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Cuatro de cada diez universitarios canarios encuentran trabajo en el mismo trimestre que están terminando sus estudios

El 40,1% de los graduados en Canarias trabaja al acabar la carrera. El tejido empresarial premia el talento por encima de la titulitis.

El 40,1% de los graduados en Canarias trabaja al acabar la carrera. El tejido empresarial premia el talento por encima de la titulitis.
San Cristóbal de La Laguna | Pexels/CC0/Magic K

Detrás de cada uno de los 6.858 jóvenes que el año pasado recogieron su título en las universidades públicas de Canarias hay una transición ardua al mercado laboral. El Instituto Canario de Estadística (Istac) acaba de publicar los datos que muestran una realidad más pragmática y resistente de lo que dictan los tópicos sobre el desempleo juvenil. El 40,1% del alumnado titulado estaba trabajando en el mismo trimestre en el que concluyó sus estudios.

La cifra no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia sostenida. Si ampliamos la perspectiva a los doce meses posteriores a la graduación, la tasa de inserción laboral se sitúa en el 63,7%. Mirando atrás, en 2012 ese porcentaje apenas rozaba el 41,6%. Este avance de veintidós puntos en catorce años no se debe a la rigidez de los planes de estudio, sino a la maduración de un tejido empresarial canario que, a pesar de las dificultades del entorno, ha ganado dinamismo y capacidad para absorber el talento local. Las empresas de las islas necesitan aptitudes prácticas y las buscan directamente en las aulas.

Existe, además, un detalle que revela cómo el mercado valora las capacidades reales por encima de la burocracia. Casi un tercio de los estudiantes, el 31,9%, ya se encontraba trabajando en el trimestre anterior a graduarse. Esto significa que el tejido productivo premia la iniciativa del individuo antes incluso de que lo haga el título oficial. La experiencia práctica y la acción humana empiezan a pesar más en el mundo real que la titulitis.

La realidad de la oferta y la demanda

El informe también funciona como una lección natural sobre cómo la sociedad civil remunera y valora las distintas disciplinas.

Ingeniería, Arquitectura y Salud: son las ramas que actúan como un imán. El 46,4% de los ingenieros tiene trabajo nada más licenciarse, una cifra que se consolida en el 72,4% al año de salir de la facultad. En Ciencias de la Salud, la urgencia de estos profesionales eleva la tasa de empleo hasta el 77,3% en sus primeros doce meses.

Ciencias Puras y Humanidades: en el otro extremo, las disciplinas científicas puras registran solo un 23,1% de empleo inmediato al concluir los estudios, mientras que Artes y Humanidades experimenta un encaje mucho más complejo en el tejido productivo, quedándose en una tasa de inserción del 44,8% al año del egreso.

Estas diferencias sustanciales evidencian que el mercado laboral emite señales de precio y utilidad claras. Quienes eligen carreras técnicas o sanitarias responden a la demanda de las empresas, obteniendo un retorno laboral más rápido. Por el contrario, los graduados en disciplinas con menor inserción se enfrentan a un camino más largo, donde la adaptabilidad y la reinvención personal acaban siendo las herramientas definitivas para abrirse paso.

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