La Izquierda amenaza con la República y la Derecha confía en Europa

Federico Jiménez Losantos

Mientras la Izquierda en el Poder apunta abiertamente a la cima, la Derecha se entretiene mirando abajo, cada uno a lo suyo, a ver qué cae.

Federico Jiménez Losantos | 2020-07-12

Para Pablo Iglesias, su lío en los tribunales "es la lucha final", como en el himno rojo por excelencia, "La Internacional". Y como, además, para el Rey de las Criadillas todo lo particular es general, lo público es privado y lo que le concierne es asunto de importancia universal, ha abierto la caja de los truenos y, con el respaldo expreso de Sánchez, amenaza con someter a referéndum la Monarquía. Mientras tanto, la Derecha, que en poco tiempo ha pasado de Trifachito a Bipoquito, camino de uninadita, contempla la borrasca como si no fuera con ella. Parecería que PP y Ciudadanos están seguros bajo techado y que Vox se bandea ágilmente entre las breñas, con la agilidad de nuestra capra hispánica.

La verdad es bien distinta. En el PP, la vagancia rajoyana, servida por la burocracia sorayesca, se ha apoderado hasta de la candidatura en el País Vasco, donde Iturgáiz ha vetado la presencia de Cayetana, no sabemos si para que los medios progres le perdonen los trienios, para congraciarse con Teodoro si el resultado es malo o para que nadie sea capaz de impedir el dulce sesteo de la mediocridad. Ciudadanos es ya sólo un afán tribal de supervivencia a la sombra del gobierno social-comunista; y en cuanto a Vox, lo mismo Rocío Monasterio apuñala ritualmente a Díaz Ayuso para recordar que el Mal existe, que protagoniza una campaña tan heroica como deprimente en tierra vasca, cuyo mérito se fía a la esperanza de un escaño. En suma: mientras la Izquierda en el Poder apunta abiertamente a la cima, la Derecha se entretiene mirando abajo, cada uno a lo suyo, a ver qué cae.

Iglesias, a la desesperada, que es lo útil

Pablo Iglesias, que en cualquier democracia occidental estaría en el paro político y en libertad provisional o en la cárcel a la espera de juicio, se ha convertido en la demostración de lo corrupta que ha llegado a ser la administración de justicia en España, sobre todo la Fiscalía Anticorrupción. No sabemos si la Fiscalía de Madrid anulará o confirmará el acuerdo para proteger a "uno de los nuestros", Stampa, que habría alcanzado la Fiscalía de Luzón, o salvará los muebles de la dignidad del Ministerio Público. Lo malo es que Iglesias, y su Mata Hari o Marta Flor podrían decir también que es "uno de los suyos", y hay testimonios sobrados de que es cierto. La semana pasada repasábamos algunos de esos mensajes que, como decíamos antes de cualquier democracia occidental, habrían puesto al fiscal Stampa en la misma situación legal que Iglesias: en el paro y camino del banquillo.

El Macho Protector de Damiselas Tontuelas ha reaccionado como le conviene: subiendo el volumen de sus estridencias y amenazando con volar la santabárbara del buque del Gobierno, con toda la Oposición a babor. Hay quien habla de desesperación en esa táctica, y le augura peligros de traición por parte de Sánchez. Yo creo lo contrario: cuanto más psicópata parezca el Vicepresidente, más se parecerá al Presidente, y más lo respaldará Sánchez.

Esta semana supimos que en un diario italiano Sánchez ha confesado lo que sólo la Santa Compaña sorayesca y pepero-mediática ponía en duda: que Sánchez nunca ha pensado en pactar con el PP, "por miedo a sufrir la suerte del PASOK". El paralelismo prueba hasta qué punto Sánchez opera poniéndose en el lugar de Iglesias, porque sólo el podemita podría aludir a la debacle del PASOK sin que Sánchez le recordase el desastre de Tsipras.

Casado salió rápido a subrayar que, en efecto, Sánchez nunca pensó en el PP como socio de Gobierno. ¿A quién se lo decía? ¿A la prensa? ¿Al espejo? El que, sin creérselo, actúa como si fuera lógico creerlo, es él. El partido que hace como si ese guiñol fuera de verdad es el PP. Cuando algo le da la razón, Casado se dirige a alguien, no sabemos quién, y lo subraya. Si un día sabemos a quién le habla, tal vez lo entenderemos. De momento, tanta reiteración aburre ya hasta a Almeida, que en un atlético tiene mérito.

¿Cómo se defiende a Felipe VI?

Mientras la Izquierda, por boca de Iglesias pero con los dientes de Sánchez, amenaza a Felipe VI, la Derecha, las tres derechas, que son lo que tiene la Nación para defenderse, muestra una incapacidad total para asumir un discurso común, unos argumentos básicos para defender el orden constitucional. Un mismo argumento repetido tres veces tiene triple efecto. Ese mismo argumento repetido tres veces en tres bocas distintas, aún más.

La monserga de Iglesias, eficaz mientras si no se la rebaten, es que lo hecho por Juan Carlos afecta a Felipe por ser su hijo, ya que sólo el hijo del rey puede ser rey. Javier Redondo ha recordado en El Mundo, casi con desesperación, que lo que legitima a Felipe VI no es la filiación sino la Constitución, es decir, no el hecho dinástico sino la forma de Estado que ha elegido nuestra nación, España, que es la monarquía parlamentaria.

Yo me sentiría satisfecho si, tras contar los cadáveres electorales de hoy, PP, Cs y Vox insistieran en que tenemos monarquía porque tenemos Constitución, y que queremos a Felipe VI porque defiende la Constitución. Con la República que quieren Iglesias y Sánchez no habría constitución, sino opresión y corrupción, la Venezuela que paga a Podemos y al PSOE.

Europa no nos salvará de España

El esperpento de la fallida elección de Calviño para la Presidencia del Eurogrupo, que ya se produjo cuando Rajoy presentó a De Guindos sin el consenso del Grupo Socialista Europeo, y bien que lo disfrutó Sánchez, ha dado lugar a toda clase de jeremiadas, como si una ministra que no ha pintado nada en el tobogán hacia la ruina antes, durante y después del virus pudiéramos esperar algún tipo de salvación o rescate contante y sonante. Vamos, como si Calviño hubiera tenido la caja fuerte de la UE. De risa.

Pero se hubiera cumplido así el deseo del empresariado ciego: es mejor que la crisis económica que se nos viene encima la gestione un Gobierno de Izquierdas, y con Podemos dentro, que uno de derechas, porque "ardería la calle". La calle no arderá por razones económicas, sino políticas, y si ardiera, se la apaga. Siempre hará frente mejor a una crisis económica de esta envergadura un gobierno liberal-conservador que uno social-comunista, en el caso de que creamos que lo que nos conviene no es el dinero más o menos abundante de la UE sino las condiciones que nos pongamos a nosotros mismos, sin necesidad de que nos las impongan ellos.

Lo peor de la crisis es que ha desnudado la poca confianza de los españoles en nosotros mismos, nuestro abandono a una dirección ajena lo suficientemente benévola como para dejarnos disfrutar de nuestras cosas, de nuestras familias y nuestro vermú, nuestro fútbol, nuestros toros y hasta nuestros antitaurinos, que no dejan de ser nuestros. Ya puestos, aunque sea gracias a la China Comunista, ahora también el coronavirus es nuestro. Y el socialismo, creado en Alemania y Francia, también se ha aclimatado bien. En resumen: quien crea que Europa puede impedir la República, la merece.