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El informe que demuestra que la preocupación de Clavijo por los roedores no fue una ocurrencia

La Policía Nacional ya señalaba a los roedores como amenaza biológica central en su protocolo frente al hantavirus detectado en el crucero.

La Policía Nacional ya señalaba a los roedores como amenaza biológica central en su protocolo frente al hantavirus detectado en el crucero.
LD Canarias

Un protocolo interno de Prevención de Riesgos Laborales de la Policía Nacional demuestra que la amenaza de los roedores era un riesgo oficial, documentado y central en las medidas de seguridad del buque.

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La gestión de la crisis sanitaria siempre deja un rastro documental que termina por destapar la verdad frente al relato político. Un informe elaborado por el Área de Coordinación de Prevención de Riesgos Laborales de la Dirección General de la Policía el pasado 6 de mayo de 2026, pone negro sobre blanco las directrices de actuación frente al brote de hantavirus detectado en un crucero procedente de Argentina. Y las conclusiones de este documento oficial despejan de un plumazo los intentos de ocultar la realidad.
Hay que ser tajantes: Clavijo no se inventó la preocupación por los roedores ni actuó con un alarmismo infundado. Quienes intentaron ridiculizar esa hipótesis tienen ahora que enfrentarse a la literalidad del Ministerio del Interior. El protocolo policial define explícitamente el hantavirus como "un virus transmitido principalmente por roedores (a través de su orina, heces o saliva)". La amenaza es real y está oficialmente documentada.


Más aún, el documento establece de forma categórica que la "presencia de roedores o excrementos" es uno de los indicios clave de riesgo en cualquier evaluación previa. El peligro no es una invención mediática; el texto subraya en sus conclusiones que el riesgo en el ámbito policial es "fundamentalmente ambiental". De hecho, el informe detalla que la infección se produce principalmente por la inhalación de aerosoles contaminados procedentes de orina, heces o saliva de roedores y advierte del peligro específico en espacios poco ventilados o al manipular entornos con presencia de estos animales.

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El nivel de alerta que marca el protocolo para los agentes evidencia la gravedad de la situación y el foco principal del problema. La orden es estricta: está terminantemente prohibido "manipular nidos de roedores ni cadáveres de animales sin la protección adecuada". Además, se instruye a los agentes a evitar barrer, sacudir objetos o levantar polvo, confirmando que la principal vía de amenaza biológica es "la inhalación de partículas contaminadas procedentes de excreciones de roedores".


Los roedores no eran un mito o una exageración autonómica; estaban, de forma literal, en el informe oficial de la Policía Nacional. La amenaza que representaban sus excreciones y posibles nidos era el eje central del protocolo de seguridad. Queda en evidencia, una vez más, que mientras algunos se dedican a maquillar la realidad, los profesionales que están en primera línea ya manejan los documentos que certifican dónde reside la verdadera amenaza.

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