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Alonso Guerrero, exmarido de Letizia: una "víctima" de la prensa que entona el "Viva la República"

Su libro El amor de Penny Robinson describe el acoso y la presión mediática perpetrados por la prensa del corazón.

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El amor de Penny Robinson, "un caso real sin precedentes" | Cordon Press

Hace poco más de dos semanas que se anunció a bombo y platillo la publicación de El amor de Penny Robinson, el esperado libro de Alonso Guerrero –primer marido de la reina Letizia–. Unas páginas donde encontrar los detalles de "lo que vivió y, sobre todo, cómo vivió", el momento que pasó desde noviembre de 2003, cuando la Casa Real anunció el compromiso de su exmujer con el entonces príncipe de Asturias. El autor, que coincide con el protagonista de la historia, "necesitaba convertir lo que vivió en un argumento, pero sin renunciar a que los que van en busca de algo más que un testimonio encuentren una obra literaria", reza la contraportada. Pues bien, su argumento se resume en páginas y páginas donde se queja del acoso y presión mediática que ha sufrido desde que saltara a la fama por ser el ex de la futura Reina de España. Un relato que sorprende por la exageración de los hechos, una "epopeya moderna", según su autor.

El libro comienza describiendo el detonante de la historia. "Por razones que no vienen al caso, perdí mi vida privada ente las nueve y las diez de la noche del pasado doce de noviembre, día de mi cumpleaños. Digo perdí, pero en realidad me la arrebataron de un zarpazo. Desde entonces no he vuelto a pisar con negligencia los lugares públicos, ni contemplo los atardeceres sin que me separe de ellos una cortina de teatro. Y todo porque un desconocido me sacó una foto con un teléfono móvil, desde el otro lado del cristal de un escaparate". Ironías de la vida, las mismas cadenas de televisión que le ofrecían cantidades elevadas de dinero por una entrevista –sobre todo Telecinco– ahora parecen haberse olvidado de él para que promocione su libro.

"La popularidad, ese linchamiento en el que nadie toca a nadie", es como describe la fama en el siglo XXI. Desde el robo de una carta privada de su buzón, periodistas hurgando en su basura, la obligación de separarse de su mujer e hijo y el acoso de paparazzis y vecinos que tratan de obtener su mejor fotografía, y eso que ni siquiera sale bien: "Nunca he sido fotogénico. Además tenía gripe y los ojos se me hundían en una cara a la que le sobraba cansancio", confiesa sobre esa primera fotografía robada.

El protagonista, que como curiosidad cuenta que la única contraseña que ha utilizado en su vida son las palabras 'Viva la República', "por ese orden", asegura que las tertulianas del corazón "tienen cortes de cara que me recordaban vagamente a la mula Francis (...) Aquella notoriedad que ellas mismas me adjudicaban no me parecía grande, sino vacía. Me obligaba a vivir junto a un teléfono, dentro de una casa asediada". También describe a los paparazzis como "empleados de la perrera, con la caña y el lazo colgándoles del cinturón". Todos ellos, "gente sin escrúpulos, cargados con equipajes de tránsito. Al final todos terminan sin careta".

Letizia, "bella como un diluvio"

El libro no debería preocupar a la Casa Real ni a su Reina. El autor obvia detalles que a todos gustaría conocer, como los años de feliz matrimonio o el por qué de su divorcio. Pero la historia tiene dos protagonistas femeninas que coinciden con dos etapas de su vida: Laura y Nené, mujeres que podrían describir algunos rasgos de Letizia. La primera es una ex que le traiciona pero a quien le tomó una foto prohibida que le supondría algún que otro quebradero de cabeza. "La conocí en 1989. Por un momento me sobrecogió su desnudez.Había sido yo quien tomó la instantánea, aquel atardecer de verano, mientras ella dormía. Recordé haber buscado el encuadre durante mucho rato y, al despertar, había puesto el automático y me había fotografiado junto a ella, tan desnudo como ella. Pese a proceder con la frialdad de un artista, me pareció que después de haber cruzado el Sistema Solar, la luz de la persiana rayaba su piel como si supiera que no iba a tener mejor ocasión para pertenecer a este mundo".

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El romántico relato continúa: "Por aquel entonces estaba enamorado de su bronceado, así que hice la foto. Las líneas bordeaban los hombros y caían a la parte interna de los muslos como si la confundieran con un tragaluz. Sin embargo, no fue aquel cuerpo entre el sueño y la vigilia lo que estimuló mi memoria, sino los pequeños objetos que el azar había puesto en la fotografía: los cuadros sobre el cabecero, el pequeño reloj abandonado en la mesilla y algunos de los libros que, por entonces, me obsesionaban. Promesas incumplidas que el amor utiliza para rodearse de eternidad".

Nené es el personaje que vuelve loco al protagonista, una jovencita que bien podría encarnar a esa Letizia adolescente que Guerrero conoció en los pasillos del instituto madrileño donde impartía clase. "Mirando mi vida, ella era un pequeño margen, igual que yo, una promesa sin asideros que no deseaba que fueran en su busca. La vi salir embutida en aquel gabán de cosaco debajo del cual iba casi desnuda. Era bella como un diluvio, pero desapareció bajo el sol de diciembre sin dejar rastro (...). Sin darme cuenta, había llegado a obsesionarme con sus ojos y su boca. Ambos permanecían en mi memoria por alguna razón. Quizá los había visto en una portada de disco. Todas las mujeres que cantaban tenían esos ojos y bocas, aunque cada una destilaba con ellos una mirada distinta, y daba besos tan diferentes como sellos de lacre. Nené lo sabía, por eso quería la fama".

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