Real Madrid y Barcelona, buena y mala imagen

Juan Manuel Rodríguez

2020-06-02

Hoy hace 42 años que me sentí un pelín huérfano porque creí que el Real Madrid tal y como yo lo había conocido hasta ese momento iba a desaparecer, sufriría un cataclismo, y eso fue así porque hoy hace 42 años que murió Santiago Bernabéu, jugador, entrenador, directivo y más tarde presidente del club deportivo más importante de la historia. Con 14 años servidor aún no sabía que la vida siempre sigue, que el mundo continúa girando y que el espectáculo debe continuar y que nada se para por nadie, ni siquiera por una personalidad tan arrolladora como la del fundador del Real Madrid tal y como lo conocemos hoy. Murió Bernabéu, que no estaba previsto para un crío como era yo por aquel entonces, y el estadio siguió ahí y, aunque es cierto que el Real Madrid cambió, y a veces a peor, es cierto que siempre conservó la esencia. Se nos antojaba imposible que el Real Madrid lograra ganar algún día otras seis Copas de Europa y, 42 años después del fallecimiento de don Santiago, el club no ha ganado seis más, no, sino siete.

No ha cambiado el Real Madrid y, en líneas generales, tampoco lo hemos hecho demasiado nosotros. Bernabéu no fue sólo un dirigente deportivo excepcional, probablemente uno de los dos o tres mejores de toda la historia del deporte profesional, sino que fue un visionario y un referente social, alguien a quien se tenía en cuenta, alguien a quien se prestaba atención. Y nos conocía muy bien, tanto como para asegurar que al ser España un país de envidiosos, todos los males del Real Madrid venían por haber sido tantas veces campeón. Murió Bernabéu, le sucedió un caballero como De Carlos y, tras dejar don Luis el cargo, hubo de todo, bueno, regular, malo, malísimo y catastrófico, pero incluso ante la catástrofe supo sobreponerse el club. El presidente más parecido que hay a Bernabéu es probablemente el actual, Florentino Pérez, y a él le está sucediendo también más o menos lo mismo que a don Santiago, que hay un sector de madridistas que le considera indigno para el puesto.

Lo que, ya sea con Bernabéu, De Carlos, Mendoza, Sanz, incluso Calderón o ahora Florentino no ha cambiado ha sido la envidia hacia el club, que al ser referente mundial y, por lo tanto y mal que pese a algunos, nacional, se ha convertido probablemente junto a Amancio Ortega en la diana preferida para las diatribas más o menos ajustadas a la realidad por parte de algunos. La última, y cabe decir que surrealista, crítica hacia el Real Madrid ha llegado a través del diario Sport, convertido desde hace tiempo, y por mor del marketing, en algo así como la hoja parroquial culé. El artículo de opinión dice lo siguiente: "El Madrid, de espaldas a su gente", y en él, y al objeto de justificar lo kafkiano del titular, se esgrime que al haberse decidido por jugar lo que resta de Liga en el campo Alfredo di Stéfano de Valdebebas puesto que Madrid se encuentra aún en la fase 1 y hasta la 3 no se permitiría el acceso de aficionados al campo, y eso está aún por ver, el club está dejando tirados a sus aficionados y deja en entredicho su imagen puesto que, de ganar al final la Liga, lo haría en un estadio que no está a la altura. Como cumbre del ridículo, que hay un periodista que incluso se atreve a firmar con nombre y apellido, se hace un llamamiento a Javier Tebas para que intervenga.

La imagen. Qué importante es la imagen que transmite un club deportivo, ¿verdad? Y es tanto más importante cuan importante es el club en cuestión. En el caso del club deportivo más importante, imagino que la imagen que transmita el Madrid al exterior debe ser algo que obsesione a Florentino Pérez. Por eso, porque está en juego ni más ni menos que la imagen del Real Madrid, el club blanco apostó por la solidaridad durante la pandemia, situándose entre las marcas españolas que más generosamente lucharon contra el Covid-19. Según el estudio El consumidor español durante el confinamiento elaborado por More Than Research y Toluna, cuando se pedía a los encuestados que mencionaran las marcas que estaban contribuyendo a minimizar el impacto del virus se citaba primero a Inditex, o sea a Zara, después al Banco Santander y, en tercer lugar, al Real Madrid Club de Fútbol. Eso es imagen, ¿no es cierto? Como lo fue también ceder el estadio Santiago Bernabéu a las dos semanas de que estallara la crisis sanitaria mundial para almacenar material sanitario. Y como lo ha sido más recientemente, en concreto ayer mismo, la confirmación de que el club compensará económicamente a sus socios por los partidos que no podrán presenciar in situ esta temporada.

La imagen. La buena imagen en este caso porque la otra, la mala, no interesa. Uno puede transmitir buena imagen por la vía de los hechos consumados y, pese a todo, ver como un pigmeo mental, un envidioso de manual, un friki trata de mancharla. Y eso que para encontrar pruebas recientes de lo que supone transmitir mala imagen el Sport no debe viajar 500 kilómetros, no, qué va. La mala imagen la tiene al lado del periódico, a unos pocos metros de distancia. Porque mala imagen no es jugar unos cuantos partidos de Liga en un campo de las mismas dimensiones del Bernabéu aprovechando que la pandemia impedirá entrar a los aficionados, no, mala imagen es no devolverle el dinero a los socios por aquellos partidos que no van a poder ver, que es precisamente lo que ha hecho el Barcelona. Mala imagen, colegas del Sport, es esto, tomad nota de la noticia del 20 de mayo firmada por Jaime Candil en el diario As: "Las academias del Barça en Australia han dejado a familias arruinadas. El club ha cerrado las dos escuelas que tenía y no le devolverá el dinero a los padres. El Brisbane Roar se ha ofrecido a acogerles y a poner dinero de su bolsillo". Y todo por 350.000 dólares. Como explicaba Coco, arriba y abajo, lejos cerca... Buena y mala imagen. Es fácil, ¿no? Lo es. No lo convirtáis en complicado.