Y si los Ramos se ponen farrucos...

Juan Manuel RodrĂ­guez

2020-10-13

La semana pasada, y a propósito de la designación por parte de la revista France Football de los diez mejores defensas centrales de la historia, dije que a mí no me parecía de ningún modo que Sergio Ramos fuera peor que Franz Beckenbauer, y sostuve además que el capitán del Real Madrid podría ser elegido perfectamente como el Balón de oro histórico de los defensas centrales sin que se removieran los cimientos del fútbol mundial. Sergio dentro es incuestionable y, por títulos y por números, un serio candidato a ser considerado el mejor defensa central de la historia, el mejor futbolista español de todos los tiempos y, por ende, el mejor jugador del Real Madrid. Dentro, decía, Sergio es incuestionable, otra cosa bien distinta es lo que suceda fuera. Y no me refiero, naturalmente, a su vida personal, que es modélica, ni a su comportamiento profesional, que es un ejemplo para todos, sino al modo que los Ramos (porque aquí conviene meter en la ecuación a René, su hermano y representante) tienen de plantear sus negociaciones con el club blanco, que es francamente mejorable. Sucedió con aquella oferta fantasma del United, volvió a ocurrir más recientemente con el presunto interés de un equipo chino por hacerse con sus servicios a coste cero, con lo que el pagano era el Real Madrid que no recibía ni un solo yuan, y ahora vuelve a pasar. Y vuelve a pasar porque, como recordaban anoche en El Chiringuito, resulta que Sergio será libre de negociar con quien le plazca a partir del 1 de enero del próximo año.

Juanfe Sanz, por ejemplo, decía que el Real Madrid aún no se había dirigido al jugador. ¿Y? ¿Debería hacerlo? ¿Debería el Real Madrid dirigirse a su capitán en un plazo determinado de tiempo? ¿Y si no lo hiciera? ¿Aceptaría otra oferta Ramos si el Real Madrid no se dirigiera a él antes del 31 de diciembre? ¿Por ejemplo una de las dos que Eduardo Inda dijo que ya tenía encima de la mesa, la del Paris Saint Germain y la de la Juventus de Turín? ¿Es que alguien tiene alguna duda de que el Real Madrid se pondrá en contacto con Sergio Ramos y muy presumiblemente le ofrezca ampliar su contrato dos años más? ¿Duda el jugador de que esto vaya a ser así? ¿Si, pongamos por caso, resulta que el 1 de enero de 2021 Florentino no ha llamado a René Ramos subirá éste de nuevo al despacho presidencial con una oferta china, francesa o de la Premier?

Y es aquí cuando uno, que es madridista desde que nació, o sea, y en mi caso, desde 23 años antes de que naciera Ramos, se ve en la obligación de repetir lo que ya no sería necesario recordar pero que, cada tanto, se olvida. El Real Madrid Club de Fútbol le debe mucho a Ramos, muchísimo, y es cierto eso que oí o leí por ahí el otro día de que Sergio cambió con su gol de Lisboa la historia reciente del club deportivo más importante de todos los tiempos, pero Ramos le debe infinitamente más al Real Madrid. Quiero decir que, sin el Real Madrid, es bastante probable que Sergio Ramos hubiera tenido una trayectoria deportiva mucho menos relevante de la que tiene ahora y el club habría seguido ganando títulos a mansalva. Pasó con , Di Stefano sucederá (ya ha empezado a suceder) con Cristiano y (ojalá que no llegue el caso) ocurriría hipotéticamente sin Sergio Ramos.

El tiempo nos indica que no es precisamente una de las mejores diez mil ideas la de pretender torcerle el brazo a Florentino Pérez. Florentino es el último dique, la última frontera, el último muro que protege al club del desorden financiero, del caos, esa anarquía que estamos viendo, porque la transmiten día a día, en otro mastodonte como el Barcelona. El crack del Real Madrid, y lo he dicho un millón de veces, no es Ramos ahora o antes Cristiano o Bale o Raúl, el crack del Real Madrid es su presidente. Si France Football propusiera entregar el Balón de Oro al mejor presidente de la historia y, para ello, designara a los diez más notables, en esa lista aparecerían a buen seguro Santiago Bernabéu y Florentino Pérez. Florentino tiene sus propios tiempos, su modo de hacer las cosas, su estilo y supone una tremenda equivocación meterle prisa (porque no la tiene) o tratar de dirigir el club telepáticamente. Ramos renovará, lo contrario sería un error mayúsculo, pero lo hará cuando toque, y hoy no toca, quizás toque mañana, o no. Sergio seguirá porque se lo ha ganado con creces dentro y fuera del terreno de juego y no porque su representante esgrima una oferta de la Liga china o del PSG. Lo hará cuando corresponda y corresponderá cuando lo decida el presidente del club. Pero si, alcanzada una situación imposible, por fas o por nefas, los Ramos se vuelven a poner farrucos, lo más probable es que Florentino les diga "¡aire!". "¡Aire!" le dijo a Cristiano, "¡aire!" a Özil o Di María. Porque, a diferencia de lo que sucede en el Barcelona, nadie en el Real Madrid ha estado jamás por encima del escudo ni nadie es tan importante como todos juntos. Nadie. Nunca. Tampoco ahora.