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Cataluña: tierra de acogida para traficantes, sicarios e islamistas

Que Barcelona se haya convertido en escenario de ejecuciones a plena luz del día no ha sucedido de un día para otro. La ciudad es un edén para los criminales.

Que Barcelona se haya convertido en escenario de ejecuciones a plena luz del día no ha sucedido de un día para otro. La ciudad es un edén para los criminales.
Mossos d'Esquadra junto en la calle Balmes, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi de Barcelona, donde este miércoles un hombre ha sido asesinado a tiros, muy cerca de una comisaría de la Policía Nacional. | EFE/ Alberto Estevez

Los políticos catalanes de todo signo y condición no hacen más que decir que Cataluña es "tierra de acogida". El Papa mismo ha tenido que aguantar unas palizas de órdago sobre la paradisíaca condición de la "nació", el único Dios verdadero de cualquier catalanista. Tantas veces lo repiten que apesta a excusatio non petita. Tierra de acogida, sí. De mano de obra barata siempre, venga de donde venga.

El caso es que en esta especie de Shangri-La que se ha dignado visitar su santidad León XIV, la fórmula "tierra de acogida" también podría ser el nombre de una serie televisiva sobre mafias balcánicas, mocro mafias, bandas latinas y tríadas orientales. No hay agrupación delictiva del gremio que sea ni especialidad criminal que no esté representada en el oasis catalán. Una prueba de ello es el último crimen con el Papa en Cataluña, un ajuste de cuentas perpetrado al lado de un colegio y una comisaría, entre otros concurridos establecimientos.

Que Barcelona se haya convertido en el escenario frecuente de ejecuciones en plena calle y a plena luz del día no ha sucedido de un día para otro. La ciudad y su región son un edén para los criminales. Poca policía, leyes blandas, juzgados desbordados, cárceles de lujo, descontrol inmigratorio sin fronteras, turismo masivo, posición geográfica ideal para la logística del delito... Todo son ventajas para el desempeño de sus oficios.

A todo ello hay que añadir la irracionalidad política del proceso separatista mientras la región se caía literalmente a pedazos. Tanta desatención por la aburrida realidad se ha traducido en fractura social, penurias económicas, colapso de los servicios públicos y una creciente inseguridad ciudadana. En este favorable contexto, bandas, clanes, familias y sociedades dedicadas al crimen han convertido Cataluña en una Ketama a gran escala en la que se cultiva, se procesa y se exporta la mayor parte de la marihuana que circula por Europa.

Y así es como la California del Sur de Europa o la Dinamarca del Mediterráneo, según las ensoñaciones catalanistas, se parece cada vez más a una inmensa favela sin leyes y con fecundas plantaciones de psicotrópicos. A eso hay que añadir que la región también va por delante en implantación de islamistas. La mayoría de las operaciones sobre ese terrorismo se producen en Cataluña. Pero oye, que el Papa ha hablado en catalán.

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