¿Por qué todo el mundo está viendo 'Esta mierda me supera', la nueva serie revelación de Netflix?

Juan Manuel González

Protagonizada por Sophia Lillis, Esta mierda me supera se ha convertido en pocos días en una de sus series más comentadas.

Juanma González | 2020-03-07

Que el cine y la literatura fantástica y sobrenatural representan aspectos de la experiencia humana que de otra manera serían muy difíciles de presentar o narrar es algo que a estas alturas no se le escapa a nadie. Con más o menos fortuna o misterio, los diversos géneros que han abordado lo incomprensible, lo insólito, no han escatimado esfuerzos en presentar al público una determinada antropología, un claro sentido de la realidad… aunque sea para huir de ella.

Esta mierda me supera, una de las últimas series de Netflix en lograr cierta popularidad entre tanto bombardeo televisivo, es un ejemplo perfecto de cómo el componente fantástico, en este caso los poderes que la joven Sydney Novak (Sophia Lillis) no puede controlar, son eso mismo, una metáfora de, en este caso, el despertar sexual de la chica y, en particular, lo que ella considera su gran e inconfesable vergüenza: a Syd, traumatizada por el reciente suicidio de su padre, le gustan las chicas y no los chicos.

La popularidad lograda en unos pocos días por Esta mierda me supera, basada en el cómic de Charles Forsman publicada en España por Sapristi, resulta comprensible por varios factores. Uno, su parecido con Stranger Things, serie de fantasía juvenil con un alto contenido nostálgico que se ha convertido en el gran emblema de la plataforma Netflix, la misma que ha producido la aquí presente (y con la que comparte uno de los productores, el que fuera director de las tres Noches en el Museo, Shawn Levy). Lo segundo, contar con dos de las estrellas de las dos entregas de terror más taquilleras de los últimos años, los dos capítulos de It, Sophia Lillis y Wyatt Oleff, que se hicieron cargo de los jóvenes Beverly Marsh y Stanley Uris de la célebre adaptación del escritor Stephen King.

De las muchas capacidades actorales de Lillis se habló ya mucho en su momento, cuando "rompió" en la primera entrega de la citada It. Y aquí vuelve a estar estupenda, revelando incluso un registro cómico nuevo. Pero la verdadera revelación de Esta mierda me supera podría ser perfectamente Oleff, que inyecta una vulnerabilidad y vida a su personaje -al fin y al cabo, un compañero de fatigas y alivio cómico- que raya el mismo nivel de calidad que el de su compañera. Gracias a ellos, el tufo a drama "indie" de los primeros compases de Esta mierda me supera se superan, y perdón por el chiste, con total y absoluta comodidad.

La serie cobra vida al margen de esa molesta languidez (compartida por muchas otras producciones televisivas contemporáneas) gracias a la habilidad cómica de sus intérpretes, de los homenajes inevitables al nunca bien ponderado John Hughes (atención al homenaje evidente a El Club de los Cinco) y un componente fantástico perfectamente asimilable a las ansiedades adolescentes. El escenario de la acción, un pueblo cualquiera, aparece retratado en toda su pobreza, aburrimiento y miseria, sin nostalgia por las típicas "small-towns" estadounidenses sobre la que se construye toda la mitología de Stranger Things.

La serie, por tanto, no pierde valor como relato fantástico debido a esta maniobra, y de hecho se permite alejarse de otro ejemplo trascendente de este género, los célebres X-Men de Marvel. Lejos del sentido apocalíptico de los poderes de Carrie, otro personaje -como la joven Bev- salido de la mente de Stephen King, los arrebatos telequinésicos de Syd sirven para representar la ira y confusión contenidas de una joven superada por las circunstancias, desde su homosexualidad latente hasta la tragedia de su padre. Triunfa con secuencias entre perturbadoras y cómicas, y finalmente conmovedoras gracias a la labor de sus dos formidables actores.

Y una última circunstancia que es también una virtud: Esta mierda me supera se prolonga durante apenas siete episodios de poco más de veinte minutos de duración, lo que en tiempos de saturación de series (algunas innecesariamente alargadas) se agradece, pudiendo disfrutarla casi como un largometraje.