Yusra Mardini y los Juegos Olímpicos: una cuestión de supervivencia

Tolo Leal

La nadadora siria, en el equipo de refugiados, salvó su vida y la de otras 20 personas cuando cruzaba el Mar Egeo en una patera huyendo de la guerra.

Tolo Leal | 2021-07-24

En esta edición de los Juegos Olímpicos un total de 29 atletas representarán al equipo olímpico de refugiados. "Los deportistas refugiados son un enriquecimiento para todos nosotros. Las razones por las que creamos este equipo todavía existen. En este momento, tenemos muchas personas desplazadas a la fuerza en el mundo", señaló durante la presentación del equipo Thomas Bach, presidente del COI.

Y la abanderada del equipo durante la brillante ceremonia de apertura de los Juegos ha sido nada menos que Yusra Mardini, una nadadora que tuvo que nadar para salvar su vida. Y, con ello, la de todos aquellos que cruzaban con ella el Mar Egeo. Esta es su historia.

Nacida para nadar

Yusra Mardini nacía el 5 de marzo de 1998 en Darayya, un barrio de Damasco, capital de Siria. Lo de nadar le vino de cuna. Su padre, entrenador de natación, les inculcó el amor por el deporte a ella y a su hermana Sara, tres años mayor.

A pesar de los problemas que se encontraron desde sus inicios -por "usar ropa inapropiada" en un país eminentemente musulmán (y sobre todo suní)- ambas se destacaron pronto como excelentes nadadoras.

Con apenas 14 años Yusra Mardini ya participará en el Mundial de piscina corta de Estambul representando al equipo nacional sirio. Lo hizo en las pruebas de 200 metros individuales; 200 metros libres; y 400 metros libres. No tardará en dar el salto a la categoría senior con buenos resultados, a hacerse un nombre en el país, siempre con un sueño en la mente, aquel que apareció durante una mañana de 2004 viendo en el televisor de casa a Michael Phelps: acudir a unos Juegos Olímpicos.

Pero paralelamente a todo ello, Siria comenzaba a vivir una guerra. Un conflicto interno primero, e internacional después, que estalló de manera definitiva en 2011, en plena Primavera Árabe. Una guerra que de momento ha dejado ya más medio millón de muertos entre civiles y combatientes de todos los bandos; y más de diez millones de desplazados.

La familia Mardini se vio obligada a abandonar su casa en Darayya, tras quedar derruida durante un ataque. Comenzaba así un complicado periplo por diferentes zonas del país, tratando de huir siempre de los puntos más conflictivos. Una complicada travesía para una niña de tan solo 15 años.

Aun con todo, Yusra Mardini continúa entrenando. Como puede. Ni siquiera una bomba en la piscina en la que entrenaba le arrebataría su sueño de ser olímpica. Pero aquello sí cambió algo en su cabeza: "Yo también me iría. Para escapar de la muerte que cae del cielo", le diría Yusra a su hermana Sara. Ambas estaban decididas a huir del país. En sus planes, llegar a Europa, preferentemente a Alemania, donde reiniciar su vida, y conseguir que se unieran a ellas de manera legal su madre y su hermana pequeña, que de momento se quedaban en Siria.

Una travesía letal

Ambas, Sara y Yusra, emprenderían en ese momento un camino que a punto estuvo de costarles la vida. Relatado a la perfección –hasta el punto de erizar la piel- en su libro autobiográfico ‘Mariposa. De refugiada a nadadora olímpica’.

El primer paso era llegar a Grecia. A Lesbos. Tras pasar por el Líbano y Turquía –no sin grandes problemas-, tocaba cruzar el Mar Egeo. Les habían prometido una embarcación para hacerlo. Con lo que no contaban es con que sería una barca hinchable, en la que debían meterse más de una veintena de personas.

No queda otra. Emprenden la marcha. Con frío, con hambre, y con el mar embravecido. Las olas son de cada vez mayores. Es una misión que parece imposible… pero no hay otra solución. "De repente me doy cuenta de lo absurdo de la situación. ¿Qué hacemos aquí, enfrentándonos al mar embravecido en un juguetito endeble? ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cuándo empezaron nuestras vidas a valer tan poco? ¿Era esta la única salida, la única forma de escapar de las bombas?".

A mitad de camino, se estropea el motor. Yusra y Sara, junto a dos compañeros más, saltan al agua para mantener la barca a flote. No hay otra. Los demás no saben nadar. "No es fácil. Cierro los ojos e invoco ese momento de desesperación en el mar, cuando parecía no quedar ninguna esperanza. Cuando aquella tentadora voz me dijo que me rindiera y me resignara a morir. Recuerdo que luché y gané".

Luchó, y ganó, para salvar su vida; pero también la de los demás. "Nosotros podemos salvarlos" se repitía Yusra, a cada embestida de las olas que no daban tregua.

Finalmente, tras unas tres horas y media nadando, llegan a Lesbos. Alivio. Han salvado la vida. Pero la pesadilla no se ha terminado. Sólo se ha transformado. Necesitan comer. Ducharse. Resguardarse del frío. Dormir. Pero nadie les acepta. Son sirios.

La peregrinación, la huida, continúa por Atenas, Macedonia, Belgrado y Hungría. Hasta que, tras varias estafas que les hacen perder la mayor parte del dinero que poseen, tras varias situaciones que están a punto de terminar con todo, consiguen cruzar la frontera hasta Alemania. Son pocos los que lo logran. Yusra y Sara lo hacen.

El sueño olímpico

Al llegar finalmente a Berlín, se alojan en un campo para refugiados. Es ahí donde hallarán la salvación definitiva. Una vez más, gracias a la natación. Yusra y Sara Mardini consiguen una prueba en un club de natación de la capital, y ambas son aceptadas en el equipo. Ahí serán descubiertos por Sven, el entrenador, que instantáneamente ve las cualidades competitivas y la determinación de Yusra. Pasarán a alojarse en la residencia de deportistas.

Y entonces, cuando comienzan una nueva tabla progresiva de entrenamientos –la propia Yusra reconoce que se encontraba muy lejos de sus mejores marcas- llegará la oportunidad de cumplir el sueño olímpico. El Comité Olímpico Internacional anuncia que va a presentar un Equipo Olímpico de Refugiados (ROT) para los Juegos de Rio de Janeiro 2016. Y que Yusra Mardini estará en él.

A pesar de las reticencias iniciales –Yusra manifiesta que por supuesto que quiere ir a los Juegos, pero por méritos propios, mediante una clasificación, no por el hecho de ser una refugiada-, finalmente decide acudir. Es consciente de que su figura se ha hecho grande en todo el planeta. Todos han querido contar su historia, y hay muchos jóvenes que la siguen. Muchos refugiados. Muchos que continúan en zonas de guerra. Y puede ser una inspiración para todos ellos. Una voz para todos aquellos que no tienen voz.

Así que Yusra Mardini acude a Río. Y compite en los Juegos Olímpicos. Gana su serie en los 100 metros libres, aunque no logra pasar a la siguiente fase. También participa en el 100 metros mariposa.

Pero, sobre todo, da a conocer su historia. Todos la quieren entrevistar. Todos quieren que relate su tremenda epopeya. La de una mujer valiente. La de una joven que lo tenía todo en su país, pero que tuvo que huir por un conflicto con el que nada tuvo ella que ver. Habla sobre las enormes olas con las que se encontraron. Del bote diminuto con demasiada gente que se hunde en el agua. De cómo tuvieron que estar más de tres horas en el mar para mantener la embarcación a flote. De cómo consiguieron llegar a Europa, y finalmente a Alemania. "Supongo que nadie sabe lo fuerte que puede llegar a ser hasta que le toca lidiar con la tragedia", repite.

Tras los Juegos de Rio fue nombrada embajadora de buena voluntad –la más joven, por cierto– del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Ha sido reconocida como una de las veinticinco mujeres que están ayudando a transformar el mundo, según la revista People.

Ahora, con 23 años, Yusra Mardini participa en sus segundos Juegos.