El secreto que nunca desvelará la baronesa Thyssen, ocupada ahora en su nuevo proyecto

Manuel Román

Tita Cervera, la Baronesa Thyssen, oculta la identidad del padre de sus hijas, así como algunos otros rifirrafes con su hijo y su nuera.

Manuel Román | 2020-05-29

María del Carmen Rosario Soledad Cervera y Fernández de la Guerra, más conocida como la baronesa Thyssen cumplió setenta y siete años el pasado 23 de abril durante su confinamiento en Andorra en compañía de sus dos hijas gemelas, María del Carmen y Guadalupe Sabina. Preciosidades rubias, nacidas por fecundación "in vitro" en 2007 mediante un vientre de alquiler. Se dijo entonces que se parecían físicamente a su hermano Borja, lo que facilitó la especie de que éste hubiera donado esperma para tal fin: eso podría convertirlo no sólo en hermano, sino en progenitor. El tema es muy serio y no vamos a bromear al respecto. Por otra parte, la baronesa no quiso especificar a qué banco de semen o a qué clínica se dirigió para cumplir con su afán de ser nuevamente madre. Ya había enviudado. Borja llevaba el apellido del barón, que lo adoptó a poco de casarse con Carmen. La identidad del padre biológico de Borja se supo públicamente en 2009 cuando así lo decidió la madre, anunciando que había sido fruto de su relación con el publicista santanderino Manuel Segura, que no acabó en boda.

Todo ese novelesco pasado de Carmen Cervera bien lo ha de conocer Borja, que el próximo 24 de julio cumplirá cuarenta años. Cuando se hallaba en estado de gestación, su buena amiga Paula Pattier, actriz de cine erótico, la fotografió en una piscina; imágenes que publicó Interviú, sin permiso de la futura mamá. Por aquellos tiempos, Carmen estaba "sin blanca" (no nos referimos a su futura nuera), pero no se benefició económicamente de aquella venta, rompiendo su amistad con su codiciosa colega.

La vida le cambió de la noche a la mañana a Carmen Cervera, ya convertida en baronesa. Sus dos gemelas han seguido desde el casoplón andorrano sus clases mediante Internet, impartidas desde el colegio en el que están inscritas en ese Principado. Tienen edad suficiente para conocer los detalles de su llegada a este mundo. De lo que no tenemos dudas es del deseo de su madre para preservar ese secreto en lo referente al donante de la fecundación "in vitro" a la que se sometió. Lo comprendemos. Nada ni nadie ha de obligarla a confesarlo, por supuesto, faltaría más. Lo importante es que las quiere con locura, vigila estrictamente su educación y las prepara como futuras herederas de su imperio económico estimado en una fortuna cercana a los mil millones de euros. Figura entre las diez mujeres más ricas de España.

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Con su hijo en Ibiza | Archivo

Carmen es mujer muy activa y en su confinamiento en Andorra ha seguido puntualmente por vía telemática con la sede del Museo Thyssen de Madrid todas las vicisitudes que en el momento en que redactamos estas líneas, aún no ha autorizado el Gobierno la apertura del mismo ni de ningún otro museo. Sucede esta pandemia con la gestión de la Baronesa para inaugurar cuando proceda el Museo Thyssen de Sant Feliú de Guíxols, que había visitado el pasado 13 de marzo, a punto entonces de abrir sus puertas, lo que no ha podido ser hasta la fecha. Una ampliación de sus propiedades pictóricas, que en adelante piensa asimismo llevarlas a Dubai. Espera también llegado septiembre llegar un acuerdo con el Gobierno para renovar el acuerdo de su colección

Bien quiso siempre que su hijo Borja la ayudara a dirigir todo ese conglomerado mundo del coleccionismo, la explotación de las valiosísimas obras que posee colgadas de sus museos. Pero el ya casi cuarentón personaje, que ni siquiera tiene un título académico por su negativa a estudiar carrera alguna, y se limitó a obtener algún máster, no está muy interesado en ocupar cargos que le obliguen a responsabilizarse al cien por cien de los negocios de su madre. Sus hermanas, creemos, sí que van preparándose poco a poco para ir obteniendo los conocimientos necesarios de Bellas Artes y un poco más adelante en gestión empresarial. No es fácil dominar el mercado financiero que se mueve en torno a los grandes museos y las subastas de Sotheby´s y otras firmas de prestigio.

Borja Thyssen Cervera también tiene un chalé cercano a la mansión materna de Andorra. Allí también le sorprendió la pandemia. Además, fue víctima del coronavirus. Se sabe que no se dio cuenta que lo padecía, no tenía los síntomas de la enfermedad, que sí la detectaron cuando se sometió a un "test" hospitalario. Hizo lo posible porque no se enterara su madre, con la que mantiene una relación fluctuante, unas veces apacible y otras, como en los últimos meses, algo distante, como en antiguos tiempos. No parece intime mucho con sus hermanas. Le basta ocuparse de los cuatro hijos que tiene con su esposa, Blanca María Cuesta, enlace al que no compareció la baronesa, como se ha contado muchas veces, enfrentada a la pareja. Nunca se supo exactamente por qué no veía con buenos ojos a su nuera. ¿Tal vez pretendía que su heredero contrajera matrimonio con alguien de la nobleza o de una familia millonaria, con pedrigrí contrastado?

Hija de un médico catalán, Blanca soportó mucho tiempo el desdén de su suegra. Afortunadamente las aguas se remansaron en este clan. Y cuando Hacienda reclamó dos millones de euros a Borja por varios delitos fiscales, su madre le tendió la mano, aunque él rechazó ese préstamo. Tras un fallo absolutorio de la Audiencia, la Fiscalía recurrió. Y en tanto no haya una sentencia definitiva aún esa pareja pende de la posibilidad de pagar una cuantiosa multa y devolución de lo no declarado, y quizás asimismo la pena de cárcel, de la que parece podrían librarse. Son varios los contenciosos que afrontan. La clave principal es que Borja, tiene su domicilio fiscal en Andorra y ha de justificar, como mínimo, que reside allí ciento ochenta y cuatro días anuales. Se da la circunstancia por ello que por necesidades familiares, sobre todo por los colegios de su prole, su esposa, Blanca, permanece entre tanto, alejada de él, con los cuatro hijos en el chalé de La Finca, urbanización de las afueras de Madrid, en Pozuelo de Alarcón.

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La baronesa Thyssen | Archivo

Esas cuitas con el Fisco también las ha sobrellevado la propia Baronesa. La que, si hacemos caso a las alusiones del Vicepresidente segundo del Gobierno, el señor de la coleta, podría estar preocupada, ante la amenaza de que "los ricos paguen lo que les corresponde". Desde luego que esa medida, de aprobarse, podría afectar mucho a sus cuentas corrientes, inversiones y patrimonio. Aunque Carmen Cervera tiene una carta que jugar, como ya dijo en su día: "Soy ciudadana suiza y tengo pasaporte suizo". Eso la libraría, no del todo, pero sí bastante de sus obligaciones tributarias. Amén de que los multimillonarios como es su caso tienen unas ventajas al depositar sus fortunas en las archisabidas SICAV, cuentas a las que se acogen quienes superan determinadas cantidades estratosféricas. Y por ahí se libran, al no cotizar como el resto de los mortales a los mismos porcentajes patrimoniales. Eso, sin contar la existencia de los consabidos paraísos fiscales.

Hace tiempo hizo saber que preparaba sus memorias. Ha vuelto ahora a esa cuestión, afirmando que ya lleva escritas unas cuantas páginas. Quizás, cuando lo acuerde con la editorial que vaya a publicarlas, precise de un "negro", algún especialista, periodista o escritor, que la ayude "a poner en limpio" sus recuerdos. Pero, además de referirse a su último marido, del que se han cumplido dieciocho años de su muerte, y a sus experiencias gestionando sus museos, nos preguntamos si dedicará uno o más capítulos a su pasado sentimental, que daría si se decide a detallarlo, a un grueso volumen. Comenzando por su primer enlace con el "Tarzán" Lex Barker: poco antes de morir éste en una calle neoyorquina víctima de un infarto, las relaciones de la pareja estaban deterioradas; tanto como para difundirse que al borde del divorcio. Lex le dejó a Tita una golosa herencia. Están también las experiencias de quien aún no era Baronesa y mantenía en Hollywood antiguas amistades masculinas que había conocido en su época de esposa de Barker. Una, íntima, con un magnate del Séptimo Arte, apellidado Kerkorian, por ejemplo. Y algunos otros nombres rutilantes de galanes.

Luego apareció en su vida como es harto sabido el aventurero venezolano Espartado Santoni, un seductor innato que se aprovechó de las cuentas corrientes de Tita para embarcarse en nefastos negocios peliculeros. Además, sabido es que la engañó, al casarse con ella, ocultando que seguía siendo marido de una actriz mexicana. Por eso su unión con Carmen Cervera se invalidó. Por su amor hacia Santoni, Tita se arruinó, quedándose en la calle, sin nada. Fue después cuando cambió su existencia al conocer al barón Thyssen. El resto, ya es historia más que sabida. La verdad es que, con sus virtudes y defectos como cada quisque, Carmen Cervera, aquella hija de un simple mecánico dueño de un taller de reparaciones en Barcelona, es una mujer fascinante que conquista con su sonrisa y extraordinaria simpatía a todo aquel que se le acerca y cruza unas frases con ella. Lista como el hambre, intuitiva, muy trabajadora. Bien se ha labrado cuanto posee, digan lo que digan.