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La mujer de Franco regaló a la reina Fabiola una corona con piedras falsas

Se han cumplido 55 años de la boda de la reina Fabiola.

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La mujer de Franco regaló a la reina Fabiola una corona con piedras falsas
Boda de Balduino y Fabiola | Cordon Press

El 15 de diciembre de 1960 tuvo lugar un acontecimiento nupcial: el regio enlace de Balduino de Bélgica con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón. El novio contaba treinta años; la novia, dos más. Cuarenta representantes de las Casas Reales europeas asistieron a la ceremonia, celebrada en la iglesia de San Miguel y Santa Gúdula, en Bruselas. Entre ellos la princesa Margarita de Inglaterra, hermana de la reina Isabel, recién casada con el fotógrafo Tony Armstrong-Jones. El príncipe don Juan Carlos, aún soltero, tuvo como pareja a la duquesa de Alba, con quien bailó muy animadamente. Los marqueses de Villaverde se hallaban entre los invitados. Se temía en algunos círculos políticos belgas que asistiera el general Francisco Franco, pero el Jefe del Estado español sabido es que no viajaba fuera de nuestras fronteras y fueron contados sus desplazamientos (en Hendaya, para entrevistarse con Hitler; en Bordighera, para reunirse con Mussolini y en tierras portuguesa, en un encuentro con el asimismo dictador Oliveira Salazar).

Doña Carmen Polo de Franco se encargó personalmente de elegir el regalo para Fabiola, tomando en ello especial interés tratándose de una española que se convertía en soberana de los belgas. Consistió en una llamativa corona, que ella lució en la víspera de su boda, en un baile de gala celebrado en el Palacio de Laeken. Alguien de la Corte insinuó a nuestra compatriota que la corona que portaba era más falsa que Judas. De pedrería "ful". Nada de rubíes, esmeraldas, oro o plata. Cristales de colorines más propios del atrezzo de una película de época. Fabiola no volvió a colocarse semejante regalo, del que nunca más se supo.

Ningún periodista español, si es que se enteró del asunto, publicó nada al respecto. En el supuesto de que lo hubiera hecho se habría jugado su porvenir. ¿Cómo es que una experta en joyas como doña Carmen Polo de Franco no advirtió el fraude? ¿Fue engañada a propósito? ¿Dónde adquirió la pieza, en una tienda de anticuarios, en una joyería…? Más pareciera que se la hubieran vendido en el Rastro.

Por lo demás, aquella boda real de la que ahora se han cumplido cincuenta y cinco años fue seguida por millones de telespectadores. Era la primera vez que TVE conectaba con Eurovisión. Se vendieron miles de televisores, cuando las emisiones en blanco y negro eran aquí todavía rudimentarias. Y los semanarios "se pusieron las botas", muy en concreto ¡Hola! y Sábado Gráfico, que fueron los primeros en aparecer en la calle con una edición especial. Los recién casados se habían conocido en una fiesta organizada en Lausanna por la que fuera reina de España Victoria Eugenia de Battenberg. Quiso la anfitriona que su nieta Pilar, hermana de don Juan Carlos, simpatizara con Balduino, pero la futura duquesa de Badajoz lo encontró poco atractivo. En cambio, el entonces príncipe belga se fijó en Fabiola. Se verían en Lourdes, en encuentros semisecretos. Disfrazados, incluso. Hasta que se casaron.

La ansiada maternidad que buscaba la reina no se produjo, tras cinco desgraciados abortos. Pero, qué duda cabe, fueron muy felices por otra parte. Dos almas gemelas unidas por el amor y su reconocida religiosidad. Hasta el punto era católico ferviente el rey belga que durante treinta y seis horas renunció a la corona para no verse obligado a firmar la ley de despenalización del aborto.

Balduino y Fabiola venían de vacaciones a España en verano y en algunas otras épocas de año, con preferencia a Motril, donde descansaban en su chalé Villa Astrida, hasta cuyas puertas recuerdo haber llegado un día, tras atravesar un kilómetro de plantación de caña de azúcar. En otras ocasiones preferían ir a Zarauz, donde Fabiola poseía una residencia de sus antepasados, lugar que les permitía navegar y practicar la pesca. Alguna vez fueron también a una finca cordobesa, en Hornachuelos, donde recordaban haber disfrutado del viaje de novios.

El 31 de julio de 1993 Balduino falleció mientras contemplaba plácidamente una puesta de sol en la terraza de su villa granadina. A su regreso a Bélgica, Fabiola, desolada, hubo de abandonar, meses más tarde, el que había sido su hogar, el palacio de Laeken. Era muy querida de los belgas, que no la apearon de su regia dignidad. Tenía ochenta y seis años cuando se fue de este mundo, hará algo más de un año, el 5 de diciembre de 2014.

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