La banda del bulo: Ferreras, Fortes y Mejide

Pablo Planas

Si son el Gobierno, Unidas Pandemias, Grande-Marlaska o los voceros del régimen quienes dicen que algo es un bulo, casi seguro que no lo es.

Pablo Planas | 2020-04-16

Supongamos que, como dice el comandante Sánchez, la crisis sanitaria por el coronavirus es una guerra, y supongamos además que la primera víctima de la guerra es la verdad. Supongamos también que de ahí viene la obsesión por controlar la supuesta difusión de presuntos bulos. ¿Pero qué bulos? ¿Que España es el país con más muertos por millón de habitantes? ¿Que España lidera también la clasificación de contagiados por millón de habitantes? ¿Que España es donde se contagian más médicos, enfermeras y auxiliares? ¿Que la economía española se hundirá un 8%, el paro subirá hasta el 21% y la salida de la crisis no será ni en V ni en U sino en L, según el FMI?

Eso no son bulos, sino datos, datos oficiales, estimaciones incluso a la baja de lo que ha ocurrido, sucede y pasará en España. Sin embargo, deben ser considerados bulos por esos machirulos de la desinformación que son Antonio García Ferreras, el Gran Wyoming, Jordi Évole, Ana Pastor, Xabier Fortes y Evaristo Mejide, entre otros, puesto que no les prestan la más mínima atención. Están enfrascados en asuntos de mayor calado. Por ejemplo, entrevistando a pretendidos expertos de Podemos sin decir que son de Podemos o con el temazo de que el expresidente Rajoy estira las piernas alrededor de su domicilio.

Semejante atropello del estado de alarma no sólo es la gran exclusiva de La Sexta y trending topic al lado de las 1.714.000 mascarillas del portero de discoteca que ejerce de consejero de Interior en Cataluña. Ha motivado una severa intervención por parte del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien está dispuesto a llegar hasta el final en la investigación sobre los paseos de Rajoy, cuya incívica actitud es doblemente peligrosa, pues también priva de un tiempo precioso al ministro para "monitorizar" las redes en su cruzada contra los bulos. Ah, ese taimado Mariano.

El caso es que García Ferreras descubrió a Rajoy saltándose el confinamiento el mismo día en que trascendió, pero poco, que un trabajador de la Moncloa había fallecido a causa del coronavirus, enfermedad que ha afectado, que se sepa, a la pareja del presidente del Gobierno, a la del vicepresidente segundo y a la vicepresidenta primera, todas ellas asistentes a la manifestación feminista del 8-M. Y ni el presidente del Gobierno ni el vicepresidente segundo adoptaron las más elementales normas de protección en las reuniones ordinarias y extraordinarias del Consejo de Ministros. Por no hablar de la cuarentena a la que se tendrían que haber sometido por su convivencia con personas infectadas.

De todo esto, Fernando Grande-Marlaska no dijo nada, ni pío. Tampoco dijeron nada los antecitados fenómenos del periodismo pelotudo. Está bien. Esperemos que el ministro del Interior llegue hasta el final igual que llegó hasta el final (o no) con el asunto de la organización Tsunami Democràtic que incendió Cataluña durante el pasado otoño. ¿Se acuerdan? Guardiola hacía de portavoz y asaltaron el aeropuerto de El Prat. Un ciudadano francés murió de un infarto, pero no se le consideró el primer muerto del procés porque no era independentista. Después estuvieron a punto de matar a un agente de la Policía Nacional, que pasó varias semanas en coma. Precisamente Grande-Marlaska prometió que que se acabaría sabiendo quién se ocultaba tras el dicho Tsunami. Pero nada, no hizo nada de nada. Quién sabe, a lo mejor fue porque necesitaban el voto de los separatistas para atornillar en el poder a Iglesias y Sánchez. ¿O eso también es un bulo?

De todas formas, hay una manera casi infalible de separar el grano de la paja en materia de embustes. Si son el Gobierno, Unidas Pandemias, Grande-Marlaska o los voceros del régimen quienes dicen que algo es un bulo, casi seguro que no lo es. En cambio, las informaciones oficiales siempre son sospechosas. Además de las cifras de contagios y fallecimientos, no hay más que ver la última encuesta del CIS, que apesta a montaje por todos los lados.