y los timbales. Mike era un trovador, y esa música ya no le decía nada a nadie, según ellos. Había que poner mucha timba, que en aquel momento era la moda. Tuvo que venir un español, el que portaba el proyecto desde la dirección de la FNAC, Miguel Barroso, para aprobar mi criterio. De más está decir que no sólo puse a Mike Porcel entre los principales, como él lo merece, además escribí un texto sobre él, en el que recalcaba la importancia musical de su obra en el ámbito de la cultura universal (no sólo de la cubana), así como la de su testimonio como víctima del comunismo que ha sabido siempre alzarse y caminar con su arte como escudo y con la frente muy alta. Lo hizo en España y lo ha hecho en Miami, donde reside.

Por esa razón me ha extrañado mucho que ahora, en este Concierto Anticomunista que sucederá en Miami por primera vez, al que he sido invitada, y cuya invitación es para mí un honor, no se haya pensado en Mike Porcel. Cuando lo propuse, el día 20 de enero, me dijeron que ya había un cupo demasiado grande. Sin embargo, no entiendo cómo reguetoneros (los timbaleros actuales) que hasta ayer estuvieron moviéndole el fambeco (trasero) a los castro-comunistas sean figuras preponderantes en ese concierto. No digo que no deban estar, sólo subrayo que Mike Porcel debiera no sólo estar, sino además ser invitado por la Casa Blanca a cantar allí y ser condecorado con la Medalla de la Libertad. No es normal que yo siga insistiendo en que Mike Porcel, con su extraordinaria obra, esté presente.

Hará unos meses el escritor Luis de la Paz presentó a Mike en Miami, nadie de los que hoy se suman a la lista de los yonosabíaporquesoymujoven estuvo presente. Tampoco en el microconcierto que le organizaron Joaquín Gálvez y también Luis de la Paz. Eso de "yo no sabía por que soy muy joven" me revienta tanto... ¿Tampoco sabes lo que fue la persecución de los judíos y la masacre comunista durante, antes y después de la Segunda Guerra Mundial, o tu nivel de conocimiento es selectivo?

La grandeza de un hombre se mide, como bien saben, no sólo por la gran cantidad de amigos que lo aman (entre los que me encuentro) y seguidores que abejean a su alrededor, sino por la tasa de mediocridad y cretinismo de los que lo han perseguido, y de los que lo han ignorado.

Mike Porcel ha tenido lo principal: el amor de su familia. El respeto y el amor de muchos que jamás lo olvidamos por su entereza, que lo admiramos por ser el inmenso artista que será hasta que esos ojos, que nos contemplan vibrantes y tan sinceros desde el final del documental, se cierren y entonces pasen a ser parte de mayores y mejores ecos.