Sánchez y los asesinos de niños

Francisco José Alcaraz

El 18 de septiembre, si el Gobierno no paraliza esa infamia, la rebelión cívica estará en Mondragón.

2021-08-04

Muchos de los lectores de este artículo tendrán hijos de corta edad, otros tendrán nietos o hermanos pequeños, ninguno se puede imaginar la vida sin ellos, son los que llenan de alegría la casa y por los que uno daría la vida sin pensarlo. Otros no tendrán en su familia niños, pero no quita para que empaticen y entiendan que, por su corta edad y su inocencia, son los más vulnerables y hay que protegerlos.

Cada vez que conocemos un asesinato de un niño nos estremece, en mi caso intento evadir la información al respecto por el gran dolor que me produce pensar en lo que estarán pasando esos padres, abuelos o hermanos.

Creo que en esto coincidimos una gran mayoría de españoles, pero no es menos cierto que también hay una falta de empatía por parte de muchos otros, y también existen quienes justifican, jalean y homenajean a los asesinos de niños.

Entre esos niños que nunca dejarán de serlo está Silvia. Fue asesinada con un coche bomba mientras jugaba en su casa un 4 de agosto en Santa Pola (Alicante). Dieciocho años han pasado. Sólo tenía 6 años, y así es como será recordada siempre. Un dolor que, además de lo que supone la pérdida de un hijo, es doblemente cruel para los padres, porque en su corazón siempre quedará una niña a la que condenaron a no crecer y compartir con sus padres y hermanos el resto de su vida.

Son muchos los niños asesinados por ETA, tan sólo uno sería ya una cifra insoportable. Uno de los mayores asesino de niños de la banda terrorista es Henri Parot. Condenado a 4.800 años por 82 asesinatos, pronto quedará en libertad tras ser detenido en 1990 en Sevilla cuando se disponía a cometer una nueva masacre con un coche cargado con 300 kilos de amonal.

A este asesino tienen previsto homenajearlo el 18 de septiembre en Mondragón; un homenaje del que ni el Gobierno vasco ni el de Sánchez, con el indigno Marlaska al frente del Ministerio del Interior, se han preocupado de decir nada;por supuesto, ni lo han prohibido ni han denunciado esta ofensa a las víctimas del terrorismo y a tantos españoles.

Es inconcebible la miseria moral de una sociedad enferma que ha normalizado los homenajes a los asesinos de ETA, algo necesario para que Sánchez pueda seguir en el Gobierno con las manos manchadas de sangre al pactar con el partido de ETA, Bildu.

Por Silvia, por todos los niños asesinados por ETA, seguiremos reivindicando la justicia que todos merecen. El 18 de septiembre, si el Gobierno no paraliza esa infamia, la rebelión cívica estará en Mondragón.