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Joan Manuel Serrat, el único que por un anuncio solo cobró unas lonchas de pavo

"Lo que se vive en Cataluña es un fracaso", asegura el cantautor Joan Manuel Serrat. 

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Joan Manuel Serrat | Cordon Press

Hace algo menos de un mes, el 18 de enero, TV3 emitió en Cataluña un espléndido documental con guión y dirección del cronista y escritor Lluís Permanyer: Serrat, el noi de Poble-sec. Una hora de duración, la mayor parte en diálogo con el cantautor, grabada en el legendario teatro conocido como El Molino, lugar en otro tiempo de unos peculiares espectáculos revisteriles. El objeto del programa se centró en los recuerdos de Joan Manuel Serrat cuando era niño, adolescente y estrenaba su primera juventud, antes de convertirse en ídolo ya de varias generaciones. Con imágenes expresivas que nos evocaban el barrio del cantante, Poble-sec, de gente obrera, de inmigrantes que habían recalado en Barcelona desde otras regiones españolas en la postguerra en busca de trabajo. Serrat vivió todo ello, adquirió una "cultura de barrio", conoció los oficios de la época, muchos ya desaparecidos, como también los rincones de una zona próxima, más populosa, la del Paralelo: con sus cines y teatros, sus atracciones en el Apolo, sus calles abigarradas como la de las Tapias, por donde discurrían fulanas en busca de clientes. Era la Barcelona de los años 50, que él reflejó en sus letras, como otras sensaciones de quien iba dejando ya de ser adolescente y soñaba con un futuro aún no muy claro, mientras ensayaba sus primeras notas musicales con una guitarra que le había regalado su padre, y se aproximaba a la edad de cumplir el servicio militar. Allí es cuando compuso "Cançó de matinada" y decidió abandonar su curioso trabajo de sexador de pollos, olvidarse de ser tornero fresador o perito agrícola, para abandonar la carrera de Ciencias Biológicas cuando se hallaba en tercer curso.

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Ya su inmediata dedicación sería la música, la entonces denominada canción de autor, formando parte de un grupo reivindicativo de la cultura catalana: Els Setge Judges. De aquellos dieciséis componentes el único que luego desarrolló un repertorio tanto en la lengua de Jacinto Verdaguer como en la castellana fue "el Noi", Joan Manuel Serrat, el más popular de los cantautores que, a sus recién cumplidos setenta y cuatro años, continúa felizmente en activo. Por cierto que en las pasadas Navidades se emitió un "spot" televisivo de una firma de jamones y embutidos, que dirigió la prestigiosa Isabel Coixet, con artistas populares, como el recordado Chiquito de la Calzada en su última aparición en la pequeña pantalla. Todos esos personajes cobraron su contrato. No así Joan Manuel Serrat, al que despacharon con unas lonchas de pavo envasadas al vacío. Se lo tomó con buen humor, aunque diciendo que el pavo no le gustaba.

Estos días se acaba de hacer público que el 22 de abril próximo va a iniciar su próxima gira por toda España, que durará hasta finales de año, cuando la cierre en Barcelona. Además, volverá en mayo a un escenario que en tiempos le reportó hermosos recuerdos, el éxito, la acogida de muchos exiliados o de los propios franceses: el Olympia, de París. La gira lleva por título "Mediterráneo da capo". Alude, por supuesto al mayor de sus éxitos musicales y a un término italiano que significa "volver al principio". Pues lo que pretende Joan Manuel es recordar las diez canciones que figuran en su álbum de 1971 "Mediterráneo", considerado el mejor de toda su larga carrera, que inició hace cincuenta y tres años, en 1965. Un día, no había transcurrido un año de aparecer aquella grabación, le hice esa misma observación en una de las muchas entrevistas que sostuvimos. Me respondió que para él "Mediterráneo" venía a ser como si le preguntaran por sus hijos (tiene tres), a los que quiere por igual. Con los años, la crítica ha señalado que es la pieza del pop melódico más valorada del último medio siglo, un emblema, un símbolo, una especie de himno para cuantos de su generación la escuchamos por primera vez, y nos sigue pareciendo maravillosa.

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Para quienes han nacido en una ciudad con mar ya es tópico repetir que lo echan siempre de menos si se alejan de él. De niño, Joan Manuel se bañaba en las aguas del Mediterráneo yendo los domingos con su familia a las playas de Can Tunis. La letra de la canción la escribió en la habitación de un hotel de Calella de Palafrugell, provincia de Gerona. Se sabe menos que en un principio la iba a llamar "Amo al mar", incluso pensó también en "Hijo del Mediterráneo". Esa y el resto de las canciones del disco, las que esta temporada van a ser el eje de su repertorio (aparte de otras no menos conocidas, como las de los poemas de Antonio Machado y de Miguel Hernández, y alguna novedad), fueron rematadas en aquel verano y parte del invierno de 1971, no sólo en el lugar antes mentado sino en otros, desde luego frente al mar, en aguas de Fuenterrabía, San Sebastián y en Cala d´Or (Mallorca) donde veraneó algunos años.

Junto a "Mediterráneo" se reunieron otras joyas así consideradas hoy del repertorio serratiano, a saber: "Aquellas pequeñas cosas", lírica y nostálgica; "La mujer que yo quiero", que según se trasluce de un libro-disco con textos excelentes de Diego y Darío Manrique, fue concluida en vísperas de viajar a Milán para grabar el disco, tras una noche de muchas libaciones, pensando probablemente en alguna de sus novias o musas de entonces; tal vez la modelo danesa Susan Holmqvist. "Pueblo blanco" parece ser la gestó en Mojácar, Almería, pensando primero en una joven que había llamado la atención del cantautor, a la que apodaban María la Negra; luego resultó que la pieza acabó siendo más bien un canto hacia esos lugares perdidos, ya casi deshabitados. "Tío Alberto" tiene un claro destinatario: un culto y millonario personaje, que gastó buena parte de su fortuna en apoyar a determinados artistas, muchos de ellos gitanos, raza que siempre protegió, caso de Carmen Amaya y La Chunga. Creyó siempre en Serrat y éste le brindó ese hermoso regalo de "su" canción.

El resto del disco lleva estos otros títulos: "Qué va a ser de ti", "Vagabundear", "Barquito de papel", "Vencidos" y sobre todo "Lucía", de la que se han hecho diferentes versiones en otras voces. Alguien pensó que estaba dirigida a una buena amiga suya, Lucía Bosé. Cuando en quien pensó al escribirla fue en una azafata llamada así, de la que estuvo muy enamorado. Ya conté no hace mucho que el día que supo que Lucía se casaba, él la llamó. La reacción de la novia que pudo haber sido un día su esposa, pueden imaginársela. Conociendo a Joan Manuel, tan caballero siempre, no acabamos de entender por qué hizo tal cosa. La verdad es que un día apareció la mujer de su vida, eso nos parece cuando el pasado año cumplieron cuarenta años de casados. Conoció a Yuta, que es como llamaban sus amigos a Candela Tiffón, a poco de regresar a España en el verano de 1976, después de permanecer más de un año en México, cuando había una orden de llevarlo ante un juez si pisaba tierra española por haberse solidarizado con unas declaraciones del presidente de México, Echevarría, en contra del régimen franquista. Sabido es que el cantante tenía un hijo, de soltero, llamado familiarmente Queco, de sus relaciones con la modelo Mercedes Doménech. Con Candela fue padre de Candela y María, la primera hoy una joven y ya muy reconocida actriz. "Gracias a mi mujer, que ha tenido la generosidad de tirar del carro de la casa, de los hijos y de los perros, aquí sigo pues no he de descubierto una manera mejor de pasar la vida que haciendo giras y cantando para la gente". Serrat es asimismo un hombre consecuente con sus ideas: "Lo que se vive en Cataluña es un fracaso".

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