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El ministro Serrano Suñer, cuñado de Franco, fue amante de la marquesa de Llanzol

Un gran escándalo que pudo derivar en la boda de su hija, Carmen Díez de Rivera, futura musa de la Transición, con su propio hermano de padre.

Un gran escándalo que pudo derivar en la boda de su hija, Carmen Díez de Rivera, futura musa de la Transición, con su propio hermano de padre.
Serrano Suñer, la marquesa y Carmen Díez de Rivera | Archivo

Telecinco ha programado este martes, 22 de noviembre, y durante cuatro semanas, la emisión de una serie basada en el libro de Nieves Herrero Lo que escondían sus ojos, donde se narran los amores adúlteros de quien era entonces, al terminar la guerra civil, la mano derecha de Francisco Franco, además de ser su cuñado, Ramón Serrano Suñer. Unos amoríos mantenidos durante quince años, entre 1940 y 1955, con Sonsoles de Icaza, Marquesa de Llanzol, una de las damas más bellas de la vida madrileña, caracterizada también por su elegancia, como demostraba en sus apariciones vestida por el famoso modista de Guetaria, radicado en París, Balenciaga. Tanto el ministro de Asuntos Exteriores como su amante estaban casados. Él con Ramona (Zita) Polo, hermana de Carmen Polo de Franco, padres de seis hijos, en tanto ella había dado a luz a tres. Pero fue más fuerte la pasión que les unió desde que se conocieron en una recepción.

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Blanca Suárez y Rubén Cortada | Telecinco

Arriesgó mucho en aquellos amores Serrano Suñer, que había contribuido decisivamente a la política franquista, por ser un prestigioso abogado, al diseño programático del régimen. Y eso contribuyó a su caída, en la que tuvo mucha influencia la esposa del Jefe del Estado, que no podía consentir que le pusiera los cuernos a su hermana de una manera harto conocida por aristócratas y personas relevantes de la sociedad madrileña. En cuanto al esposo de la marquesa de Llanzol, era un héroe de guerra, militar de alto rango que aportó su título aristocrático al matrimonio, enterado de que su mujer, a la que llevaba bastantes años de diferencia, le engañaba con el Ministro, optó por aceptar aquellas relaciones para mantener ante la opinión pública su estado civil, aun a sabiendas de que era objeto de comentarios entre amigos de la pareja, algunos como puede suponerse de dudoso gusto. Y cuando el prolongado romance entre el político y la marquesa acabó, el marido de ésta continuó siendo comprensivo, al manifestarle a Sonsoles Icaza su gran amor desde que se enamorara de ella siendo muy jovencita.

La marquesa de Llanzol fue madre de una hija, fruto de sus amores con Serrano Súñer. Nació en 1942 y fue inscrita en el Registro Civil como Carmen Díez de Rivera de Icaza, naturalmente aceptada por el Marqués como si fuera hija suya. No le hubiera sido posible entonces a Serrano Súñer haberle dado su apellido. El Marqués de Llanzol se portó hasta su muerte como un verdadero padre para Carmen, y ella correspondió a ese cariño, sin haber tenido nunca trato con su padre biológico, del que no supo su identidad hasta que vivió un doloroso episodio sentimental.

En círculos aristocráticos de la España de posguerra e incluso de posteriores décadas, la aventura de Serrano y Sonsoles era conocida, sobre todo desde el nacimiento de Carmen, pues en los primeros tiempos de aquel romance el ministro llevó con suma discreción sus encuentros extramaritales: se reunían en diferentes pisos que el político controlaba por pertenecer al área de su Ministerio, y sólo estaban en el secreto su chófer y un reducido número de personas que atendían tales viviendas. Dado el poder que ostentaba Serrano Suñer nadie osó dar a conocer públicamente la historia y desde luego los periódicos y las escasas revistas de información general que entonces se editaban aquí silenciaron aquellas relaciones. La censura franquista, que en su primera época dirigió el propio Ministro, no iba a permitir la publicidad de tal adulterio. Y como tampoco ninguna de esas publicaciones dedicadas al ocio se caracterizaban por atender amores y amoríos, la personalidad de Carmen Díez de Rivera fue desconocida hasta la llegada de la Transición.

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Serrano Suñer, Franco y Mussolini | Cordon Press

Pero antes fue protagonista de una terrible depresión, aunque tampoco se dio a conocer en los medios informativos. Fue cuando mantuvo un noviazgo con un joven de buena familia. ¡Y tanto…! Se llamaba… ¡Ramón Serrano Polo! Era hijo de Serrano Suñer y Zita Polo, lo que ella, por supuesto, ignoraba. Nadie de su entorno se había atrevido nunca a comunicárselo. El caso es que tan ilusionada estaba con el tercer hijo del ministro que la pareja inició los trámites para casarse. Carmen era cuatro años mayor que su amor. Llegó el momento, enterada la marquesa de Llanzol de los planes matrimoniales de su hija, que ya no había otra solución que hacerle comprender la imposibilidad de que aquella boda pudiera celebrarse. Fue una tía de Carmen, la novelista Carmen de Icaza, junto a un monje dominico quienes se encargaron de abrirle los ojos de la mejor manera posible: Ramón, su novio, era su hermano de padre. Y Carmen Díez de Rivera se derrumbó. También fue casualidad que fuera a enamorarse de aquel joven, pero es que se conocían desde que eran adolescentes. Y nadie previno a ninguno de los dos de que tenían la misma sangre. Y no se comprende que los padres de ella y él no lo hicieran hasta que les dieron a conocer su compromiso nupcial. Ni el mejor culebrón sudamericano podría mejorar esta historia real.

Carmen contaba diecisiete años cuando el destino la castigó con aquella desgracia. No olvidaría la fecha: el 28 de diciembre de 1959. Tremenda inocentada. Pasaron los años. Víctima de un persistente insomnio, viajó a París, y a otros lugares de Suiza, para recobrar su salud. Le daba vueltas permanentemente a la cabeza sin saber cómo orientar su futuro, resolviendo ingresar en un convento de monjas de clausura localizado en Arenas de San Pedro. Pero tampoco allí encontró la paz que buscaba y se fue a Costa de Marfil, como cooperante en una ONG. Tras una larga ausencia de Madrid volvió a su casa familiar, donde se enfrentó airadamente a su madre. Cómo sería que ésta la echó del hogar. Y fue cuando Carmen mostró su rebeldía entre sus amistades. Eran tiempos excitantes de la política española y se convirtió en directora del Gabinete del presidente de Gobierno Adolfo Suárez, desde el 13 de julio de 1976 al 13 de mayo de 1977. Ella, más de una vez por propia iniciativa, tuvo encuentros con políticos de la izquierda, como Santiago Carrillo, al que invitó a tomar un chinchón para cambiar impresiones la primera vez. No era votante de UCD. La llamaron "musa de la Transición". La conocí en ese tiempo y doy testimonio de su extraordinario sentido de la comunicación inmediata, simpatiquísima, muy inteligente, que mantenía contactos con políticos, periodistas, y personajes influyentes de esa época con absoluta naturalidad. Se rumoreaba que flirteaba con el PCE y el PSP de Tierno Galván, partido este último al que se vinculó. Terminó como diputada del Parlamento Europeo, en Estrasburgo, afiliada ya al PSOE. Respecto a si mantuvo relaciones sentimentales después de aquel noviazgo con su hermano Ramón, públicamente no se le conocieron ninguna. Pero se especuló con haber sostenido algo más que un contacto profesional con Adolfo Suárez. Y hasta se publicó el rumor de que su amistad con el Rey don Juan Carlos pudo haberse extendido a encuentros de mayor intimidad.

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Carmen Díez de Rivera | Archivo

En el otoño de 1996 se le detectó un cáncer de mama, que se extendió rápidamente por todo el cuerpo. La intervención quirúrgica a la que se sometió no atajó su irreversible final, el 29 de noviembre de 1999. Tenía cincuenta y siete años. Parece que poco tiempo atrás su padre biológico la llamó por teléfono. Jamás se vieron. Informado Serrano Suñer de la muerte de Carmen, quien entonces ya había enviudado y contaba noventa y ocho años, sólo comentó a una persona de su entorno: "¡Qué lástima! Era la hija que más se parecía a mí". El político, que había dejado la política en 1942 tras dejar el Gobierno por decisión de su cuñado, Francisco Franco, se dedicaría a su bufete de abogado. Se fue de este mundo en septiembre de 2003. En cuanto a su gran amante, Sonsoles de Icaza, a la que dejó él con desesperación de ella, falleció en enero de 1996.

Los papeles protagonistas de la serie que este martes inicia Telecinco sobre la historia que les hemos contado están a cargo del cubano Rubén Cortada, que el pasado 10 de octubre cumplió treinta y dos años. Encarna a Serrano Suñer. Este galán al que descubrimos en el personaje de Frank, en El Príncipe y ha aparecido recientemente en Olmos y Robles, abandonó la carrera de Ingeniería para ganarse la vida como modelo, después de vivir con su familia en condiciones modestas. Es padre de una hija de tres años, fruto de su relación con su compatriota, la modelo Susana Pino. Respecto a quien da vida a la marquesa de Llanzol, Blanca Suárez, cumplió no hace mucho veintiocho años y sentimentalmente está unida desde hace un año al actor Joel Bosqued.

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