Vascos y gallegos, a las urnas

Cayetano González

Sánchez preferirá que el PSE siga siendo la muletilla del PNV en Vitoria. En Galicia, todo parece indicar que Feijoó revalidará su mayoría absoluta.

Cayetano González | 2020-05-19

El lehendakari Íñigo Urkullu y el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, haciendo uso de la competencia recogida en sus respectivos estatutos de autonomía han convocado elecciones para el próximo 12 de julio. Este será el segundo intento de celebrarlas, ya que la primera convocatoria, el pasado 5 de abril, tuvo que ser suspendida debido a la pandemia y al consiguiente estado de alarma decretado por el Gobierno de la Nación.

Dentro de cincuenta y cinco días, después de haber estado confinados, encerrados en casa, con la libertad de movimientos muy restringida, los ciudadanos vascos y gallegos podrán ejercer su derecho al voto, tan esencial en una democracia y tan preciado en las actuales circunstancias. En el horizonte próximo también están las elecciones catalanas –que se convocarán cuando Torra y Puigdemont piensen que más les puede beneficiar, y perjudicar a ERC–, y no hay que descartar una convocatoria de elecciones generales a la vuelta del verano, así como de autonómicas en Madrid.

Las elecciones vascas y gallegas tienen una gran trascendencia. En el caso del País Vasco, todas las encuestas publicadas hasta la fecha otorgan una cómoda victoria al PNV, que rondaría los 30 escaños (en la actualidad tiene 28), a 8 de la mayoría absoluta. Bildu seguiría siendo la segunda fuerza política en el Parlamento autonómico, pero a distancia del PNV; Podemos retrocedería desde sus actuales 11 escaños y se disputaría la tercera plaza con el PSE, que podría experimentar un ligero ascenso con respecto a los 9 parlamentarios que tiene en la actualidad. En cuanto al PP, con el cambio de candidato –Carlos Iturgaiz por Alfonso Alonso–, su aspiración es parar la sangría que le deparaban las encuestas hace unos meses y mantener o rondar los 9 escaños que obtuvo hace cuatro años. El PP se presenta en coalición con Ciudadanos, cuya fuerza electoral en el País Vasco es residual, pero la candidatura de Iturgaiz puede atraer el voto de Vox, al que ninguna encuesta da representación parlamentaria.

Aunque el líder de EH-Bildu, Arnaldo Otegi, lanzara el pasado mes de febrero un aviso a navegantes diciendo que "el eje vasco de izquierdas con el PSE y Podemos llegará antes de los que muchos creen", no parece probable que ese tripartito de izquierdas se plasme en Vitoria después del 12 de julio; no porque la suma de escaños no dé, que seguramente daría, sino porque desplazar de esa manera al PNV de Ajuria-Enea tendría un coste demasiado alto para Pedro Sánchez. Los 6 escaños del partido de Ortuzar en el Congreso de los Diputados son en las circunstancias actuales demasiado valiosos como para llevar a cabo una operación tan alambicada como la que apuntaba hace dos meses Otegi. Sánchez preferirá que el PSE siga siendo la muletilla del PNV en Vitoria.

En Galicia, todo apunta –las encuestas que maneja el PP así lo señalan– a que Núñez Feijóo conseguirá su cuarta mayoría absoluta y podrá continuar otra legislatura más al frente de la Xunta. Esa previsión se ha visto reforzada durante estos dos meses de crisis provocada por la pandemia. Feijóo la ha gestionado muy bien, proyectando la imagen de un gobernante serio y responsable, leal, desde el punto de vista institucional, con el Gobierno de España, pero defendiendo al mismo tiempo los intereses de su tierra. Y eso, en los tiempos que corren, los ciudadanos lo perciben perfectamente, y además lo premian en las urnas.

La previsible victoria de Feijóo le consolidará además, si es que no lo estaba ya, como el barón más importante del PP. Y como el futuro no está escrito y la política da muchas vueltas, se convertirá de facto en un aspirante de mucho peso para dirigir la nave de su partido, si es que se diera el caso de que el liderazgo de Pablo Casado se tambaleara. Aunque en ese supuesto habría que ver si Feijóo estaría dispuesto a coger ese tren o lo dejaría pasar, como ya hizo cuando la sucesión de Rajoy.