La estrategia de Vox para combatir a una izquierda "echada al monte"

Maite Loureiro

El partido busca contrarrestar su lenguaje, sus mensaje y sus medidas en todos los frentes

Maite Loureiro | 2020-08-11

Desde su nacimiento y, especialmente, tras el despegue que supuso su entrada en las instituciones, Vox ha defendido la necesidad de dar la "batalla cultural" a la izquierda. Identificado como uno de sus principales objetivos, el partido ha ido variando de forma casi imperceptible algunos de sus postulados más liberales para poder alcanzarlo y convertirse en un partido conservador con un estilo muy similar al de Donald Trump en EEUU, Jair Bolsonaro en Brasil o Viktor Orban en Hungría.

En sus aspiraciones por atraer lo que llaman "voto obrero" y ocupar el espacio que, según explican, ha abandonado la izquierda, algunas de sus propuestas más recientes también se asemejan a las del Frente Nacional de Marine Le Pen, especialmente en lo referido a la inmigración.

Aunque en esa lucha coincidan, en ocasiones, con el discurso habitual de Unidas Podemos, que ataca con dureza a las grandes multinacionales, y es contrario a la globalización, fuentes de la dirección de Vox niegan cualquier paralelismo y aseguran que los actos desmienten el discurso de la izquierda, que ha ido transformándose en los últimos años hasta abandonar por completo a los trabajadores y sus intereses.

Según explican estas fuentes a Libertad Digital, "los partidos de izquierda, desde mayo del 68, en toda Europa, renunciaron a dos banderines de enganche: la defensa de los intereses y necesidades de los trabajadores y la conciencia de la nación" para sustituirlos por otros más "transversales" como el feminismo, el ecologismo, el animalismo, los movimientos de género, etc. "Su objetivo es demolerlo todo", aseguran.

Un interés que les conectaría con esas grandes multinacionales, según Vox, para "globalizar los hábitos de consumo, la producción o los beneficios, y ahorrar en mano de obra". Un ejemplo sería la "eliminación de la defensa sindical de los trabajadores", aseguran. Algo que explicaría su reciente propuesta de crear un sindicato bajo el nombre Solidaridad que realmente defienda esos intereses, frente a lo que han venido haciendo CCOO y UGT, a los que denominan "sindicatos de clase".

La izquierda "se ha quitado la careta"

Desde el partido reniegan del habitual enfrentamiento entre izquierda y derecha, como se ha entendido siempre, y hablan de "patriotas y globalistas". Un ejemplo serían los episodios ocurridos recientemente en EEUU y Reino Unido a raíz de la muerte de George Floyd y el movimiento Black lives matter, que conecta con los llamados "antifa".

La imagen más simbólica de esa "demolición" a la que se refieren, sería la destrucción de los monumentos dedicados a personajes históricos con la excusa de que, supuestamente, todos ellos eran "racistas", a pesar de tratarse de personas que lucharon, precisamente, contra el totalitarismo y la opresión, como en el caso de Winston Churchill.

El objetivo de este tipo de movimientos sería crear individuos "aislados, que se autodeterminan y autoafirman cada mañana, en lo sexual, lo familiar, lo social, desarraigados, sin memoria y sin tradición" con el objetivo último de que las grandes corporaciones les coloquen sus productos, lograr al "prefecto consumidor", aseguran desde el partido de Abascal.

Contra esto luchan a través de sus propuestas sobre la familia, apostando por ayudas directas para fomentar la natalidad como en Polonia o Hungría; sobre la nación, reivindicado su Historia, su simbología y defendiendo su unidad; las instituciones democráticas, apostando por defender el régimen del 78, especialmente ahora que está siendo atacado desde el propio Gobierno al cuestionar la Monarquía parlamentaria aprovechando los escándalos que afectan al Rey Emérito, Juan Carlos I, y su salida de España.

Objetivo: los trabajadores y el "voto obrero"

Bajo la premisa de que "la izquierda ha engañado a los trabajadores y les ha dejado solos, desamparados" frente a problemas reales, como la búsqueda de empleo, la conciliación, la vivienda, la seguridad en las calles, la inmigración o la competencia con productos extranjeros, el partido ha puesto en marcha una batería de propuestas para atraer a esos votantes y ocupar un espacio electoral que consideran huérfano.

Entre sus iniciativas destacan su permanente lucha contra la inmigración ilegal, que han empleado como argumento para rechazar el Ingreso Mínimo Vital aprobado por el Congreso, ante el que acabaron absteniéndose, así como la reciente campaña puesta en marcha para defender los productos nacionales frente a los extranjeros, especialmente en el campo, o su constante elogio y defensa de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

En esa batalla destaca también la utilización de términos propios que hagan frente a los empleados habitualmente por la izquierda como las expresiones "brecha maternal" para sustituir a la llamada "brecha de género", "violencia intrafamiliar" o "doméstica" para referirse a la "violencia de género" o hablar de "conservacionismo" en lugar de "ecologismo" o de los "animalistas".

Se trata de una senda ya iniciada tras las pasadas elecciones del mes de abril que ha venido avalada por su posterior éxito en el mes de noviembre, cuando doblaron su número de escaños hasta sumar un total de 52. De ahí que el partido haya seguido profundizando en esa línea de intentar arrebatar votos al PSOE y Podemos tras haber asumido que es difícil seguir creciendo a costa de los votantes descontentos con el PP.