La nueva subnormalidad de Sánchez e Iglesias

Nuria Richart

Hay que salir porque el encierro nos hace vulnerables y sumamente apetitosos para el comunismo. Salgamos como sociedad de esto, no como piezas de su plan. Inmunidad sin rebaño contra los trovadores de Moncloa.

Nuria Richart | 2020-05-18

Los que han tenido la suerte de visitar a su padre en la cárcel, verle a través del cristal e intercambiar monosílabos por el teléfono de pared están preparados para la nueva normalidad. Por poco yo no la tengo, mi padre murió a tiempo y nos perdonó al menos esta experiencia. Es broma por exageración, así que espero que en el más allá se conserve el sentido del humor y no se me presente esta noche a tirarme de las orejas. Mi padre.

En Madrid las mamparas de hace una semana hoy son el paraíso. La condena de Sánchez a la capital nos limita a los cuatro muros que llevas viendo dos meses, celdas de confinamiento costeadas por el inquilino. Hemos sido castigados por ser pijos y jugar al golf, son prejuicios emitidos sin garantías ni abogado defensor. Los relatos son así, el de Rufián o el del socialista que nunca llegó, Rafa Simancas, que abre la manga del desprecio para abarcar desde el barrio de cuyo nombre no quiere acordarse Pablo Iglesias al de Salamanca, todos madrileños y culpables de ensuciar con virus la corona de su jefe. El PSOE da por perdida electoralmente Madrid pero no el uso de Madrid. Que por cierto, no debemos de ser los madrileños españoles porque Sánchez central nos ha hecho creer que no va con él ayudarnos a cumplir con los desfasados requisitos. Las alarmas sanitaria y económica de Madrid están muteadas en Moncloa.

Así estaremos, ya el presente está amortizado, sin saber quiénes gobiernan nuestra condena, porque estos funcionarios que toman partido tienen miedo de que hordas de derechas imiten a la extrema izquierda y anticonstitucionalista y les dé por rodear el Congreso, colapsar la vía Layetana o asaltar sus domicilios e impedir el sueño de niños con pesadillas reales. Los amigos de Simón fantasean con escapar por el tejado como aquella secretaria judicial. Pero los votantes de la derecha de finales del siglo XX y del XXI no son así. La izquierda tarda más en pasar de fase, sigue en la 1917. La amenaza llena telediarios: un centenar de descapuchados armados con banderas de España, y uno con un palo de golf forrado de tela (para no estropear el mobiliario urbano) golpea una señal de ceda el paso (mensaje sobrevenido para el señor Sánchez). Relato en prime time. Gente que tienta a la inmunidad de rebaño contra el relato del rebaño.

¿Rezar o maldecir, esa es la cuestión? ¿Si el Presidente ordenó tarde el encierro por qué fiamos de él para el desconfinamiento? ¿Ante tanta incompetencia manifiesta no es hora de que nos posea como a Regan, a mi hay días que cuando a mediodía le doy al don Simón me da vueltas la cabeza, nuestra propia responsabilidad? ¿Y si la insumisión cívica fuera lo más civilizado que podemos hacer ahora mismo por todos nuestros compañeros y por mi primero?

Claro, porque ¿qué seguridad te da tener un Gobierno como el de Sánchez que tan pronto te manda a las rebajas que te las quita, tan pronto te pone mascarilla como te recomienda la más-baratilla y tan pronto ha abandonado a las Comunidades con sus niños de 0 a 6 años? Es tan osado, pregunto, que cada cual asuma si se arriesga, elija cómo protege su negocio o que el cliente premie al comercio más seguro con su visita. Pegunto. Que el mercado y la responsabilidad funcionen.

Para el político sin más dios que su relato, parapetado en una ciencia de fe sin principios de falibilidad tú o yo somos nuestra capacidad de engaño y de rebaño. Un ejemplo genial de relato ministerial. Habla en el Congreso José Luis Ábalos para contrarrestar la incapacidad del Gobierno de realizar los test masivos a la población. Quien no salga convencido después de esto no tiene remedio. Con ese punto de lógica aplastante de pueblo decía el Ministro de Transportes:

"Se ha hablado también mucho de test, reiteradamente. Bueno sobre esto, también podemos reducir todo el problema a test (subtexto: sois unos frívolos). No voy a entrar ahora en una polémica, además de alguien que no conoce el tema (subtexto: ni falta que me hace). Yo puedo hacer un test hoy, con la fiabilidad X y mañana ser contagiado (hasta ahí llegamos). Quiero decir, que tampoco me asegura eso (punto de desprecio a esos inventos del demonio, la tecnología) ninguna inmunidad (emoticono de ojos como platos). O que me vuelva a ocurrir, ¿eh?… (paso del logos al mito). También depende de la necesidad personal, (¿no serás un chalao hipocondríaco?). Si uno se quiere revisar todos los días con un test... (gesto de hay gente pa to) pues lo puede hacer (Irene Montero, sí).

Con el test no te salvan, te salvan cuando entras al hospital (los de dentro ya es otro tema, más de 50.000 sanitarios infectados y 70 muertos). Porque incluso los que dicen que lo han pasado, todos conocemos gente (fíate tú), pues si lo han pasao, lo han pasao pero sin darse cuenta (bienaventurados los ignorantes que servirán para que Iglesias asalte los cielos). Que tampoco les hubiera resuelto nada (quizá ministro, hechos a tiempo en las residencias sí, pero no soy una experta, aunque sí de pueblo y por eso me aventuro a opinar)." Pausa de Ábalos. "La atención hospitalaria es lo que me apetece, si caigo" (a Carmen Calvo la Ruber le apetece más).

Después de escuchar el relato de uno de los cabezas del Estado de Alarma los test carecen de sentido en nuestras vidas. Los "test, test, test", que diría el de la OMS, son solo votos, votos, votos. Al político nunca le importarán ni los hechos ni los datos sino la memoria histórica de todos nosotros. Por eso el dúo gobernante a las colas del hambre les dispensa un 0,5 para toda la semana.

Con el desconfinamiento lo mismo. Relato: la gente es lo peor y si son del barrio de Salamanca ni te cuento. Por eso, por nuestra culpa y no porque el Gobierno quiera viviremos en Estado de Alarma autoritario mientras llega la Ideal República Popular Española. Entonces el Síndrome de Peter Pan ciudadano compra el relato del miedo. ¿Te vas a fiar más de ti que de los cantos de Sánchez e Iglesias? El mundo ideal no existe, amigo, ni volverá. Como decía mi padre, lo que no hagas tú por ti misma… Hay que salir porque el encierro nos hace vulnerables y sumamente apetitosos para el comunismo. Salgamos como sociedad de esto, no como piezas de su plan. Que no nos digan que nuestra inmunidad contra Sánchez es de rebaño.