Marlaska y la Guardia Civil, dos años de tensiones, encontronazos y polémicos ceses

Javier Arias Borque

Los ceses de Pérez de los Cobos y Corbí, la cuestión catalana o la pérdida de competencias en Navarra no han ayudado a cimentar una buena relación.

J. Arias Borque | 2020-05-26

La llegada de Fernando Grande-Marlaska al Ministerio del Interior fue bien recibida en el seno de la Guardia Civil. Habían estado trabajando durante años a sus órdenes como policía judicial y no habían tenido nunca problemas de relevancia. Todo había ido fluido. Y Marlaska siempre había hablado en público y en privado de forma excelente sobre los efectivos del cuerpo, sobre su disciplina y sobre su eficacia. Tanto siendo juez como nada más tomar posesión del cargo.

Nada podía presagiar que dos años después, la relación con la Guardia Civil del juez que se transformó en político se iba a poder resumir en dos años de tensiones y encontronazos, salpicados con polémicas destituciones. Su decisión de fulminar este lunes al jefe de la Benemérita en Madrid, el coronel Diego Pérez de los Cobos, un hombre apreciado y respetado en el seno del cuerpo, y con una brillante trayectoria profesional, solo ha sido una más.

Y es que el actual ministro del Interior llegó pisando fuerte al Palacete de Castellana 5 en el que se encuentra el trono de la seguridad del Estado. El primer gran fallo de su departamento fue no renovar la partida de fondos reservados que facilitaban al Instituto Armado para las investigaciones de los grandes casos de corrupción. La UCO (Unidad Central Operativa) tuvo que frenar sus pesquisas por falta de fondos.

A Marlaska no le molestó el frenazo que esto supuso para la lucha contra la corrupción, el crimen organizado o el narcotráfico, sino que se filtrara a los medios de comunicación un orden interna en la que informaba a los agentes que quedaba "temporalmente suspendida cualquier actividad" dentro de la unidad al carecer de los fondos económicos necesarios para llevarlas a cabo.

En ese momento consumó su primera víctima, con dos meses en el Ministerio. Cesó de manera fulminante al jefe de la UCO, el coronel Manuel Sánchez Corbí, que había estado dedicado durante décadas a la lucha contra ETA. La decisión sentó fatal en el seno de la institución. Los altos mandos mostraron en privado su rechazo a la misma, las asociaciones profesionales en público, y los subordinados de Corbí le hicieron un emotivo vídeo de despedida.

Las tensiones y desencuentros también han llegado por las actuaciones del Instituto Armado en Cataluña. Al ministro Marlaska no le sentó nada bien que la Guardia Civil no le avisara de que iba a hacer una operación contra un grupo de CDR que planeaba cometer atentados. Y todo pese a que él mismo es juez y sabe que cuando los agentes hacen de policía judicial no pueden avisar a las altas esferas gubernamentales de estas operaciones.

Desde el Ministerio, muy enfadados, decidieron filtraron a los medios de comunicación que los arrestados habían estado en contacto con la hermana de Carlos Puigdemont, lo que a su vez disgustó a los guardias civiles que habían llevado a cabo el operativo porque dificultaba que pudieran seguir recabando pruebas para que esa relación pudiese quedar perfectamente acreditada para llevarla antes el juez.

Las tensiones continuaron con motivo de la celebración de la festividad de la patrona de la Guardia Civil en octubre de 2019. El general jefe de Cataluña, Pedro Garrido, aseguró, en relación al Instituto Armado, que "nos mantenemos firmes en nuestro compromiso con España de trabajar por la libertad y seguridad de todos los ciudadanos. Lo demostramos hace dos años, en el 1-O, y lo hemos hecho de nuevo recientemente –la detención de los CDR–".

Estas palabras no sentaron nada bien en el seno del independentismo catalán, que había apoyado la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, y lanzaron todo tipo de improperios contra el general ilerdense de la Benemérita. Marlaska no dijo ni una palabra en público de apoyo o aliento el hombre fuerte de la Guardia Civil en Cataluña, lo que no sentó nada bien en la institución.

Y de Cataluña a Navarra, porque el acuerdo político entre PSOE y Geroa Bai (la franquicia local del PNV) para ceder las competencias de tráfico a la región, arrebatándoselas a la Guardia Civil, y dándoselas a la Policía Foral, tampoco gustó en el seno del Instituto Armado. Mucho menos cuando Marlaska llegó a ir a Pamplona a decir que no se transferirían esa competencia y poco cambió de versión para decir que se podían perder más competencias en Navarra.

A nivel laboral, las diferencias entre los agentes del Instituto Armado y Marlaska también han sido importantes. Principalmente, porque consideran que el Ministerio del Interior no jugó limpio con la auditoria que se encargó para ver la diferencias de salarios entre las Fuerzas de Seguridad del Estado y los cuerpos autonómicos y porque creen que el reparto la subida salarial pactada para 2019 benefició a la Policía Nacional en detrimento de la Guardia Civil.