La deserción del Estado en Cataluña

Pablo Planas

Los indultos no serán más que otra prueba de debilidad y miopía y una nueva traición a los ciudadanos de Cataluña que aún creen en la unidad de España.

2021-05-31

Es más que probable que Pedro Sánchez sepa que los indultos a los golpistas del 1-O sólo van a servir para garantizarle la estancia en la Moncloa durante lo que queda de legislatura. Ese sería el único propósito de la graciosa concesión, por mucho que la propaganda desplegada por el Gobierno pretenda inducir la creencia de que tales indultos son una muestra de fortaleza del Estado que servirá para distender la situación política en Cataluña, apaciguar al separatismo, cancelar el procés y dar paso a una nueva etapa de concordia.

Nunca antes unos indultos habían tenido tantas supuestas virtudes. Sánchez, el pacificador, se dispone a poner fin a la crisis catalana con una herramienta definitiva, el perdón, un perdón que llevará a Cataluña sosiego, paz y prosperidad. Nada más falso, falaz y ajeno a la realidad. Los indultos servirán para que nueve dirigentes separatistas que pisotearon los derechos civiles de más de la mitad de la población de Cataluña y que a punto estuvieron de provocar un enfrentamiento civil salgan en libertad antes de tiempo con el único propósito de repetir la asonada.

En la vasta campaña propagandística a favor de los indultos, el diario El País ha llegado a decir que los indultos evitarán el crecimiento constante del independentismo en Cataluña. En un delirante editorial titulado "A los catalanes" expone:

La democracia española tiene pendiente de resolver el conflicto en Cataluña. Ello puede intentarse con el mantenimiento pasivo del statu quo. O mediante el diálogo. No hay garantía alguna de que esto último surta efectos positivos. Sí hay bastantes pruebas de que el no a todo de gobiernos anteriores ha favorecido el crecimiento independentista en la última década. La situación es ya difícil. Pero se convertiría en una catástrofe inmanejable si un salto cualitativo convirtiese las posiciones en favor de la secesión en ampliamente mayoritarias.

La presunción sobre la causa del aumento del separatismo es totalmente errónea. Los separatistas no surgen de las negativas del Estado a los chantajes sino de la retirada del Estado de Cataluña. El independentismo se cultiva en las madrasas públicas y concertadas y en los medios públicos y en los subvencionados que ejercen de minaretes del procés y difunden el odio a España no sólo en los informativos sino hasta en los programas infantiles. Las fábricas de separatistas están donde el Estado central ha dejado de existir en favor de una Administración autonómica que, por ejemplo y sin ir más lejos, puso toda clase de objeciones a vacunar a los miembros de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Los indultos no serán más que otra prueba de debilidad y miopía y una nueva traición a los ciudadanos de Cataluña que aún creen en la unidad de España en un contexto cada vez más hostil. Y, lejos de defender a esta todavía sustantiva parte de la población, el Gobierno los deja tirados en manos de un Ejecutivo autonómico cuyo único programa se basa en el mantra de "Amnistía y autodeterminación". Y es que los indultos le saben a poco cuando hay decenas de altos cargos de la Generalidad encausados en juzgados ordinarios y en el Tribunal Superior de Justicia de Barcelona por su participación en el golpe de Estado, gentes a las que el Tribunal de Cuentas les exige fianzas millonarias por haber dilapidado millones de euros en actividades relacionadas con la sublevación. De ahí que no les valgan los indultos y exijan la amnistía. ¿Y qué ofrecen a cambio? Nada, absolutamente nada.

Los separatistas creen que la razón les asiste, que Cataluña es una nación oprimida, colonizada, ocupada por una potencia extranjera. Lo reiteran cada día y no es una opinión excéntrica. Lo sostienen los principales líderes independentistas. Que se lo pregunten a Puigdemont, a Junqueras o a su mandadero Aragonès. Los indultos les cargarán de munición, corroborarán su tesis de que las sentencias del Supremo fueron un acto de venganza, mientras los sistemas educativo y mediático seguirán produciendo más y más independentistas dispuestos dispuestos a echar de Cataluña a los colonos y a los colaboracionistas, que es como consideran a los que no tienen apellidos catalanes y no son independentistas y a quienes teniendo apellidos catalanes tampoco son independentistas.

La pacificación de Cataluña, la concordia, la convivencia no se van a conseguir con indultos. Todo eso sólo se conseguiría con la vuelta del Estado a Cataluña, de donde se fue hace cuarenta años.