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Carmen Franco cumple 91 años y es dueña de una gran fortuna

La única hija de Franco y Carmen Polo cumple 91 este sábado. 

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La única hija de Franco y Carmen Polo cumple 91 este sábado. 
Carmen y su marido el marqués de Villaverde | Cordon Press

Carmen Franco Polo, la única hija que tuvo el general Francisco Franco de su matrimonio con Carmen Polo, cumple noventa y un años este sábado, 16 de septiembre. Nació en Oviedo tal día del año 1926 siendo bautizada como María del Carmen Ramona Felipa de la Cruz. Familiarmente fue llamada Nenuca. Estuvo casada con Cristóbal Martínez-Bordiú, padres de siete hijos. Sus estudios se limitaron a las clases de Bachillerato que le impartió una monja teresiana, pero no hay constancia de que se examinara oficialmente ante ningún tribunal acreditado. Todas sus labores a lo largo de los años estuvieron relacionadas con asistencia social en diversos estamentos, como la Asociación Española contra el Cáncer, de la que fue presidenta. Aunque requerida en vida de su padre a fiestas y acontecimientos, tampoco se excedió en ello ni hizo gala de que le entusiasmaran. Tal vez uno de los más populares, que se reflejaban en las páginas de los medios informativos durante la década de los 60 particularmente, fueran los premios taurinos Mayte, a los que no solía faltar esos años dada la amistad que mantenía con la propietaria de tal restaurante, a menudo centro de tertulias de autoridades y prebostes del franquismo. Por lo demás, su única actividad cercana a la política, si así puede entenderse, fuera la de realizar algunos viajes con su marido, fuera de España, representando a su padre, el Jefe del Estado, como por ejemplo la boda de nuestra compatriota Fabiola con el rey Balduino de los belgas, y algunos otros a Filipinas, país que frecuentaron. El rey Juan Carlos de Borbón, a la muerte del General, concedió a Carmen Franco el título de Duquesa de Franco, lo mismo que a la viuda, el de Señora de Meirás. En el primer caso, tuvo el Soberano la sensibilidad suficiente para agradecerle que le cediera en propiedad el texto del testamento del General a los españoles, que ella misma escribió a máquina en vísperas de que su progenitor falleciera.

Carmen Franco, dama afable que por lo común aparecía fotografiada con una amplia sonrisa dejando traslucir su considerable dentadura, herencia genética materna, fue como casi toda la familia del General una gran desconocida para los españoles. Sus únicas apariciones en el No-Do o en reportajes gráficos tomados en acontecimientos familiares u oficiales eran las únicas referencias que tuvimos, al menos hasta el decenio de los 60. No concedía entrevistas periodísticas, pero ya en los años finales de ese periodo ya aceptaba algunas, siempre que fueran breves y nada comprometidas, meras conversaciones coloquiales. Y ya fallecido su padre, mantuvo esa misma actitud, con alguna excepción en décadas posteriores, más accesible a la prensa. Yo mismo recogí sus palabras en una grabadora, con su característica voz aguda, herencia paterna. Al interesarme en un par de ocasiones por las supuestas memorias que existieran inéditas del General, me dijo que no había tal cosa, sino papeles y documentos que aún la familia no se había decidido a ordenar y menos aún a darlos a la luz pública. Quien fuera por poco tiempo su yerno, Jimmy Giménez-Arnau, me confió ya separado de Merry Martínez-Bordiú Franco que todo eso estaba dentro de medio centenar de cajas lo que, en gran parte y junto a valiosas joyas sobre todo, los marqueses de Villaverde (es decir, Carmen Franco y su esposo) habían dejado a buen recaudo en uno de sus múltiples viajes a Manila, suponemos que en la caja fuerte de algún banco. En Filipinas mantenían una estrecha relación con la presidenta Imelda Marcos.

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La familia al completo | Cordon Press

No se le conocen que tuviera más novios que Cristóbal Martínez-Bordiú, cuatro años mayor él. Mantuvo antes algún escarceo, precisamente con un hermano de éste. La primera vez que se vieron parece ser fue en La Granja, en uno de cuyos cuarteles él cumplía con sus deberes militares. Cristóbal gustaba de lucir uniformes vistosos, como los que lo acreditaban de perteneciente a diversas Órdenes del pasado. Contrajeron matrimonio el 10 de abril de 1950. Una boda por todo lo alto celebrada en el Palacio de El Pardo, donde la pareja vivió cierto tiempo, hasta que se buscaron un nido propio en el centro de Madrid. Fue "un braguetazo", término coloquial muy expresivo. Incluso uno de sus hijos menores, José Cristóbal, así lo contaba en un libro de recuerdos. Lo que llevó a algún ingenioso castizo a componer esta cuarteta que, de boca en boca, corrió por los corrillos madrileños, con la discreción que ello suponía, para que no fuera oída por algún agente de la autoridad: "La niña quería un marido, / la mamá quería un marqués, / el marqués quería dinero, / ¡ya están contentos los tres!". En unos pocos años, familiares y parientes cercanos del marqués de Villaverde (título que le cedió su madre, de familia aristocrática) se lucraban con ostensibles negocios.

La vida familiar de Carmen Polo desde su boda hasta unos años antes de la muerte de su marido, en 1998, transcurrió sin problemas relevantes, ocupada sobre todo de sus siete hijos, aunque en realidad, dado que a ella le gustaba mucho viajar, quien en verdad los crió y casi educó fue una "nanny" inglesa que tenían. Conforme pasaban los años, el marqués de Villaverde se procuraba amistades femeninas dentro del propio círculo social que frecuentaba el matrimonio. Algunas amigas de Carmen, incluso casadas, sucumbieron ante las insistencias amatorias de Cristóbal Martínez-Bordiú. Quien hasta convirtió en joven amante a la amiga de una de sus hijas, Katy, una veinteañera con la que pasó muchos fines de semana en Sierra Nevada, estación invernal granadina donde los marqueses poseían un apartamento. También utilizaba para sus escapadas el lujoso y amplio chalé del pantano alcarreño de Entrepeñas. Allí se celebraban muchas fiestas donde el marqués siempre era el eje de la atención de sus invitados. Sin embargo, ella no. Carmen Polo mantenía imperturbable su discreción, su "saber estar", tal y como la habían educado. Aguantó cuantos desaires le proporcionó su irresponsable marido, para no dar pábulo ni escándalo alguno. ¿Cómo hubiera resuelto en vida del General, su padre, separarse del marqués, siendo madre de siete hijos? Su madre, la Señora, estaba al corriente de las veleidades de su atractivo y seductor yerno y llegó el día en que sin dirigirse ya directamente a él, durante los almuerzos familiares, le hacía saber su desdén. En tanto el general Franco, sin duda sabedor de las andanzas del padre de sus nietos, mantenía como siempre su silencio, aunque lo observaba con su impenetrable mirada. ¿Qué podía hacer? ¿Entrometerse en aquel matrimonio, mostrar una autoridad que con buen tacto no quiso en ese caso ejercer? Nunca entre suegro y yerno hubo un trato fluido y desenvuelto. El marqués lo llamaba Excelencia siempre, incluso en el entorno íntimo. Si Franco hubiese querido, le habría ahorrado ese tratamiento.

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Carmen Franco y Cristóbal Martínez Bordiú | Cordon Press

Comprendió Carmen Franco, ya cuando sus hijos fueron haciéndose mayores, que no iba a cambiar ni el carácter, ni el modo de vivir y pensar de su esposo; dejó que siguiera adelante con sus aventuras y ella con sus amigas, una muy especial, Margarita Orfila, acudía a campeonatos de bridge, o se iba de excursión a Biárritz, hasta elegir destinos más alejados como Miami. Un día se dispuso a viajar a Ginebra con un bolso que contenía medallas, insignias y otros objetos de oro, brillantes y diamantes, regalo a su padre a lo largo de los cuarenta años que ejerció sus máximos poderes. Pero el servicio de Aduanas, al registrar el equipaje, la retuvo en una de las dependencias del aeropuerto Madrid-Barajas. No fue detenida, desde luego, pero hubo de desistir de marcharse a la capital suiza y a las pocas horas dio explicaciones en una nutrida rueda de prensa en su domicilio de Hermanos Bécquer, 8, que no convencieron a nadie. El Tribunal Provincial de Contrabando de Madrid la condenó a pagar una multa de 6.800.000 pesetas, que equivalía a cuatro veces el valor aproximado de lo que trataba de evadir. En 1980 fue exonerada de esa multa. Ella, no sólo por su apellido sino porque viajaba con pasaporte diplomático que le concedió don Juan Carlos en 1977, se creyó así en cierto modo inmune. Pasaporte que le retiraron, a ella y al marqués, en 1986 cuando hacía un decenio que España había estrenado democracia y el franquismo ya era pasado.

Carmen Franco utilizaba una peluca rubia, un pañuelo a la cabeza y unas gafas oscuras, despistaba a su policía que le servía de escolta, para pasar inadvertida de compras por la calle de Serrano, que hace esquina con su domicilio. Obsesionada por su físico pasó varias veces por el quirófano. Con razón ha mostrado a su edad un cutis rejuvenecido, impropio de quien ha llegado a ser nonagenaria. Así la vimos, guapa, vital, muy activa, en una de las últimas ediciones del Rastrillo, al que acude siempre a su habitual puesto de anticuarios, o alguna tarde en los toros durante la feria de San Isidro. Ciertamente es mujer llena de vida. Que ha superado graves asuntos familiares, no sólo cuando la muerte de su madre, a quien veía diariamente al tenerla de vecina, en el mismo edificio, sino por los divorcios de sus hijos, en particular el de Carmencita, y todas las cuitas que ha tenido ésta con sus siguientes parejas. Por no contar las fechorías de Francis, los problemas de José Cristóbal cuando dejó el Ejército tras un accidente en el que se vio implicado, o la caída a manos de las drogas del menor de sus descendientes. Pero aparte del matriarcado que ella haya ejercido, del respeto que de

una manera u otra le tienen en familia, su vida independiente la ha seguido manteniendo. Con la atención puesta en todos los negocios de los Franco, a las sociedades que mantienen, de las que ella es en algunos casos su presidenta y la mayor accionista. Imposible calcular el valor de su millonario patrimonio, en activos, depósitos bancarios, joyas, cuadros valiosos y propiedades en Madrid y en otras ciudades, (en La Coruña el palacio de Cornide, y en Meirás, su famoso pazo) sin contar lo que pueda poseer en el extranjero. Hace diez años "El Economista" evaluaba la fortuna familiar en quinientos millones de euros. Y es muy ahorradora, como decía su propio hijo José Cristóbal, muy difícil de "sacarle un euro". En cualquier caso, una dama que pese a los claroscuros de su vida se comportó siempre dignamente, fiel a sus ideas, al debido respeto a los suyos, pero sin escandalizar a nadie desde los difíciles tiempos de la Transición.

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