Sánchez responde de Iglesias

Emilio Campmany

Insistiendo Sánchez en mantener a Iglesias en su Gobierno, se hace responsable, lo quiera o no, de los desmanes cometidos por su vicepresidente.

Emilio Campmany | 2020-07-31

Es evidente que Sánchez no eligió a las personas designadas para ocupar las carteras cedidas a Podemos. Pero eso no quita para que sea responsable de haberlas nombrado, entre otras cosas, porque fue él quien en efecto las nombró. Sin embargo, es evidente que, desde el principio, Sánchez se ha sacudido toda responsabilidad de lo que hiciera Iglesias o cualquiera de los suyos desde sus ministerios cuando pudiera tener una lectura negativa. Al contrario, no ha tenido empacho en apuntarse tantos de lo que fuera siquiera en apariencia positivo, aunque la iniciativa correspondiera obviamente a Podemos. Ocurrió así por ejemplo con la subida del salario mínimo.

Hoy, Podemos y su máximo dirigente se encuentran envueltos en una maraña de procesos judiciales y acusaciones de corrupción tintadas de casposo machismo que hablan de financiación ilegal, desvío de dinero público y dependencia de los intereses de potencias extranjeras. Sánchez está encantado con la situación porque son cosas que debilitan al que, siendo su socio, también es su rival político, y cree que todos estos baldones que están cayendo sobre Podemos no sólo no manchan al PSOE, sino que le dan brillo.

Es posible que sea así. Debe de serlo cuando los medios de comunicación, incluidos los supuestamente hostiles, tratan los escándalos de Iglesias como si nada tuvieran que ver con Sánchez. Pero no debería serlo. Una cosa es que el líder de un partido tenga muchas explicaciones que dar y otra muy distinta que el que tenga que darlas sea un miembro del Gabinete. Aunque sea de otro partido, la responsabilidad de que este señor, por llamarlo de alguna manera, sea vicepresidente del Gobierno del Reino de España es de su presidente, Pedro Sánchez. Sus atribuciones no se limitan a nombrarlo en su momento, sino que alcanzan al hecho de mantenerlo, ya que en su poder está el removerlo a su arbitrio, tal y como establece nuestra Constitución. Mucho más cuando tan deseable destitución no obliga necesariamente al presidente a deshacer la coalición, que está suscrita con otro partido y no con una persona, y cuando además, en última instancia, siempre podría suscribir otra igualmente estable con otro partido.

Insistiendo Sánchez en mantener a Iglesias en su Gobierno, se hace responsable, lo quiera o no, de los desmanes cometidos por su vicepresidente. Que la oposición no haga nada o casi nada para ilustrarlo y que los medios prescindan de esa evidencia no evita que la responsabilidad exista y que tarde o temprano tenga el presidente que asumirla, quizá cuando ya una destitución no baste para cepillarse el barro de los tejemanejes de Iglesias.