Tiempo de incultura

Agapito Maestre

Bravo, Solana, inventaste la mamandurria para los escritores afines al socialismo y convertirás el Museo del Prado en una caverna para estultos,

2021-03-03

Aún es el tiempo de Solana. Su última gran fechoría contra las colecciones del Museo del Prado está a punto de consumarse. Solana, ay, fue ministro de Cultura con González de jefe de gobierno. Ahora es presidente del Patronato del Museo del Prado y alienta el cambio de nombres de los cuadros de sus colecciones. Quiere cerrar su ciclo vital cargándose lo poco que queda de cultura nacional. Bravo, Solana, inventaste la mamandurria para los escritores afines al socialismo y terminarás convirtiendo el Museo del Prado en una caverna para estultos. No te importaría cambiar el nombre de todos los cuadros de museo, ay, si con eso se consiguiera borrar la cultura española como determinante de la universal.

El proyecto de resignificación, así le llaman los nuevos jerarcas del museo al cambio de nombres de las colecciones, terminará con el mayor bien de la cultura española, pero Solana ni siente ni padece. Mucho le importará a este sujeto España. Lo importante es trincar del erario público. Bien conocemos su proceder y simpatía. El gran simpático del socialismo postfrantquista tendrá el honor de haber terminado con la esencia del Museo del Prado sin apenas despeinarse. Pérez Llorca, el antiguo presidente del patronato del museo, siempre se opuso a este tipo de salvajadas, pero Solana está encantado con demoler la pieza clave de la cultura nacional española. No le temblarán las piernas porque le lluevan las críticas. En realidad, no habrá ni críticas, porque la gente culta, los creadores y los valientes escritores no quieren significarse, menos aún protestar, no sea que les quiten el chusco de pan. Él, el Solana bueno, lo sabe. Conoce bien el ámbito de la inteligencia española. Fue el maestro en repartir dinero para taparle la boca a los creadores. Ahora, pues, hará algo parecido, si aparece algún díscolo. La gente de la “cultura” traga con todo. Parece que no tienen columna vertebral. El escritor en España está peor tratado que el XIX, pero traga…Sí, sí, no existe ni una ley que proteja a los autores de los trapicheos de los editores y de los ladrones de la inteligencia, pero callan… Callamos.

Solana, ay, sabe de lo que hablo. Este fulano dijo en otro tiempo, junto a González, que nunca entraría España en la OTAN y, más tarde, fue el jefe de la cosa durante un montón de años. Pues eso, a Solana, también llamado Solana el listo, le importa una higa la cultura española y la universal. Solo la ideología y el engaño mueven sus vísceras. Este tipo de gente no está de vuelta de nada. Se muestran como son. La frivolidad es su verdadera naturaleza. ¿Qué respeto puede merecer alguien que considera cosa sin importancia el cambio de nombres de un cuadro? Ninguno. Han sido siempre así y no cambiará. Este señor puede decir una cosa y la contraria en la misma frase sin descomponer un músculo de su cara. A Solana y a toda la parentela socialista le da igual ocho que ochenta. Así las cosas, estoy convencido de que los actuales dirigentes del patronato del Museo del Prado, empezando por su presidente, no pararán hasta destrozar lo poco que queda en píe de la pinacoteca como símbolo de la cultura nacional. Detrás del proyecto de reordenación de sus colecciones, se esconden intenciones aviesas con el objetivo de contarnos una historia que nunca existió y, de paso, alimentar el odio a la nación.

Si alguien albergará alguna duda sobre esas intenciones, lea la magnífica entrevista que Karina Sainz Borgo le hizo a Solana, en Vozpópuli, y le quedará clara mi interpretación. Aquí les dejo una prueba:

Independientemente de la política cultural, ¿la tentación de reescribir la historia no le parece que sigue presente y más activa?

A mí me parece razonable. La pintura de los grandes museos puede enseñarnos a comprender mejor la historia, porque nos aporta muchos datos. La historia debemos comprenderla cada vez mejor y en esa tarea las instituciones culturales pueden aportar algo.

Cambiar, por ejemplo, El rapto de Europa por La violación de Europa sería una forma de reescritura.

No, perdóneme, eso no es una reescritura. El cuadro está ahí. El vocabulario cambia y los nombres cambian, el cuadro no. Démosle el nombre que le demos a las cosas, la obra continúa y se sabe lo que significa. Si se quiere cambiar el nombre para que la percepción sea más plena, se puede cambiar. No tengo ningún problema en hacer esas cosas. Se puede cambiar el nombre a un cuadro, pero el significado de la pintura sigue ahí.

Es una cesión de terreno a un elemento ideológico

Eso no es ideología. Es reconocer la realidad. Hemos hecho una exposición, ya llevamos varias, sobre la mujer en El Prado, porque es obligatorio hacerlo. Varias mujeres pintoras no han sido tenidas en cuenta con la intensidad que se merecen y la institución está obligada a revisar ese tipo de cosas.