Orgía en Bruselas

Marcel Gascón Barberá

La campaña de la Unión para que Hungría y Polonia retiren su veto al Presupuesto europeo bien podría hacer sospechar a los malpensados.

Marcel Gascón Barberá | 2020-12-02

No está siendo una buena semana para József Szájer, el europarlamentario del partido gobernante húngaro que acaba de dimitir tras ser pillado por la Policía en una orgía gay celebrada en Bruselas.

Contra lo que sugiere esta frase, la Policía belga no denunció a los presentes porque estuvieran haciendo una orgía. Ni siquiera porque fueran gaIs. Los uniformados irrumpieron en el local porque la orgía, en la que parece que había 25 personas, la mayoría hombres, violaba las regulaciones impuestas por el Gobierno belga para limitar los contagios de coronavirus.

Según la prensa, Szájer intentó huir del edificio deslizándose por una bajante, pero fue finalmente capturado e identificado por la Policía. En la mochila que llevaba se encontró una pastilla de éxtasis. El eurodiputado asegura que no es suya y que no tomó drogas durante la fiesta.

La noticia de su presencia en la orgía, en la que también participaron varios diplomáticos que no han sido identificados, pronto saltó a todos los medios. La mayoría empezaron a ponerse las botas al saber que se trataba de un eurodiputado de Fidesz, el partido conservador del primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Szájer fue uno de los fundadores del partido y no es un político de relleno en Fidesz, que se opone al matrimonio homosexual y a las políticas de género y LGBTI. Según el periodista húngaro Szabolcs Panyi, Szájer

reescribió personalmente [y seguramente a mano] la Constitución húngara para incluir la siguiente frase: “Hungría protegerá la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer”.

Esta visión conservadora de la sociedad, sugiere la mayoría de la prensa, estaría en flagrante contradicción con su participación en una orgía con otros hombres. Yo no estoy tan seguro de ello. Al menos por el momento, no consta que Szájer buscara contraer matrimonio, adoptar un niño u organizar mesas redondas en las escuelas sobre la fluidez de género con ninguno de los varones que había en el piso.

Fidesz, en todo caso, parece darle, por una vez, la razón a la prensa. Como casi todos mis colegas periodistas, el partido ve en las costumbres libertinas de su diputado una incongruencia insalvable con las ideas que defendía como representante del partido. “Ha tomado la única decisión correcta”, ha dicho la delegación de Fidesz en el Parlamento Europeo, que expresa su “reconocimiento” a las disculpas ofrecidas por Szájer a sus votantes y a su familia. Szájer está casado con una juez del Tribunal Constitucional húngaro, con quien tiene una hija.

El affaire Szájer me ha hecho pensar qué hubiera pasado si el cazado en pleno sexo comunitario hubiera sido Nigel Farage, algún eurodiputado de su Brexit Party, o un tory euroescéptico y gamberro como lo fue el hoy primer ministro Johnson en sus tiempos de corresponsal en Bruselas del Telegraph. No es difícil imaginar a los euroescépticos británicos arrimando el ascua a su sardina para convertir el renuncio en un canto a la libertad individual pisoteada por un Gran Hermano bruselense que no deja en paz a la gente ni desnuda y en la cama.

Porque la Unión Europea no solo ha perdido dinero con el Brexit. Con la marcha de los euroescépticos británicos la Eurocámara es también un lugar mucho más aburrido.

Por otra parte, la coincidencia en el tiempo del affaire Szájer con la campaña de la Unión para que Hungría y Polonia retiren su veto al Presupuesto europeo bien podría hacer sospechar a los malpensados (y, como decían en mi pueblo, malpensa i encertaràs) que la policía belga hizo la redada a sabiendas de que encontraría al eurodiputado de Orban.

Por si fuera verdad, no estaría de más que todos nuestros Gobiernos advirtieran a sus diplomáticos en Bruselas: hasta nueva orden, nada de orgías con polacos y húngaros.