Iglesias, el gallo machirulo

Pablo Planas

Pablo Iglesias es un tipo peligroso, un macho de cuidado, un chorbo muy chungo, un polĂ­tico que no se detiene ante nada ni ante nadie.

Pablo Planas | 2020-07-06

Pablo Iglesias es un tipo peligroso, un macho de cuidado, un chorbo muy chungo, un político que no se detiene ante nada ni ante nadie. Ojo con el líder de Podemas. El gallo no hace prisioneros y quien en la formación morada se opone a sus designios, sean estratégicos o de capricho, está fuera. Que se lo pregunten a Tania, Bescansa o Errejón. Llamado el Coletas, el vicepresidente cuarto es un consumado esgrimista, un genio de la táctica, un artista de la conspiración, un titán del conturbenio y un maestro de la purga. La pera.

Lo de la tarjeta de Dina Bousselham, exdiscípula y exasesora entre otros ex, tiene muy mala venta y ningún sentido. Eso de que se guardó la memoria del móvil de Bousselham para protegerla de la presión porque era una mujer joven y tal no tiene pase. Y más sabiendo que ahí había información e imágenes de carácter íntimo. El sainete da pie a toda clase de posibilidades, entre ellas la de que Iglesias se hubiera podido servir de la tarjeta para amordazar a la frágil damisela, a la que le han acabado montado un diario digital para que se entretenga. Y mientras tanto Echeminga hablando de periodistas...

Pero es que además se ha revelado la supuesta connivencia de dos fiscales con el equipo jurídico de la formación comunista bolivariana chavista (antes marxista leninista) y se infiere la utilización perversa de los resortes de la Justicia para construir una campaña basada en la película de que las presuntas cloacas del Estado y sus desagües mediáticos se conjuraron para evitar el acceso de Pablo, siempre en el centro de la pista, al poder. Tela.

El argumento es básico, primitivo, pero seguramente le funcione. Él es una víctima del Deep State que ha logrado contra viento y marea sobreponerse. Una leyenda de manual, el potro de Vallecas (en pie) que en vez de acabar en la Cañada Real triunfa y se compra un chalet en Galapagar, que es lo único real en la peripecia del niñato al que acunaban con nanas terroristas.

Pedro Sánchez mantiene de momento al muñeco. No se sabe si es porque le gusta verle sudar, porque no se entera o porque ni siquiera le da vergüenza que le puedan asociar con tal caso y semejante personaje, al que sus mismas ministras retratan como un chulo machirulo.

El asunto es muy grave, pero también tiene una dimensión como de Jorge Javier. Según el villano Villarejo, Dina Bousselham es una mujer despechada a la que Superpablo había prometido matrimonio. Más la presunción de que la abogada podemita Marta Flor mantenía una tormentosa relación íntima con el fiscal Stampa. Y la abortada denuncia, falsa por tanto, contra el exabogado de Podemos José Manuel Calvente, por acoso sexual contra la antedicha Flor.

Podría parecer que lo de Podemos es como Melrose Place. Tiene ese punto, sí, de pandi de insti, con robos que no son robos, acusaciones falsas, líos sentimentales, machos alfa, amenazas y pavadas. Pero es que estamos hablando de la formación que sustenta el Gobierno del bello Pedro, de la Fiscalía Anticorrupción, de la Justicia, del Poder, del feminismo y hasta de España. Qué lástima y qué pena.