El suicidio económico de Cataluña

José María Rotellar

La mezcla del independentismo y de las políticas de izquierda están hundiendo la economía catalana, con caídas en la inversión y el crecimiento.

2021-02-22

Los resultados de las elecciones autonómicas catalanas del domingo catorce de febrero no pudieron ser más desalentadores para el conjunto de España. Cataluña seguirá regida por independentistas -en el PSC hay muchos y, además, probablemente no gobernará-, con el agravante de que el espejismo que fue la victoria minoritaria de un partido claramente constitucionalista en las anteriores elecciones se ha disipado ahora, porque al PSC es difícil encuadrarlo en el mismo bloque que Vox, Ciudadanos y PP, por orden de los resultados de los tres partidos constitucionalistas en las elecciones.

Con todo ello, es un pésimo resultado tanto para el conjunto de España como para Cataluña. Lo es, desde luego, a nivel de unidad nacional y cumplimento de la constitución, y lo es, también, desde el punto de vista económico, cuyo análisis es demoledor.

De esa manera, el golpe de Estado que trataron de perpetrar los independentistas ha causado un grave problema a Cataluña, en particular, dentro del problema general que ha originado en el conjunto de España. A la fractura social abierta por dicho golpe, hay que añadirle la económica, que constituye un torpedo en la línea de flotación de la economía regional catalana y, por ello, también en la del conjunto de España, pero especialmente en la región catalana, que ha visto en estos tres años cómo la inmensa mayoría de las principales del IBEX con sede social allí, la ha cambiado. Dichas empresas, concentran el 30% del empleo que se genera en Cataluña, con lo que el riesgo de empobrecimiento de la región no es menor.

Recordemos algunos datos del efecto inmediato que supuso la Declaración Unilateral de Independencia (DUI):

 

Fuente: elaboración propia econométrica a partir de datos de caída de actividad anunciados por Exceltur y de caída de actividad estimada por patronales catalanas.

 

Y ese impacto negativo ha mantenido su influencia perjudicial en el tiempo. Poniendo los números negro sobre blanco, Cataluña hace tiempo que decidió darle la espalda a la economía. Pierde inversión extranjera, pasando a representar poco más del 11% del total recibido en España, frente al más del 80% que recibe Madrid, y en la inmensa mayoría de los indicadores se comporta mucho peor desde 2017.

Fuente: Datainvex.

Y ese declive en la recepción de inversión extranjera se ha acentuado según avanzaba 2020, porque si en el acumulado de tres trimestres del año Cataluña recibía el 11,5% mencionado, en el IIITR de dicho ejercicio (último publicado), sólo recibe el 8,7%, mientras Madrid se mantiene e incluso aumenta su porcentaje.

Fuente: Datainvex.

Y ese deterioro económico exterior se traslada a todos los indicadores y, por agregación, a la evolución del PIB. Así, si antes de 2017 su PIB crecía más que la media nacional cada ejercicio desde el inicio de la recuperación de la anterior crisis (en 2014, cuatro décimas más que España; en 2015, seis décimas más que España; y en 2016, cuatro décimas más que España), desde el año del intento de golpe de Estado, Cataluña ha crecido menos que el conjunto nacional (dos décimas menos en 2017; dos décimas menos en 2018; y dos décimas menos en 2019).

Fuente: CRE, INE.

Del mismo modo, se ve cómo la prosperidad y riqueza de los catalanes disminuye respecto al resto de España medido en el porcentaje que supone el PIB per cápita catalán respecto al PIB per cápita nacional. Desde el intento de golpe de Estado baja casi dos puntos porcentuales.

Fuente: CRE, INE.

Como vemos, la mezcla del independentismo y de las políticas de izquierda, están hundiendo la economía catalana.  Cataluña constituía un motor económico esencial de España, en gran parte gracias a las medidas adoptadas por los diferentes gobiernos del siglo XX y de lo que llevamos de XXI, que beneficiaron enormemente a Cataluña, pero no dejaban de ser una región próspera. Ahora, la deriva independentista arruina la economía catalana, donde ya no se constituyen tantas empresas como antes, donde las que estaban, muchas y muy fuertes, han tenido que salir huyendo de la inseguridad jurídica en la que los golpistas los metían, y en la que el empleo, desgraciadamente, se resiente.