Político cualquiera

Zoé Valdés

Politiqueros incultos y muy poco preparados, advenedizos que sólo buscan dinero, mansiones y fama.

2020-09-23

¿Habrán visto ya a la comunista de Irene Montero en Vanity Fair toda orgullosa y pletórica hablando del derecho a la belleza y de la moda como un rudimento socialista? Es lo que hay, lo que trajo el barco. Basura. Pura basura en esta hornada de politiqueros incultos y muy poco preparados, advenedizos que sólo buscan dinero, mansiones y fama. Son los nuevos reciclados capitalo-comunistas en el poder.

Los cubanos de USA no podían quedar rezagados, y las manos que manejan los hilos han estrenado a otro personaje por el estilo, de la bajeza más sucia. Al personajucho, influencer, como no puede ser de otra manera, aunque no tiene más de cuarenta mil personas que lo siguen, y sabido es que esa suma en el mundo de los influencers es de muy poca monta, lo están tratando de batir como al merengue, de subir como la espuma.

El lobby que le está haciendo por el momento no tiene rostro, pero al tiparraco sí que le sobra careto. Salido de los bajos fondos habaneros, llegó tardíamente a Miami. Allí lo expulsaron de las televisiones y de los periódicos donde trabajó esporádicamente –según se dijo, debido a deudas–; hasta que se convirtió en influencer. Comentan que esto ocurrió viajando como mula de carga de Miami a La Habana, y regresando cada vez más histérico y estridente. Los que conocen los trasfondos del castrismo aseguran que, si no ha sido creado por el mismísimo Raúl Castro, pudiera venderse en vitrina como un subproducto de Miguel Díaz Canel, el Mario Neta de Castro II.

Lo cierto es que el personaje ha pasado en un pestañear de ser el anfitrión en su programa de Luis Almagro, el secretario general de la OEA, a entrevistar a políticos republicanos en plenas elecciones, minutos después de haber tratado temas escabrosos y promiscuos, sexuales, del castrismo y sus espías. Compinche de reguetoneros, enemigo de auténticos artistas, Alexander Otaola deberá enfrentar varias demandas judiciales, entre las que se encuentran las del célebre músico Descemer Bueno.

Hasta el 2016, Otaola era un furibundo seguidor de Hillary Clinton, tanto es así que publicó una carta abierta dirigida al senador Marco Rubio, quien había sido candidato a la presidencia de Estados Unidos, llamándolo de todo menos bonito. En la misiva atacaba a Donald Trump. La carta ha sido editada posteriormente debido a sus cambios de humor.

En el 2017, al parecer, este señor se enteró de que en Cuba había una tiranía, y es el momento en que empieza a extraerle jugosos provechos al tema: anuncios y más anuncios publicitarios, incluidos aquellos de productos que se sospechaba colaboraron y colaboran con la tiranía, a la que supuestamente él mismo denuncia.

Igual que se enteró tarde de la situación de Cuba, viviendo como un supuesto exiliado o quedado en Miami, cambió de palo pa rumba y se convirtió al trumpismo; esto sucedió cuando vio la brecha abierta y advirtió que por ahí había jugada. Se supone que se coló a través de la líder de Cuba Decide, Rosa María Payá Acevedo.

El periódico Político, un referente sorista (de Soros) de la política norteamericana, recién ha publicado un artículo en el que debemos observar atentamente y con lupa el balance con que se trata a los mencionados en dicho texto. Casi todos los citados son estrategas demócratas y sólo la contraparte aparece representada bajo el nombre de Alexander Otaola. Esto es más indecoroso todavía porque elimina de un borrón a pesos pesados de la oposición republicana en esa zona geográfica y en la opinión pública, para centrar la atención en un personaje que el 90 por ciento del contenido que distribuye son chismes, difamaciones, un 5 por ciento es patriotismo baratucho y el resto culto a la personalidad.

La publicación no deja de subrayar el hecho de que este influencer fue seguidor de Obama, aunque de buenas a primeras se convirtió en “evangelista de Trump”. Lo que en términos periodísticos y políticos nos indica que este retrasado en tiempo y en todo no tiene palabra de valor ninguna, ni valor per se, ni honor; que un día puede ser de uno y otro día de otro. O sea, el contrincante perfecto que necesitan mostrar los demócratas a los votantes: un tipo sin principios, sin escrúpulos, que lo mismo es chicha que limoná.

Curiosamente, para mí y para unos cuantos opositores y exiliados, este personaje significa con exactitud lo mismo que necesita la tiranía: el líder que están tratando de sedimentar y encumbrar, pues resulta precisamente el líder más grotesco, absurdo y esperpéntico, debido a su poca o ninguna preparación, a su constante bajeza; y porque, para la tiranía como para los simpatizantes de Joe Biden, es más fácil ridiculizar al exilio y a los seguidores de Trump mediante este mequetrefe de baja estofa.

En el artículo no se nombra a Ileana García, de Latinas por Trump; Ariel Martínez y su esposa mexicana, María Adonai; Alex González, Carlos Garín, Rosa Peña y su esposo, que a pesar de sus años se hallan bien visibles en Kendall, así como ese otro cubano en Orlando, Manuel Mulet, que con dinero de su bolsillo paga un espacio radial titulado Una hora para la derecha; tampoco al puertorriqueño Alberto Esperón, que creó la plataforma Orbys. Han movido desde la primera elección de Donald Trump y mueven masivamente a votantes y seguidores reales, valiéndose de un contenido muy serio y realizando un trabajo sumamente sostenido, gente culta y seria que ha trabajado a fondo para evitar el socialismo en Estados Unidos. Pero a ellos ni se les alude, para colar a Otaola como una cuña del mismo palo.

De hecho, así matan dos pájaros de un tiro: desacreditan a los trumpistas y le dan el tiro de gracia al exilio. Otaola es el trumpista más conveniente para los demócratas, y sería el líder del exilio más conveniente para la tiranía.

Resulta curioso que la activista Paula Ramos, conocida lesbiana, hija del periodista Jorge Ramos, nieta de Carlos Alberto Montaner, que trabajó arduamente en la campaña de Hillary Clinton, muy cerca de ella, haya entrevistado a Otaola y cerrado su programa con sus opiniones, por llamarle a sus respuestas de alguna manera. Porque las respuestas que este señor le dio a Ramos, al ella preguntarle si no es un poco atrevido tratar de comunistas a Joe Biden y a Kamala Harris, son justo las que Ramos esperaba para su divertimento manipulador: insignificantes, simplonas, de una flojedad que da dentera. Vamos, que Otaola posando de serio le sirvió a Ramos la bufonada en bandeja de oro.

En este enlace podrán observar cómo este personaje se pavonea y se autoengalana de haber sido mencionado en Político, de la misma forma en que se vanagloria y se lanza flores a sí mismo por –según él (falto de abuela)– haber renovado y hasta cambiado al exilio cubano; en este vídeo añade que él ha cambiado las elecciones norteamericanas. Con permiso, voy a vomitar.

Resulta más que significativo que –como ya dije– Paula Ramos sea una activista LGTB…, como lo es Alexander Otaola, aunque contrario a Otaola la periodista no hace –que sepa yo– política con eso. Pienso que es necesario señalarlo, porque eso está confundiendo a mucha gente y perjudica notablemente a la comunidad LGTB…, que estos entresijos inexplicables les encasillen mucho más en diletantes de comedia de enredos que en protagonistas decisivos de entramados claves en la alta política y de la impecable ética periodística.