La ciudad doliente

Emilio Campmany

Por muy zafios y cafres que sean los dirigentes de la Esquerra, saben que con este Gobierno es con el que más lejos pueden llegar.

Emilio Campmany | 2020-05-20

A estas alturas, a la mayoría de los analistas les parecerá muy natural lo que ha pasado. Y, sin embargo, es muy sorprendente. Cualquiera que hubiera podido apostar el martes por la mañana lo habría hecho por que el Gobierno pactaría con la Esquerra la prórroga de un mes que Sánchez deseaba. Pero el acuerdo no llegó y, a Consejo de Ministros pasado, el presidente acudió a Ciudadanos cediendo en la única exigencia que el partido naranja había expresado, que la ampliación fuera sólo de quince días en vez de treinta. Arrimadas se vio en una situación incómoda. La petición de un plazo duplicado le permitía irse al bando del ‘no’ e intentar acallar las críticas a su excesiva complacencia con el PSOE y Podemos. Sin embargo, habiendo limitado su crítica a lo del plazo, la vuelta del PSOE a los quince días habituales no le dejó otra salida que la de votar con el Gobierno, so pena de ser acusada de ser más veleta que Rivera.

Esta maniobra puede ser presentada como una prueba de la debilidad del Gobierno, poniendo el acento en la supuestamente demostrada fragilidad de la mayoría que hizo presidente a Sánchez. El argumento es flojo. El presidente, a pesar de haberse comportado durante la pandemia como un dictadorzuelo ciego de soberbia y vanidad, ha aparentado capacidad de negociación. También ha demostrado presuntamente que no es verdad que su debilidad le obligue a ceder a las exorbitantes demandas de ERC, como se auguró. No sólo, sino que lo sucedido le permite colocar al PP a la altura de Vox, abundando en la idea de que ambos son extrema derecha, aunque no lo sean ninguno. Encima, podrá permitir que sus medios proyecten de él la imagen de un líder moderado y centrista, no obstante estar sostenido por comunistas y separatistas.

Se podrá alegar que las inesperadas rentas que a Sánchez le están generando estos dos últimos plenos de prórroga se deben más a las torpezas de Ciudadanos que a las habilidades del Gobierno. Es probable, pero no deja de tener su mérito si se considera su atolondrada gestión, su responsabilidad en las muertes de muchos españoles, los vehementes indicios de corrupción en muchas de las compras de material sanitario, el galimatías de la desescalada y las idas y venidas normativas. Sánchez se ganó a pulso perder la votación de este miércoles. Y, sin embargo, no sólo logró la aprobación de esta enésima prórroga a su despótica y arbitraria forma de gobernar, sino que además puede presentar su maniobra de charlatán fulero como un éxito personal fruto de su capacidad de diálogo.

Quienes crean que los independentistas enfurecerán y se cargarán la legislatura pueden ir preparando su ascenso al cielo de los inocentes. Por muy zafios y cafres que sean los dirigentes de la Esquerra, saben que con este Gobierno es con el que más lejos pueden llegar, sobre todo mientras mantenga Sánchez a Iglesias como vicepresidente. Tristemente, esta legislatura infernal será larga: Per me si va nella città dolente, (…) lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.