La culpa es del chuletón

Santiago Navajas

El alarmismo climático es una respuesta táctica de los políticos de todos los colores para evitar la responsabilidad de sus propios fallos.

2021-07-19

Defendía Hannah Arendt con su lucidez habitual que el fenómeno más maligno de nuestro tiempo era la creación de mentiras políticas organizadas. El paso del siglo XX al XXI se caracterizaría por falsear realidades a la vista de todos siguiendo el principio goebbelsiano de que mil mentiras repetidas terminan por convertirse en verdad.

Un ejemplo de organización política de una mentira lo tenemos en la coincidencia de Pedro Sánchez, Alberto Garzón y Juanma Moreno Bonilla atribuyendo las inundaciones en Alemania al cambio climático, elucubración sin pruebas ni estudios que la respalden hoy por hoy. Y es que los políticos de casi todos los partidos –de los orgullosamente comunistas a los acomplejados conservadores, de Alemania a Burkina Faso– prefieren la propaganda a la ciencia y llaman "concienciación" al adoctrinamiento.

Sin un estudio de atribución para establecer la probabilidad de que un fenómeno meteorológico se produzca en ausencia de cambio climático es no sólo prematuro sino irresponsable afirmar que una catástrofe medioambiental ha sido provocada fundamentalmente por el cambio climático, ya que hay multitud de otros factores en juego, de los patrones de circulación al aumento de temperatura o sucesos improbables pero posibles. Solemos olvidar que la escala temporal humana es una mala guía para comprender procesos de escala temporal geológica. Además desconocer pautas usuales, como que en Alemania en esta época se suelen producir lluvias torrenciales e inundaciones. Es célebre cómo Schröeder le dio la vuelta a los pronósticos electorales durante el verano de 2002 tras calzarse las botas de goma y hacerse fotos en la devastación provocada por el desbordamiento del cauce del río Elba.

El alarmismo climático es una respuesta táctica de los políticos de todos los colores para evitar la responsabilidad de sus propios fallos, urbanísticos y de planificación a la hora de construir en zonas inundables. Además, con el alarmismo consiguen avanzar en la agenda de detentar un poder absoluto agitando el pánico. El brazo mediático del poder, en lugar de testar científicamente el alarmismo climático contribuye al mismo. No esperen que Twitter ponga advertencias a los tuits sin respaldo científico de Sánchez y Moreno Bonilla como hacía con Trump. Tampoco que intervengan los fact-checkers. Es mucho más peligrosa la pandemia de postverdad desatada entre nuestros principales políticos y las redes sociales hegemónicas que el cambio climático, porque, como decía Hannah Arendt,

la libertad de opinión es una farsa a menos que se garantice la información fáctica y los hechos en sí mismos no estén en disputa.

Luego están los que usan Twitter para hacer oposiciones a ministro mostrando la debida sumisión, una ocurrente demagogia e idiotez a prueba de vergüenza. Así que relacionan las inundaciones de Alemania con comer chuletones, que es como cuando advertían que la masturbación te dejaba ciego.

No hagan caso y pónganse, si lo desean, ciegos de imbatibles chuletones en su punto... antes de que los declaren pecado laico, los pongan fuera de la ley y haya que comprarlos en el mercado bleu, digo negro.