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La irregular vida amorosa del injustamente olvidado Manuel Summers

Recordamos la figura del director y dibujante Manuel Summers ahora que su hijo David se ha separado de su mujer.

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Manuel Summers | RTVE

Días atrás ha saltado la noticia del divorcio de David Summers, líder del grupo musical Hombres G. Ha sido el semanario Diez Minutos quien ha publicado la exclusiva. David llevaba veintiséis años casado con Marta Madruga y son padres de dos hijos. El cantante ha dejado ese hogar para marcharse a vivir con Christine, una joven profesora de inglés. Lo que ahora dice David es que no ha habido una tercera persona de por medio, y que ya las cosas iban mal en su matrimonio hace nada menos que cuatro años.

David Summers formalizó su noviazgo con Marta Madruga el año 1987, justo cuando rodaban la película Sufre mamón, que dirigió el padre de aquél, Manuel Summers, con guión suyo y de sus hermanos Tomás y Francisco. Marta contaba entonces diecisiete años e interpretó el papel de Patty, enamorada de David, a quien deja por otro de los integrantes de la banda Hombres G. Sonaban canciones popularizadas naturalmente por el cuarteto madrileño entre ellas la que daba título al filme, que sería uno de los temas más aclamados por el público juvenil en aquellos tiempos de finales de la movida; esa que en su estribillo rezaba lo de "Sufre, mamón, devuélveme a mi chica", que rimaba después con los polvos pica pica. Del rodaje a la vida normal, David y Marta pasaron a ser marido y mujer en ceremonia celebrada el 30 de enero de 1992, en la iglesia del colegio del Pilar, donde habían cursado el Bachillerato. Ella quedaría retratada en aquel tema que David y sus chicos popularizaron con el título de "Marta tiene un marcapasos".

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Marta Madruga se convirtió, sin ella por supuesto jugar a eso, en la enemiga número 1 de las "fans" de Hombres G., y por supuesto las que estaban muy enamoradas de su líder, David Summers. Poco a poco, esas miles de admiradoras tuvieron que admitir que su ídolo se había casado con la mujer de su vida, pero ello no quería el cantante que supusiera un alejamiento de todas esas chicas que suspiraban por él y las canciones del grupo, uno de los más populares –y comerciales- del pop de los 80 y los 90.

Rota la pareja, David ha seguido teniendo contacto con Marta Madruga, sobretodo para saber de sus hijos. Ha sido, al parecer, una ruptura amistosa, aunque puede suponerse que cuando un matrimonio se dice adiós siempre quedarán en la memoria y los sentimientos de cada uno bonitos recuerdos y luego reproches. Incluso apenas hace tres meses, la dedicatoria de las memorias de David y Hombres G la llevaba como destinataria, aunque sin nombrarla: "A ti, aunque no sé si vas a leerlo". Marta Madruga, discreta, nunca quiso sobresalir públicamente, se había retirado del cine y sólo se ocupaba de su vida hogareña y de la educación de sus hijos.

Triste es que una pareja enamorada se separe. Acaso David Summers sufrió en su adolescencia y parte de su juventud la situación de sus padres. Queda dicho que su progenitor fue Manuel Summers, un sevillano con querencia onubense nacido en 1935, que se hizo muy popular con sus dibujos humorísticos publicados en diversas publicaciones como ABC, Sábado Gráfico, Hermano Lobo y otras, y sobre todo realizador de notables películas, llenas de encanto y estilo muy personal, caso de La niña de luto, el magnífico docudrama Juguetes rotos, Adiós, cigüeña, adiós… También fue, ocasionalmente, actor en algunas otras de realizadores amigos.

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Manuel Summers y Consuelo Rodríguez Márquez se casaron en 1960. Tuvieron tres hijos: Manolo, el antes citado David, y Lucía. En los primeros años 70 el matrimonio atravesó por una crisis; no obstante no llegaron a separarse formalmente. Pero Manuel Summers inició una apasionada relación con la jovencísima actriz Beatriz Galbó, a quien había conocido tiempo atrás cuando la hermana de ésta, Cristina, rodó a sus órdenes una de las dos historias de su aclamada película "Del rosa al amarillo". Y a Beatriz Galbó, veinte años más joven que él, la convirtió en protagonista de cuatro cintas, que constituyeron un éxito de crítica y taquilla, en particular la primera, Adiós, cigüeña, adiós, de 1971, a la que siguieron El niño es nuestro, Ya soy mujer y Mi primer pecado, esta última de 1976.

Beatriz y Manuel Summers formaron una simpática pareja, aunque trataron de ocultar su convivencia a los medios informativos. Sabíamos algunos periodistas de esa relación, que procuramos silenciar algún tiempo para no herir los sentimientos de la esposa legal de Summers y sus tres hijos. Consuelo Rodríguez había dejado temporalmente su casa madrileña para residir en Sevilla, donde se hizo cargo de unas fincas de su propiedad. Manolo continuó en Madrid. Ya era padre de una niña, Cheyenne, nacida de su vida en común con Beatriz Galbó, el año 1977. Durante veintidós años, Summers estuvo con Beatriz y la niña. Pero, a principios de los años 90 el polifacético sevillano vio alterada su salud. Le diagnosticaron un cáncer de colon. Cuando ya era inevitable su declive y el avance imparable de su enfermedad, lo hizo público a finales de 1991. Le quedaban pocos meses de vida. Entonces su esposa y sus tres hijos lo convencieron para que se marchara a vivir a Sevilla. Allí, sobre todo Consuelo, lo cuidó con todo su amor, día y noche, quitando importancia a tantos años como llevaban distanciados. Entre tanto, Beatriz y Cheyenne se habían quedado en Madrid.

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Pude hablar con Manolo unos meses antes de morir, aunque sólo por teléfono ya que no quería que nadie lo viera, salvo algún íntimo, dado su estado: "Me buscan ahora los periodistas porque estoy muy malito. Antes no me hacían tanto caso como ahora, que a la puerta de casa tengo a unos cuantos. Yo no quiero hablar de mi cáncer, sólo deseo ponerme bueno. Que me perdonen, pero es que a lo peor me muero". Se me saltaron las lágrimas escuchando aquella confesión, con esa voz suave, algo infantil, de acento andaluz, que tenía. Y, desgraciadamente, su presentimiento se cumplió poco tiempo después, el 12 de junio de 1993. Fue enterrado en el cementerio de San Fernando, en Sevilla. Tras el féretro, estaban su viuda y sus tres vástagos. A metro y medio de distancia, detrás, lloraban también desconsoladamente Beatriz Galbó y Cheyenne, que no cruzaron saludo alguno con los deudos antes mencionados. Manolo, ya unos meses antes se había despedido de Beatriz desde Sevilla de la manera más afectuosa que pudo. Cheyenne sí pudo abrazarlo antes de que falleciera.

Cinco meses más tarde asistí al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, donde rindieron homenaje a Manuel Summers, recordando su filmografía. Estuvieron presentes su viuda y su primogénito, quienes al ver que también se hallaba en el acto Beatriz decidieron discretamente abandonar el local. Esta última, me confió: "Para mí, Manolo no ha muerto. Lo pasé muy mal meses antes de que falleciera porque su familia lo había secuestrado y ya no pude verlo con vida". Era el drama de dos mujeres, dos familias, que quisieron al mismo hombre.

En Chic

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