Preparando el camino para los recortes que vienen: las excusas de Iglesias y las tragaderas de su votantes

Domingo Soriano

El vicepresidente asegura que "hay dueños de bancos y de grandes empresas" que tienen más poder que él. No es cierto, pero sus votantes tragan.

2021-01-24

Yo dije antes de ser vicepresidente del Gobierno que hay señores que mandan más que los diputados y los ministros. Y ahora, siendo vicepresidente, lo vuelvo a decir: hay dueños de bancos, dueños de grandes empresas que tienen más poder que yo y no les ha votado nadie. - Pablo Iglesias, La Sexta.

Como nos hemos enredado en lo de los republicanos exiliados y su comparación con Puigdemont, se nos ha pasado esta joya de la entrevista del pasado domingo. El líder de un partido que se llama Podemos, tras un año como vicepresidente, reconoce que no puede.

Por supuesto, es mentira. El Gobierno siempre, si quiere, puede. Lo hemos visto esta semana con la sorpresa introducida, por la puerta de atrás, en la ley antidesahucios, que da carta blanca a los okupas para que se queden en el inmueble en el que han entrado de forma delictiva si se trata de lo que conocemos normalmente como un piso vacío (es decir, que no sea primera o segunda residencia de su propietario). Nos podemos imaginar qué piensan de esta norma en el Ibex (la banca es propietaria de buena parte de esos pisos vacíos) o los llamados "fondos buitre", que parece que ya dan miedo sólo con ese nombre. Pues aunque no les guste, se lo van a tener que tragar. ¿Quién es el poderoso?

Y no nos quedemos en los desahucios. Ese absurdo de un poder en la sombra de empresarios y millonarios que controla gobiernos es uno de los mitos más persistentes de nuestra era. Esa idea de "los que de verdad mandan"... que nadie conoce.

Pues no. Los que mandan son los que mandan. El Gobierno, en este caso. Y puede hacer lo que quiera. ¿Que hay empresarios, lobbies, organizaciones, millonarios, propietarios de medios... que tratan de influir en ese Gobierno? Sí, muchos. Cada día. Algunos con dinero (los menos) y la mayoría tirando de contactos y de presión sobre la opinión pública. De hecho, es una de las razones por las que mi escepticismo democrático cada día es más acusado. La milonga esa de "en las urnas, tu voto vale lo mismo que el de un millonario o el secretario general de un sindicato". En las urnas sí, pero en el resto del procedimiento democrático, esa frase es mentira. Cuando se tramita una ley (cualquier ley), hay decenas de personas que tienen acceso al Gobierno (líderes de la patronal, altos cargos de los sindicatos, periodistas bien conectados, organizaciones de consumidores, empresarios... en general, todo grupo de presión bien organizado) y quien no lo tiene (los demás). Eso sí que es un mito: pensar que todos somos iguales por tener una papeleta de entre 30 millones.

Pero que puedan influir no quiere decir que manden. Los que mandan son los que tienen el BOE en sus manos.

Además, esa influencia no se resuelve, como quiere Iglesias, dando más poder a un Gobierno al que seguirán teniendo acceso los mismos: los que estén bien organizados, que pueden ser ricos o no. Por ejemplo, hay pocas organizaciones con más capacidad de presión en España que los sindicatos, tanto los más grandes como los que dominan un sector. Eso se resuelve dando más poder al individuo: libertad de elección en los servicios públicos descentralización máxima de la administración (a nivel municipal y con municipios lo más pequeños que sea posible) que le permita controlar mejor a sus representantes votar con los pies con más facilidad separación de poderes; estado de derecho e imperio de la ley principio de subsidiariedad (el Estado sólo hace aquello que el individuo-familia no puede hacer por sí mismo)...

Porque, además, el Ibex está encantao con este Gobierno. En general, no tienen muchas quejas de lo ocurrido en España en los últimos 20 años. Con PSOE, PP, CiU, PNV... o Podemos: ellos siempre ganan. ¿Que les gustaría una normativa laboral un poco menos decimonónica? Pues quizás. ¿Y unos impuestos algo más bajos? Probablemente también, pero no creo que sea una preocupación enorme (al final, los ejecutivos, como los futbolistas, se ponen el neto de lo que quieren ganar y a Hacienda le paga el accionista). Lo que desea el Ibex, como todos los empresarios que en el mundo han sido, es un país controladito, con mucho BOE y poca competencia, con dinero a espuertas para los que están bien situados y salvavidas preparados para los estratégicos (que siempre son ellos). En resumen, rouresismo para todos. Y en esa idea están el Gobierno (sí, el de Iglesias el impotente) y la UE, que no deja de ser el paganini.

La realidad y los límites

Los límites de los que habla Iglesias no se los impone nadie. Bueno, se los impone la realidad.

En primer lugar, la realidad de su peso en el Gobierno y en el Congreso. Y esto lo reconocía el propio Iglesias en la misma entrevista: "A veces dentro del Gobierno estás discutiendo con un ministro que hace suyos los argumentos de la patronal inmobiliaria". El argumento es a un tiempo absurdo y peligrosísimo. Absurdo porque reconoce que la razón por la que no se aprueban determinadas leyes no es que haya un poder en la sombra que lo impide, sino porque sus compañeros de gabinete no quieren. Al final, como siempre denunciamos los liberales, el poderoso es el Gobierno, no el lobbista. Otra cosa es que el lobbista quiera influir (y que ése sea otro motivo para limitar el poder del Gobierno).

Pero en cualquier caso, es una enmienda a la totalidad a su primera frase, en la que dice que los grandes empresarios son más poderosos que el vicepresidente. No, los poderosos son los ministros. Lo que pasa es que no todos los ministros piensan como él.

Al mismo tiempo es un planteamiento muy peligroso porque es el tipo de argumento que siempre usa la extrema izquierda para destrozar las instituciones: "Los que opinan diferente a mí... lo hacen porque son lacayos de los poderosos". Sus razones (las de Iglesias) son puras; las de Calviño o el PP o el que sea que se le enfrente, son el resultado del miedo o el soborno. De ahí a Venezuela hay un paso muy pequeño: si de verdad crees que sólo tú representas al pueblo frente a esos malvados que actúan en la sombra, es lógico que quieras todo el poder en tus manos y sin cortapisas. Sólo el líder providencial, si le damos las herramientas para ello, podrá salvarnos (por supuesto, nunca con más libertad para el individuo, porque, dejado a su suerte, el ciudadano es una marioneta en manos de esos mismos poderosos).

Los demás límites son los que imponen los que no quieren dejarle el dinero. Es decir, los que no quieren que les arrastre en su locura. Esa acusación sin ningún sentido contra la UE o los mercados, que tanto hemos escuchado en la última década. Bruselas no impone nada, ni los mercados.

Este tema ha estado más tranquilo en los últimos meses, mientras se ultimaban los detalles del plan de ayudas de la UE y los países se financiaban a tipos cercanos a cero. Pero les aseguro que volverá. Habrá algunas exigencias (desgraciadamente, creo que muy pocas, muchas menos de las que debería haber) desde Bruselas y mi apuesta es que la prima de riesgo obligará a este Gobierno a hacer recortes. Y entonces Iglesias volverá a la retórica de 2015, cuando la troika le impuso austeridad a su amigo Alexis Tsipras.

El problema es que el punto de partida es mentira. Ni la troika ni los grandes fondos tenían ningún poder en Grecia. Tsipras era soberano dentro de sus fronteras... pero eso no le capacitaba para quedarse con el dinero de los alemanes a cambio de nada. Otra vez la realidad que te atropella: los rescates son préstamos. Recuérdenlo porque España está ya metida en un rescate (aunque le llamen plan de recuperación) y los prestamistas nos plantearán sus condiciones. ¿Que al Gobierno de Iglesias no le gustan esas condiciones? Pues que pida el dinero en otro lado o que viva con sus propios medios y su propia moneda. Esperemos que Sánchez no esté tan loco y que en la disyuntiva Tsipras-Varaoufakis, también aquí gane el primero. Porque ese cruce de caminos llegará.

Por último, un apunte importante, al que después de cien años deberíamos estar más acostumbrados, pero en el que los incautos siguen cayendo. Lo que va de las promesas de la extrema izquierda a la realidad de sus gobiernos es la misma distancia que existía entre la utopía comunista y el día a día soviético. La excusa del Ibex y de los ricos que son más poderosos que tú ya la usaron los países del Pacto de Varsovia para explicar la fuga de cerebros al oeste. El Muro de Berlín se construyó alrededor de un pretexto no tan diferente: "Si yo pudiera, os traería el paraíso en la tierra. Pero no me dejan, los saboteadores occidentales nos impiden ser más ricos, más felices, más prósperos".

En esto, lo reconozco, lo que más me sorprende son las tragaderas del votante-militante. Tanto si crees la versión de Iglesias (unos poderosos no me dejan hacer lo que yo quiero) como la mía (puedes mucho, pero no todo, porque ni tienes los votos ni el Presupuesto es infinito), lo lógico es que le pidan lo mismo: que se vaya, que dimita, que lo deje. O que le cambie el nombre el partido. Que se llame "No Podemos". O "No nos dejan". Tras tantos años dando la matraca con lo que harían si llegaban al Gobierno... y ahora dicen que no lo hacen porque estar en el Gobierno no sirve de casi nada.

Desgraciadamente, no es cierto. Claro que sirve y lo estamos viendo. Nunca un Ejecutivo generó, en menos tiempo, un destrozo económico e institucional tan enorme. Yo creo que Iglesias lo sabe. Sólo se está poniendo la venda antes que la herida. ¿Sube la luz? Los poderosos. ¿Hay que hacer recortes? El Ibex. Gobernar así es muy fácil. Y lo peor de todo es que habrá muchos que se lo crean.