'Faremo foresta', la novela que usa Italia como lema para comenzar de cero

Laura Galdeano

Libertad Digital habla con la escritora y guionista italiana Ilaria Bernadini, autora de La botánica de los sentimientos (Grijalbo)

Laura Galdeano | 2021-03-04

Las plantas mustias de la terraza requieren cuidados. Hay que despojarlas de las hojas amarillas y extirpar las partes muertas. Renovar las macetas rotas. Poner tierra nueva. Eso, claro, si de verdad queremos salvarlas. Si no, podemos sentarnos a comprobar cuánto pueden marchitarse antes de dejar de existir. Plantas o relacionales, lo mismo da. "Es una metáfora tan simple como eficiente. La práctica filosófica y la práctica botánica es muy similar. Nos surgen las mismas dudas, tenemos la misma incertidumbre, aparecen problemas e, incluso, sembrando la misma clase de semilla podemos obtener resultados distintos", nos detalla la escritora Ilaria Bernadini desde Italia.

Bernardini (Milán, 1977) fue finalista del Premio Strega, el máximo galardón literario que se puede ganar en Italia, con La botánica de los sentimientos, que publica ahora en España Grijalbo. La novela ha alcanzado en el país transalpino una consideración que va más allá de la literatura y se ha convertido, con su título original (Faremo foresta, Hagamos bosque), en un canto a la unidad y la reconstrucción de la vida. "Lo utilizan mucho en Instagram y en otras redes sociales. El gobierno también lo aprovechó. Se ha trasformado en una revolución humana y para mí es perfecto, es justo la idea que quiero trasmitir, de superar lo individual para trabajar en comunidad. Se ha visto durante esta pandemia mundial que debemos estar unidos para reforestar el mundo".

Bastan los restos de la poda para componer algo delicado, las plantas medio muertas de la vecina para empezar un bosque, los restos de una familia para sobrevivir en el desierto. (Pág.107)

Es una novela autobiográfica, que comienza con un "triple desastre", tres circunstancias que obligan a Anna, María y Alessandro a reiniciar sus vidas, a poner el contador a cero de manera forzosa. El matrimonio de Anna ha acabado sin una razón evidente y le trae de cabeza el cómo contárselo a su pequeño. Su mayor temor es ser "el primer dolor de su hijo". Aprenderá a salvar obstáculos junto a María, una joven que, tras sufrir un ictus, vive con desasosiego la incertidumbre del futuro. La muerte ocupa la mayoría de sus pensamientos, como le ocurre a Alessandro, el cuñado de Anna, tras un grave accidente de moto.

"Esta novela nace en un periodo muy difícil de mi vida, lleno de miedo e incertidumbre, de sequía funcional y existencial. Tenía la necesidad de expresar con palabras todo lo que sentía", reconoce Bernardini, que confiesa que, tras escribir el manuscrito, lo guardó en un cajón durante varios años para "tomar distancia, tener una visión más fría y distante" de su propia historia.

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La escritora y guionista italiana Ilaria Bernardini. | Grijalbo

"Empecé nombrando al personaje principal con mi nombre y después me distancié y decidí que se llamaría Anna. También tenía mucho miedo de que las personas que aparecen se enfadasen conmigo porque les uso como personajes. Pero soy filósofa, lo que me interesaba no era mi historia personal, sino la historia universal que había detrás. Y así fue. Muchos lectores me abrazan y me dicen que es su historia".

La botánica de los sentimientos habla del miedo a vivir y del miedo a morir, de dejar de sentir, de la culpa, del castigo, de levantarse cuando todo se viene abajo. Es la descripción del devenir de todas esas "frentes tristes y bocas felices" que nos rodean. "Es una historia microscópica, minúscula, como las semillas. Invita a aprender a mirar y a escuchar, a darle importancia a las cosas pequeñas, cotidianas. Tuve que aprender a escribir sobre temas capitales de la vida, que era lo que me interesaba. Hay que aprender a mirar para descubrir que lo que parecen ramas secas en realidad no lo están. Aprender a ver cómo las raíces, que secretamente se ayudan, son útiles como metáfora para hablar de familia".

Estaba de maravilla: estaba vivo. No estaba de maravilla: había faltado poco para que muriera. (Pág. 59)

La novela reflexiona sobre las distintas perspectivas desde las que se puede enfocar un problema. "Anna tiene una relación complicada con su padre, pero hay que pensar que su padre tiene su propia historia. No podemos colocarnos siempre en el centro de la historia y buscar culpables, sino que hay que aprender a mirar desde más alto y ser capaces de ver el trauma y buscar renacer. El proceso de buscar culpables, señalar a otros y adjudicar odios debe ser más lento".

Anna teme dañar a su hijo contándole la verdad, como le sucede a la propia autora. "Yo le mentía a mi hijo, le decía, por ejemplo, que los padres nunca mueren, pero aprendí que en nuestro alfabeto sentimental existe el miedo, el horror o la muerte y debemos aprender a conocer su significado. Una madre puede enseñar eso". De hecho, la autora trabaja en la adaptación infantil de esta novela.

La escritora, que vive entre Milán y España –donde dice que está "haciendo bosque"–, lleva años trabajando como guionista en series y películas. Uno de sus últimos proyectos lo encabeza Bernardo Bertolucci para el que ha escrito el guion de The Echo chamber.

Ilaria Bernadini. La botánica de los sentimientos. Traducción: Ana Ciurans Ferrándiz. Grijalbo, 2021.