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Mónica Randall, en la cama con Miguel Bosé en 'Retrato de Familia'

Mónica Randall cumple 72 años y lleva cinco retirada. Entre sus escenas más famosas, las que compartió con Miguel Bosé en Retrato de familia.

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Mónica Randall representó en el cine de la Transición el símbolo de la española liberada, elegante, cosmopolita y sin prejuicios. Cierto es que no siempre le encomendaron papeles de este corte. Como ella misma me decía: "Me encasillaron en papeles frívolos". Se llama en realidad Aurora Juliá Sarasa, natural de Barcelona, y cumple el martes 18 de noviembre setenta y dos años. Con su nombre verdadero y el primer apellido desarrolló su primera etapa profesional y a partir de los primeros años 60 apareció con frecuencia en telenovelas y "Estudio 1" de TVE al tiempo que hacía sus primeras incursiones en el cine.

En sus sesenta y pico películas no recordamos especialmente ningún gran papel protagónico, entre comedias y varios "westerns", pero sí tuvo en general una notable y continua presencia en la gran pantalla por su indiscutible belleza y desde luego un estimable estilo interpretativo. A veces se vio obligada a lucir sus encantos femeninos más de la cuenta pero sin incurrir jamás en el mal gusto, la procacidad o el gratuito desnudo. Así, recuerda que jamás rodó un desnudo total y que en todo caso ella no cree haber sido una habitual del cine del destape. Pero sí que los hizo, por eso la incluimos en esta serie. De sus más felices interpretaciones destacamos: Mi querida señorita, de Jaime de Armiñán, donde ejercía de prostituta al lado de un sensacional López Vázquez en el trance de aceptar su condición masculina, hasta entonces no reconocida. También tuvo un papel en la coproducción de Terence Young El sol rojo, con Alain Delon y Charles Bronson, aunque celebremos más sus apariciones en Cría cuervos, dirigida por Carlos Saura; La escopeta nacional, primera entrega de las trilogía de Luis García Berlanga y, sobre todo Retrato de familia, de Antonio Giménez Rico.

En La escopeta nacional, de 1977, se produjo una circunstancia singular: era, creemos, la primera vez que se escuchaban unos diálogos en catalán en el cine español desde 1939. Los que sostenían los personajes encarnados por José Sazatornil "Saza" (un industrial barcelonés tratando de hacer negocios en una cacería con prohombres del franquismo) y el de su querida en la ficción, que personificaba Mónica Randall, exhibiendo generosamente su figura con ligueros. Pero cuando esta bellísima actriz nos mostraba más su anatomía, con la sensualidad requerida, fue en la adaptación que se hizo de una conocida novela de Miguel Delibes. Se contaban, entre otras cosas, las relaciones de un respetado caballero con su amante y asimismo las prácticas amatorias entre ésta y un hijo de aquél. Mónica Randall adiestraba a un imberbe Miguel Bosé en tales menesteres sexuales, metidos en la cama, donde simularon con éxito unas fogosas escenas, controladas por el realizador, ya advertido por el mencionado escritor vallisoletano de que la historia no debiera escandalizar a nadie.

Retrato de familia constituyó un buen negocio para su productor, a la sazón novio de Mónica, el santanderino José Sámano. Cuando se rodaron las tórridas escenas sólo estuvieron presentes él, junto al director y el operador jefe. Claro que la encargada de la foto-fija se saltaría las normas de lealtad con la productora y vendió a Interviú una colección de fotos de la pareja encamada, con el consiguiente berrinche sobre todo de Mónica Randall, quien hasta entonces sólo había aparecido en algunos reportajes ligera de ropa, pero no despelotada, en Fotogramas y alguna otra publicación. "Si yo no me presté a quitarme las bragas sin venir a cuento en ninguna película menos lo iba a hacer posando así para ningún semanario, aunque me lo propusieron varias veces, con dinero por medio. De haber querido, me hubiera forrado con desnudos totales". Mas, volviendo a Retrato de familia, el día de su estreno en Barcelona la actriz acudió en compañía de su padre, ya viudo, hombre recto, conservador, que lo pasó mal al verla semidesnuda.

De su densa experiencia profesional, la actriz sólo recordaba un triste episodio, que ella resolvió contundentemente cuando en un rodaje en Italia el director de la película, que trataba de seducirla a toda costa, se introdujo en el camarín de Mónica con la clarísima intención de violarla, situación muy tensa de la que se defendió con uñas y dientes hasta que, de un fuerte empujón, aquel estúpido acosador dio con sus huesos en el suelo. Rodó Mónica Randall otros filmes de cierto interés, como el primero que dirigió Bigas Luna, Tatuaje; El divorcio que viene, junto a José Sacristán, que fue su pareja sentimental durante algún tiempo; Últimas tardes con Teresa; Mi general… Amén de su faceta de actriz, se lució como presentadora en varios programas de televisión, medio en donde asimismo fue entrevistadora de grandes personajes ("Mónica de medianoche"), tales como Indira Ghandi, Willy Brandt, Sirikit de Thailandia, Valentina Tereshkova, Yves Montand, Mikis Theodorakis

Mediados los años 90 se retiró del cine y apareció en la serie televisiva Juntas pero no revueltas y años después en Ana y los siete. Su último trabajo, parece que definitivo, fue en 2009 cuando, después de treinta y cuatro años se subió a un escenario para representar Una comedia española, dirigida por su colega y paisana, la estupenda actriz Silvia Munt. Es una lástima que nos privemos de seguir admirando la belleza y el talento artístico de Mónica Randall, de abierto carácter, bienhumorada, muy querida entre las gentes de su profesión y el periodismo del espectáculo. Sigue soltera. Aparte de sus amores mencionados, también estuvo relacionada con el infortunado, desaparecido gran actor, el galán Ricardo Merino, Y se dice que Jeremy Irons vivió los vientos por ella, aunque no prosperara el romance. Mónica, que sufrió hace bastante tiempo un infarto de miocardio del que afortunadamente se recuperó, tiene ahora el corazón tranquilo. No siente nostalgia del pasado y, libre siempre como un pájaro, prefiere viajar muy a menudo y gozar de la vida lejos de los focos y las candilejas.

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