¿Qué pasará con 'El País'?

Zoé Valdés

El País lleva décadas en franco 'destimbale', o sea, en clara autodestrucción.

2021-08-28

No tengo la menor idea de qué pasará en adelante con el diario El País, pero sí sé lo que ha venido ocurriendo de un tiempo a esta parte. Para nadie es un secreto que el periódico que otrora fuera lo que fue, líder de comunicación y tal, ya no es ni la sombra de su sombra.

El País lleva décadas en franco destimbale, o sea, en clara autodestrucción. No hay que ser de otro planeta, ni siquiera ser cubanos, que –como escribió Reinaldo Arenas– "venimos del futuro", y hasta desde otro planeta, para percibir que el excesivo empeño en conducir el periódico hacia una deriva extremista concordante con la ideología de una ultraizquierda impositiva, ignorante y poco enterada, o sea desleída y poco leída, sería y será su pérdida o decadencia.

El País abandonó el pensamiento preclaro, las ideas abiertas, la valentía, para abrazar una ideología cobarde que ha terminado por abrasarlo, reducirlo tras las llamas en cenizas. No es más un periódico, es una brasa ardiente que se desboronilla en volátiles restos; o, en el mejor de los casos, un ácido en estado puro y corrosivo. Da pavor asomarse a sus páginas, acercársele.

Fui una de las grandes lectoras de El País. En Cuba buscaba en los hoteles, sólo allí se conseguía (para turistas); a cuenta y riesgo de hallarlo y de que me sorprendieran con él, devoraba ediciones vencidas hacía años para, al menos, enterarme de lo que había sucedido en el mundo y no de lo que sucedía, por razones obvias de censura en el tiempo; en la actualidad evito entrar en su web.

Los titulares chirrían por su excesiva mala idea y conveniencia u obediencia. El neofeminismo (aunque no sólo) presenta la causa feminista como una especie de línea conductiva ideológica que en lugar de invitar a ser seguida, de estar pendiente, sólo ofrece repulsión. El más reciente artículo que ellos mismos han tenido que rectificar en redes sociales con una nota aclaratoria, acerca de una foto en Afganistán, de una cierta época en la que las mujeres afganas podían usar minifaldas, en el que se identifica la reproducción masiva en redes sociales de la foto con la islamofobia, resulta ya el martillazo letal que se han ganado por su tozudez.

El nivel es tan bajo y mediocre como no se había visto en muchos años en un periódico. Ni siquiera Le Lampadaire, el periódico de ultragauche de los sans domicile fixe (SDF) publicado en Francia, posee tan bajísima calidad y la mala entraña de los escritos de El País; por supuesto, pongo a salvo las grandes firmas, Mario Vargas Llosa, Javier Marías, que por suerte se han plantado con la honestidad que los caracteriza en medio de la debacle… Pero las firmas de estas mujercitas que, desde un feminismo acomplejado, emocionalmente genital, defienden el islam como si fuera la única vía beneficiosa y recomendada para las mujeres, es ya de risa, por no llorar. Sobre todo, conociendo lo que ese periódico intentó ser.

En primer lugar, aclaremos que la islamofobia no es ningún crimen. Las fobias existen y una persona puede padecer fobias frente a lo que le venga en sus reales ganas. De modo que ser islamófobo no es ningún delito, y mucho menos un crimen. Segundo, no se escribe de lo que no se sabe, cosa que ocurre con harta frecuencia; los que leen El País y luego comparten ese tipo de publicación observan en ese periódico textos de gente que no ha hecho más que graduarse de una escuela de periodismo –lo que no garantiza nada en este oficio– y cada vez más ideologizantemente idiota. La ideología izquierdista no sólo los ciega frente a la verdad, también les impide avanzar con el conocimiento, les impide pensar; por lo tanto, avanzar.

Desconozco cómo se hacen las contrataciones para ser periodista emplantillado en El País, pero lo que sí está claro es que no da la impresión de que son contrataciones, sino captaciones. De lo que el captado debe entonces entender que cuanto más extremista sea, más asegurará su plaza. Por lo cual, poco importa el periódico y mucho menos ejercer el oficio con dignidad, lo que importa es salvaguardar un puesto, cuidar de un salario, a cambio de escribir papilla ideológica que contente a los jefes y a los dueños.

Aunque, ojo, este fenómeno ocurre reiterativamente en la prensa, cada vez más ciegamente de izquierdas. Por lo que presumo que no sólo será el fin de El País, sino el fin de los medios de comunicación tal como los hemos conocido.