Sánchez es el gran derrotado

Pablo Planas

Si tan bien lo ha hecho durante la pandemia, ¿cómo es que el pueblo no le ha votado en masa? Inquietante pregunta para el inquilino de la Moncloa.

Pablo Planas | 2020-07-13

El desplome de Podemos en el País Vasco y su desaparición en Galicia son magníficas noticias. El electorado de ambas regiones ha propinado un severo correctivo a las confluencias, mareas y mojigangas de Unidas Pandemias. La formación de Pablo Iglesias y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya no existe en Galicia y ha quedado muy capitidisminuida en las provincias vascongadas. "Derrota sin paliativos", comentó el machirulo alfa en las redes sociales. Durante unas horas, tal vez unos días, andará con la cabeza gacha Iglesias, simulando que toma nota y escucha a la ciudadanía mientras se mesa la perilla de chivo.

Especialmente dolorosos deben de ser los resultados de Galicia, donde el paisanaje prefiere a Amancio Ortega, el archienemigo que han escogido Echenique, Monedero e Iglesias para hacer ver que son unos marxistas de la leche. En el País Vasco, los buenos resultados de EH Bildu seguro que contribuyen a endulzar a los podemitas su derrota. Entre el original proetarra y la copia, esa parte del electorado que considera que Ortega Lara es un facha o que no sabe quién era Miguel Ángel Blanco ha optado por los primeros.

En el costado de las izquierdas, el zurriagazo de Podemos parece ser la principal conclusión de las primeras elecciones pospandemia, pero no es la única ni puede que la de mayor fuste. Ahí está, por ejemplo, Pedro Sánchez, experto en salir de rositas de sus propios desastres. En la semana en la que empujó al vacío a Nadia Calviño ha visto cómo el Bloque Nacionalista Galego le superaba en Galicia y cómo Bildu le sacaba más del doble de escaños. Una gran parte de los medios concluye que el PSOE ni fu ni fa, que el electorado no ha castigado su gestión del coronavirus y que la gente ha preferido revalidar a sus mandarines.

Cierto, como también es cierto que el CIS pronosticaba grandes resultados para los socialistas, fruto de la tremenda gestión de Sánchez, un presidente del Gobierno que no tuvo reparo en asegurar que había salvado la vida de más de cuatrocientas mil personas durante la epidemia. Un presidente, Sánchez, que según él mismo reaccionó el primero y el que mejor y condujo el estado de alarma con constantes alardes de transparencia. Un político providencial, fenomenal y colosal, la única razón por la que España no desapareció del mapa, o casi.

A pesar de semejantes antecedentes, de los constantes actos de entrega y sacrificio de Sánchez, de sus idas y venidas en helicóptero o en avión, de su notable peso en el concierto de las naciones europeas, de sus innegables cualidades e innatas condiciones, tanto Galicia como el País Vasco le han dado la espalda. Si tan bien lo ha hecho durante la pandemia, ¿cómo es que el pueblo no le ha votado en masa? Inquietante pregunta para el inquilino de la Moncloa, quien, no obstante, mantiene el favor de los medios, tiene el CIS a su servicio y el parapeto de Iglesias, al que culpa de todo.