Raúl del Pozo: "Todo el mundo tiene un vídeo malo, una vida sin algo oscuro o surreal es vulgar"

Carmelo Jordá

Autores y protagonista de No le des más whisky a la perrita hablan de un libro que no cuenta más que la verdad sobre Del Pozo aunque quizá no toda.

C.Jordá | 2020-10-10

Julio Valdeón, corresponsal de La Razón en EEUU, y Jesús F. Úbeda, compañero de fatigas informativas en Libertad Digital, han logrado lo que parecía imposible: convencer a Raúl del Pozo para escribir una biografía sobre la "vida, obra y milagros" de uno de los nombres clave del periodismo español desde hace ya una cantidad casi imposible de décadas.

El libro, titulado No le des más whisky a la perrita (La Esfera de los Libros), acaba de llegar a las librerías y para hablar del acontecimiento su protagonista me recibe en su casa de Madrid, en una urbanización de esas que antes se llamaban colonias, de callecitas estrechas por las que pasan más personas que coches y en las que hay un silencio impropio de la capital.

Raúl del Pozo, el gran Raúl del Pozo, se sienta frente a mí con la mascarilla puesta y aún así creo adivinar un gesto un tanto socarrón. Intercambiamos algunas vaguedades antes de que llegue Jesús —Julio Valdeón no puede unirse a la conversación porque está en Nueva York— y cuando por fin aparece Jesús se une al encuentro la perra Dana —que efectivamente es la "perrita" del llamativo título— corriendo a sus rodillas a buscar algunas caricias. Pienso que no podríamos hacer esta entrevista de un modo mejor: en el mismo lugar en el que han nacido no pocos de los capítulos del libro con Jesús, Raúl y, por supuesto, Dana, que a su modo también ha participado en la gestación y se ha ganado su cuota de estrellato.

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Raúl del Pozo, en un momento de la entrevista | C.Jordá

Un libro que, por cierto, cuenta entre otras muchísimas cosas las reservas que el propio Del Pozo tenía y mostraba, a su manera, durante la elaboración, así que la primera pregunta es, obviamente, por qué alguien con una vida tan plena es tan reacio a contarla.

"Dos veces he devuelto el adelanto que me habían dado por escribir unas memorias —nos confiesa Raúl— porque cuando cuentas tu vida, si cuentas toda la verdad te pueden matar y si no la cuentas, aburres a la gente".

"Ha vuelto la autocensura"

Además, Del Pozo admite que "es duro hablar de uno mismo, porque es desnudarse, es quedarte en pelotas" y muestra una cierta preocupación porque eso ocurra en un momento en el que "hay una hipersensibilidad social muy fuerte, cualquier desliz que tengas te asesinan en las redes, ahora es más peligroso que nunca escribir con cierta libertad, ha vuelto la autocensura". Asegura que no es algo que le concierne especialmente, pero sí que en estas circunstancias "piensas que para qué te vas a meter en líos".

Sin embargo, algo le ha hecho cambiar de opinión y, al menos, permitir que No le des más whisky a la perrita se convierta en una realidad, aunque no haya sido el biografiado más colaborador de la historia. También pregunto por qué.

"Cambio de idea —me responde Raúl— porque son dos magníficos escritores: ya han dicho de Úbeda que entra como novillero y sale de matador y Valdeón es un tipo encantador que es amigo mío desde hace mucho tiempo. Me fie de ellos, sabían que no me iban a linchar. Y ellos saben que no les he coaccionado para nada y el libro lo han escrito con libertad".

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Jesús F. Úbeda y su maestro y amigo Raúl del Pozo | C.Jordá

Y luego están las razones de los autores. Jesús me dice que "quería hacer un homenaje en vida al gran maestro, a mi gran referente" y recuerda que, cuando llegó a la facultad de Periodismo, "la columna que empecé a leer habitualmente era la de Raúl". Quizá bajo esa influencia "al principio quería ser periodista de investigación y veía que Raúl hablaba con uno y con otro, de Bárcenas…" aquí el maestro interrumpe: "¡Estoy en el sumario de la Kitchen!", dice en lo que será la única concesión a una cierta vanidad en toda la entrevista.

"Luego nos hicimos amigos —sigue Jesús— y cuando La Esfera de los Libros nos dice que contemos su vida nosotros decimos… adelante, vamos a ver qué sale, aunque no estábamos seguros de que lo íbamos a conseguir porque ¡anda que no era difícil atornillarlo en silla y que me contara cosas de su vida!".

Desde el otro lado del Atlántico, y a través de los medios electrónicos habituales en estas circunstancias, Julio Valdeón me explica que "hace más de un lustro que decidí que debía hacerle una biografía. Sabía que Raúl había rechazado varias veces escribir su autobiografía y que incluso devolvió el dinero de dos adelantos" repite sin saber lo que el propio Del Pozo me había contado unas horas antes. "Pero su vida, bigger than life, y su obra, que quedará cuando del resto de nosotros no hable, obligaban a ponerse con este libro".

Julio me cuenta cómo las editoriales no mostraron excesivo interés hasta que "por suerte llegó al rescate un talentazo como el de Jesús Úbeda, que empujó el proyecto cuando yo ya había renunciado", asegura. "Jesús es el gran héroe de este libro. Sin él, sin tu tesón, su paciencia, su profesionalidad a prueba de bombas y, de nuevo, su talento, No le des más whisky a la perrita no habría existido".

Hagiografía, no; "homenaje a conciencia", sí

Está claro que el libro es el fruto de una relación muy especial entre su protagonista y sus autores, algo que para Raúl también tenía ciertos peligros: "Yo sabía que mala leche no iban a tener conmigo, pero no controlaba la gente con la que hablaban", advierte, "y como he visto cierta tendencia al cariño a veces he tenido que decir 'oye, que yo tengo faltas de ortografía', me he tenido que echar tierra encima para que no fuera un libro hagiográfico, y no lo es, no lo es" niega doblemente y con convicción.

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Raúl del Pozo, durante la entrevista | C.Jordá

"No es una hagiografía —interviene Jesús F. Úbeda— pero sí es un homenaje a conciencia, los que lo odien y lo pongan a parir cuando le hagan estatuas y ese tipo de cosas pues ya irán y las tirarán y pondrán que fue un fascista por ser demócrata y esas cosas" dice, no muy convencido, aparentemente, de que eso vaya a ocurrir. Remata con una especie de doble advertencia: "Los que lo insulten y quieran buscar trapos sucios, allá ellos, nosotros tampoco hemos puesto todos los trapos limpios".

Eso sí, algún trapo hay en el libro, aunque más que sucio es picaresco y cachondo, no podía ser de otra forma según el propio protagonista de las anécdotas, no pocas divertidísimas: "Todo el mundo tiene un vídeo malo, una vida sin un pasaje oscuro o surreal o dadaísta o transgresor pues es una vida vulgar" y luego remata con una risa en la que sin duda hay mucha socarronería incluso con la mascarilla puesta: "Si uno contara todo lo que le ha pasado de verdad… pues te meterían en la cárcel".

Un "caos bien organizado" y a cuatro manos

El libro, escrito por dos pares de manos a los que separaban miles de kilómetros y unos husos horarios que lo complicaban todo, sin embargo mantiene a través de sus páginas una pulsión similar y una cierta unidad, a pesar de que cada uno de los capítulos tiene un autor que en ningún momento renuncia a su propio estilo: "Raúl siempre quiso, o nos sugirió, que el libro tuviese dos voces", dice Jesús F. Úbeda.

Crear ese viaje que el lector hace plácidamente "no fue fácil" nos confiesa Jesús, mientras Raúl explica que él desde el primer momento quiso que el libro fuese "un caos, que hubiese cierta abstracción y cierto caos organizado" que probablemente es la mejor forma de contar una vida como la suya, en lugar de algo más convencional con "exposición, nudo y desenlace". No, eso no pega con Raúl del Pozo y él quería "que la niñez estuviese al final y la vejez al principio, un caos", repite, pero eso sí, "bien organizado".

Desde Nueva York Julio Valdeón me cuenta también su experiencia en la creación de esa caótica organización, que no fue tan difícil para él "porque casi todas las entrevistas con Raúl le tocaron a Jesús, de modo que es él quien con paciencia de Job e instinto killer acudió al jardín del maestro para tirarle de la lengua y sacar el tuétano de un libro que Raúl nunca quiso hacer, porque detesta la presunción, odia las batallitas".

Los elogios vuelan de uno al otro lado del océano: en el jardín de autos Jesús no quiere dejar de recordar a su compañero: "Es verdad que yo llevé un poco el timón, porque además era el que veía a Raúl, pero de Julio tengo que destacar su talento y su generosidad", explica, porque "a pesar de que tiene más experiencia que yo y me podía haber mandado a la mierda no voy a decir que siempre haya dicho que sí, pero no ha puesto problemas, ha sido muy generoso y humilde y, además, sus partes están escritas de puta madre".

Picaresca en el siglo XXI

El resultado final, pues, parece haber satisfecho a todo el mundo, aunque el protagonista asegura que todavía no lo ha leído entero porque "hay cosas que me asustan". Con la imprescindible colaboración de la tecnología Valdeón me comenta que no sólo está "muy contento" con No le des más whisky a la perrita, sino que se siente "feliz" por haber tenido el "privilegio" de colaborar en el proyecto.

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Risas y complicidad entre maestro y alumno | C.Jordá

Úbeda explica lo que quería del libro y su modo de decirlo nos transmite también la inequívoca sensación de que cree que lo ha logrado: "Mi objetivo era narrar la vida de un personaje apasionante, que es como contar una novela picaresca pero trayéndola a los siglos XX y XXI y también mostrar que es un personaje culto, importante". Además, aunque según me cuenta esto no era algo premeditado, también han querido mostrar a través de esta figura "una fotografía de la historia del periodismo en España de los últimos 50 o 60 años".

Del Pozo parece bastante convencido del retrato que se va dibujando a través de las páginas: "Yo lo veo como una novela con un personaje que se parece a mí y que es una especie de pícaro posmoderno", porque tal y como admite "una de las características de mi vida es la picaresca, para sobrevivir como yo he sobrevivido y en el periodismo que yo conocí había que tener cierta dosis de picardía".

"Una pasión, un veneno, el mejor oficio"

Esa parte del libro lleva la conversación, que al fin y al cabo es entre tres periodistas y una perrita, a hablar la profesión imposible que compartimos, y que para Raúl es al mismo tiempo un oficio y algo más: "Mi vida es la historia de una pasión por el periodismo, el periodismo como veneno, como el mejor oficio del mundo".

¿Pero ese periodismo golfo, juerguista y nocturno que aparece en varios capítulos de No le des más whisky a la perrita era así de verdad o está idealizado por la nostalgia? Para uno de sus protagonistas máximos hay poca idealización: "He pasado momentos malos, pero los más bellos de mi vida han sido gracias al periodismo".

Y aquí, recordando, se desata el narrador nato que es Raúl del Pozo: "He estado en el mundo entero, he vivido, he conocido grandes personajes buenos, malos y regulares, a presidentes, ladrones y presidiarios. La verdad es que ha sido una vida muy emocionante". Piensa un instante y casi se ve obligado a una frase más: "No hay que decir algo que ya se ha dicho, pero repito, insisto, confirmo: es la mejor profesión del mundo". Y para terminar, le añade un toque de humor muy propio: "Ya sabes lo que decía el director del Washington Post: el periodismo es muy difícil, pero peor es trabajar".

Sin embargo, todo aquello parece haber acabado y el panorama ahora es más un campo de ruinas que aquella gloria de juerga y talento: "Hemos vivido una época de oro que fue la Transición, donde nos respetaban y nos pagaban… Ahora ni nos respetan ni nos pagan", nos dice un súbitamente taciturno Raúl. "Los periódicos de papel están amenazados de muerte y los online con diluirse en las redes sociales. El periodismo, que contribuyó a las democracias, que es la sagrada escritura de las democracias, está en un momento de decadencia total", sentencia apesadumbrado.

El capítulo más difícil

El libro termina, y casi lo mismo quiere hacer esta entrevista, con Un hombre enamorado, el capítulo en el que se habla de la relación de Raúl del Pozo con su mujer, Natalia Ferraccioli, y sobre todo de los últimos años atravesados de dolor por la enfermedad que sufrió ella hasta su muerte en 2018.

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Jesús F. Úbeda, durante la entrevista | C,Jordá

Es quizá la parte más hermosa del libro y seguramente la más difícil para todos los implicados, empezando por su autor, que es Jesús F. Úbeda: "Sí fue lo más complejo, uno por dificultades técnicas, porque él no quería tocar el tema; y dos, porque yo la conocí, yo estuve con ella dos días antes de su muerte, y la admiraba y la quería".

El propio Raúl tercia con palabras que casi no sobrepasan la altura del pecho: "De eso no he contado nada, es demasiado doloroso, pero como Úbeda me acompañó y la acompañó a ella en los últimos días, pues sabía cosas".

Eso nos lleva a otra pregunta: los límites que el biografiado ha puesto a la curiosidad o el atrevimiento de los biógrafos. Ambos niegan que los hubiera, al menos explícitos y, aunque Julio Valdeón me asegura que ninguno ha escrito este libro "para matar al padre ni otras chorradas psicologistas por el estilo", sí admite que, "el que escribe se proscribe, como siempre sostiene el propio Raúl, no hay otro remedio que escribir a la contra. Incluso contra tu protagonista, por mucho que, la verdad, le profeses un amor adolescente".

Jesús, por su parte, no tiene más remedio que reconocer, ante la mirada de su amigo y maestro, que en ese el último capítulo "sí que me salté cualquier posible código penal que me hubiera puesto Raúl, pero había que hacerlo".

Pero después insiste una vez más en que el libro es "un homenaje, algo tan poco patriota como hacer un homenaje en vida a un tipo al que admiro y quiero mucho". Raúl lo mira y con un poco de enfado y un mucho de guasa le espeta: "¡Pero no digas que es un homenaje, que no vendemos un puto libro!".

Y tras ese rasgo súbito de genialidad y unas buenas carcajadas no nos queda más remedio que terminar la entrevista. Sería imposible encontrar un cierre mejor.