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Si Goya reviviera...

Pese a sus reivindicaciones, los actores de los Goya no apostaron por los diseñadores españoles.

Katy Mikhailova
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Los ganadores de los Goya | Efe

Si Francisco Goya reviviera vestiría de Roberto Verino o Lorenzo Caprile y llevaría relojes Toro Watch con el Toro de Osborne que nos saluda cuando vamos por las carreteras españolas; y no se enfundaría, ni mucho menos, en Cavallis, Guccis o Truccis como la gran mayoría del lobby de los actores. ¿Por qué? Porque Goya fue un español de pura cepa, un español de raza y un español orgulloso de serlo. Porque, amigos, no es cuestión de ser y sentirse de un sitio o de otro. Se es y punto. Se quiera o no. Primero se es; después se siente.

Goya no se dedicaba a echar pestes por doquier por dejar de recibir subvenciones. Él se ganaba la vida pintando, evitando vivir de las ayudas estatales. Era un fiel amante de las tauromaquias que retrataba en sus lienzos; y no como algunos de estos progres que, con la cabeza muy alta, alzando el puño cerrado y con una camiseta del Che Guevara, gritan "¡No es mi fiesta nacional!". Y a mí plin que no lo sea… como dicen ahora. Tampoco es mi fiesta nacional los domingos con los Premios Goya, que aún no entiendo por qué son retransmitidos por TVE, con la barbaridad de memeces que se dicen en dicho acto contra el Gobierno.

"Soy antitcapitalista, pero vivo en EEUU; soy comunista, pero mi casa está en Beverly Hills; soy defensor de los trabajadores, pero llevo a cabo un ERE en la empresa familiar porque el Gobierno no me ayuda- Firmado: Soy Bardem y molo mucho".

Lo curioso es que al gremio de la moda de la alta costura española tampoco les está yendo muy bien –se les retiraron también las pocas subvenciones que recibían los diseñadores- y son pocos los actores que ayudan a la ‘Marca España’. Fíjense bien en el resumen, por países, que hago de esta edición de los Premios:

Prefirieron Italia Blanca Romero, Elena Ballesteros y Ana Belén con vestidos de Giorgio Armani; Aura Garrido y Andrea Duro optaron por Alberta Ferreti; Roberto Cavalli se materializó en las prendas que portaron Macarena García y Kira Miró. Mientras tanto, viajando a otro continente donde sí muestran y difunden la bandera nacional, el orgullo norteamericano recayó voluntariamente sobre los cuerpos de Dafne, quien fue de Carolina Herrera; de Mar Saura, con Michael Kors; y de Norma Ruiz, que portó un vestido de Donna Karan. Francia no era para menos… por lo que Zuhair Murad, aunque sea de origen libanés, al mamar de la cultura gabacha y al presentar en París sus desfiles, fue la apuesta de Juana Acosta y Clara Lago. No voy a negar el inmenso talento de este creativo; Christian Dior fue la apuesta de Manuela Velasco y Marisa Paredes; y María León eligió Lanvin.

Dior… me trae bonitos recuerdos… El año pasado, Maribel Verdú, tras salir en anuncios del Banco Santander unos años antes, le dedicaba su Goya a los desahuciados, enfundada en un vestido de Christian Dior con joyas de la italiana casa Bulgari.

También en el tintero me dejo a Elie Saab, libanés, cuyo vestido llevó Blanca Suárez. Michelle Janner, nuestra Isabel La Católica, fue de Naeem Khan –India- y Nieves Álvarez, quien parece que tiene intención de apoyar la Marca España por su programa en TVE, fue de Ralph and Russo –Inglaterra-.

Vamos… que poca materia española huelo yo aquí. Aunque los hubo y con preferencia les menciono. Paula Echevarría optó por un vestido de Dolores Promesas; Jorge Vázquez vistió a Gracia Querejeta y Ana Fernández; María Adánez y Celia Frejeiro fueron de Paule Ka; María Álvarez se enfundó con un traje de Miriam Ocáriz; Lucía Jiménez optó por apoyar a Adolfo Domínguez, a pesar de la dura situación económica por la que está pasando la empresa; Miriam Giovanelli fue de María Escoté; Lorenzo Caprile no se puede quejar porque vistió a Belén Rueda, a Nathali Pozas, Marta Etura y a Macarena Gómez quien, además, acompañó su vestido verde con una estola de zorro del peletero Miguel Marinero. Y así… unos pocos más que me he dejado en el tintero.

Pero podemos calcular, objetivamente, que los actores españoles siguen prefiriendo el género extranjero. Como nosotros el cine. ¡Que no se quejen!

Salió Inma Cuesta en algún momento solidarizándose con los despidos de Coca Cola. Pero, ¿qué diantres, -explíquenme, por favor-, tiene que ver la empresa de refrescos americanos con el cine y la cultura?

Sorprendida estoy de que, con tanto ruido y pocas nueces, aun Francisco de Goya y Lucientes no se haya levantado de su tumba para venir y decir ‘¡Basta. Lo que no se puede mantener por sí solo es que no funciona!’. Pidiendo, además, que dejen de politizar su nombre, utilizándolo para restregarle al nuevo Gobierno que es "injusta" e "insolidaria" la situación en la que se encuentran y pidiendo a voces que María Ángeles González Sinde vuelva algún día para salvarles.

No va a volver. De eso no me cabe la menor duda. Ella está muy cómoda escribiendo sus novelitas. Pero la realidad es que estos actores algo deberán de estar haciendo mal. ¿No se han parado a pensar que si su cine no triunfa es por algo? ¿Porque no gusta, por ejemplo? Es mejor que Goya no resucite porque le daría un infarto.

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