
El operativo de bioseguridad más mediático del planeta, se ha terminado convirtiendo en una estrategia política rastrera y que ha jugado con la salud de los españoles. La gestión del Estado en el puerto de Granadilla (Tenerife) ha sido delenznable y sobretodo peligrosa.
El despropósito comenzó a gestarse antes incluso del desembarco de los evacuados. Mientras las autoridades sanitarias decían tener un protocolo férreo frente a la cepa de los Andes, cuyo principal vector son los roedores, los buques amarrados en el mismo muelle exhibían sus discos 'guardarratas' rotos, descolgados e inoperativos. Una imagen de cómo el Estado apaga fuegos pero es incapaz de prevenirlos a tiempo.
Con la llegada del crucero MV Hondius, el Ministerio de Sanidad desplegó un teatro visual asombroso que no resistía el más mínimo análisis lógico. Vimos a los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y a la Guardia Civil pertrechados con trajes de protección NBQ (nuclear, biológico y químico). Un blindaje de nivel bélico que contrastaba con la realidad de los pasajeros españoles: los evacuados abandonaron el barco y se subieron a las guaguas a mano descubierta, sin un triste par de guantes. Las autoridades ordenaron precintar y embolsar todo el equipaje por "precaución", mientras permitían que las manos desnudas de los ciudadanos tocaran los pasamanos del muelle y de las guaguas
Un cayuco desbarata el perímetro marítimo
Por si la chapuza protocolaria no fuera suficiente, la frágil planificación del Estado sufrió una crisis con la aparición de un cayuco a la deriva en Costa del Silencio, a escasas 10 millas náuticas del foco de infección. La embarcación de Salvamento Marítimo encargada de patrullar y blindar el perímetro del puerto de Granadilla desapareció de su zona de cobertura, presumiblemente desviada para atender la crisis migratoria. El Gobierno ha sido incapaz de mantener simultáneamente la alerta sanitaria y el control de fronteras, dejando la "zona cero" del hantavirus desprotegida en su flanco marítimo.
Sectarismo político: ocultar la ayuda regional a costa de la seguridad
El capítulo más oscuro y bochornoso de esta crisis no es logístico, sino puramente político. En lugar de priorizar la salud pública, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha dedicado sus esfuerzos a una mezquina guerra de imagen institucional.
El Estado ordenó retirar una ambulancia del Servicio Canario de la Salud (SCS) que se encontraba junto al puente de mando. El objetivo de esta maniobra era que no quedara ningún rastro de apoyo por parte del Ejecutivo regional. La gravedad de esta decisión radica en que el Gobierno de España carece de medios propios de atención en caso de que ocurriera alguna emergencia en la zona. De hecho, tanto las ambulancias como el hospital de campaña habían sido instalados previamente por el SCS.
Pese a esta total dependencia de los recursos autonómicos, los Ministerios dirigidos por Mónica García (Sanidad) y Fernando Grande-Marlaska (Interior) ordenaron retirar durante la mañana las ambulancias del SCS ubicadas junto al puesto de mando. Como resultado de esta purga estética, en esa zona crítica ya solo se pueden ver los autobuses rojos de la UME destinados a trasladar a los pasajeros al aeropuerto.
El Gobierno central ha priorizado la propaganda, ha disfrazado a los militares mientras dejaba desprotegidos a los ciudadanos, ha colapsado ante la llegada de un cayuco y ha preferido retirar ambulancias antes que admitir que necesita al Gobierno de Canarias para salvar los muebles. Un auténtico escándalo sanitario y político.
Fuga con el traje de protección en la mano
Las cámaras de televisión han captado la ruptura total y absoluta de cualquier atisbo de prevención en el último eslabón de la cadena. Mientras los agentes de la Guardia Civil mantienen un control perimetral bajo estrictos procesos de protección de nivel 6, enfundados en sus equipos para evitar cualquier mínima fuga o contagio, un miembro del propio operativo dinamitaba todo el dispositivo a plena luz del día.
Tal y como han recogido las imágenes de laSexta, una de las personas que iba dentro del vehículo de traslados, el psicólogo de la guagua que llevaba a los españoles, se ha bajado a la salida del aeropuerto tinerfeño caminando tranquilamente por la calle con su traje EPI (Equipo de Protección Individual) quitado y llevado en la mano. Frente al celo extremo y el blindaje de las fuerzas de seguridad estatales que custodian el entorno, este individuo no ha pasado por ninguna zona de descontaminación, se ha saltado a la torera los procesos de sanidad y ha abandonado la cápsula de seguridad para irse a su casa. Una imagen que resume a la perfección la farsa del protocolo de un Ministerio de Sanidad que exige trajes espaciales para la foto, pero deja la puerta trasera abierta.



