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La razón por la que Antonio Banderas se niega a casarse de nuevo

Antonio Banderas vuelve a ser dirigido por Almodóvar, formando pareja con Penélope Cruz.

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Antonio Banderas | Efe

Siempre con su afabilidad, risueño y para dejar sentado que, por el momento, no se casará con su actual amor, Nicole Kimpel, el gran actor malagueño Antonio Banderas ha dejado claro en sus últimos encuentros periodísticos una razón que a primera vista parecerá una broma: "Me saldría muy caro". Con los millones que ha ganado no creemos pudiera preocuparle otro matrimonio. Pero, sería el tercero. Y ya tiene experiencia de lo que le supuso, no ya en el plano íntimo y sentimental, sino en el económico. Lo de Ana Leza fue poco para lo mucho que, a pesar de hacerlo de común acuerdo y más o menos amigablemente, la justicia norteamericana dictó cuando el divorcio de Melanie Griffith.

Ocho fueron los años que Antonio estuvo conviviendo con Ana Leza. Su primer contacto sucedió en Madrid, año 1987, en un bar de la calle Infantas, como recordaba la estupenda autora de la biografía del malagueño, Ana Oliva. Ella era hija de la actriz Concha Leza, y también se inició en el teatro en la compañía de Nuria Espert; trabajo que alternaba con sus estudios de Bellas Artes. Hasta que se enamoraron, el galán hacía justa fama de esa calificación, golfeando por Madrid junto a Imanol Arias y otros colegas. Medio año duró su noviazgo. La boda tuvo lugar en la madrileña iglesia de San Nicolás, el 27 de julio de 1987. Testigos: Pedro Almodóvar y Carmen Maura. Y banquete por todo lo alto en el lujoso, hoy cerrado temporalmente, hotel Ritz. Banderas comenzó su singladura aventura en los Estados Unidos, Ana lo acompañó. Pero poco a poco, con rodajes y viajes continuos, la pareja fue distanciándose. Por culpa desde luego de él, empeñado por encima de todo en cumplir sus sueños artísticos. La popularidad ciega. Y él no fue ajeno a ello, por muy buena persona que nos parezca a cuantos lo hemos conocido. El caso es que se dijeron adiós definitivamente en 1995. Para entonces ya había cenado con Melanie en París e iniciaba sus primeros besos y abrazos en feliz coyunda. Con ella fue coprotagonista en Two much, sin importarle durante el rodaje prestarle también especial e íntima atención a la otra estrella, la larguirucha Daryl Hannah. La separación de Antonio de Ana Leza mereció severas críticas en algunos medios de comunicación. Abandonaba a una mujer discreta, que lo quería, que tanto lo había ayudado en su carrera, apoyándolo diariamente en sus primeras enseñanzas de inglés. Tomándole lecciones y repasos a textos de sus guiones cinematográficos.

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Con Nicole Kimpel | Archivo

La verdad es que Ana Leza no salió malparada del divorcio, por mucho que llorara lo que le había hecho padecer su querido Antonio, como en el cantar de "La verbena de la Paloma". Porque se dirigió al Tribunal Superior de Los Ángeles, en Estados Unidos, que dirimió la causa. La sentencia obligó a Banderas a transferir mensualmente a la cuenta de su "ex" la cantidad de dos millones cuatrocientas mil pesetas a lo largo de tres años y cuatro meses, exactamente; a la mitad de los ingresos en dólares cobrados por el actor en el periodo durante el que estuvo casado con Ana Leza; más quinientos setenta millones de pesetas en concepto de pagos compensatorios, amén de cederle definitivamente su piso de Madrid, donde habían vivido. Las costas procesales, equivalentes a treinta y cuatro millones de pesetas, también fueron a cargo del actor. ¡Una "pasta"! Luego nos enteramos que, ya bien "forrada", contrajo unas segundas nupcias con Dharma Villareal. Pero una cosa, desde luego, no tiene nada que ver con la otra: tenía todo el derecho del mundo a rehacer su vida amorosa.

Con Melanie Griffith el divorcio le pasó al malagueño una factura más abultada. Se casaron en Londres en 1996 y en 2015 tarifaron para siempre. Formaban una desigual pareja, pero cada vez que los veíamos en España daban la impresión de estar muy unidos. Se les desgastó aquel amor, a lo que probablemente contribuyó bastante las adicciones de ella, que la llevaban al tres por dos a una clínica, para desintoxicarse. Antonio, paciente, debería estar hasta el gorro de esa situación. Llegado el instante de litigar, acabaron con el siguiente acuerdo: entre otras pertenencias ella se quedaría con la mansión de Aspen, en el estado de Colorado, la mitad de la vivienda de Los Ángeles, valorada en cerca de cuatro millones de dólares, un valioso cuadro como la mayoría de los suyos, firmado por Picasso. Sesenta mil euros de pensión. Y a partir de 2004 hasta la fecha en la que firmaron el divorcio, la mitad de los beneficios que generaron ambos con sus trabajos. Aparte, Antonio Banderas se ha venido ocupando de cuantos gastos de manutención y estudios hasta su mayoría de edad haya generado su hija María Stella.

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En 2016 halló Antonio Banderas la que, hoy por hoy, es su "media naranja", de la que se prendó nada más verla en el festival de Cannes. Ella no le ha presionado durante su convivencia, ya de cerca de dos años, para formalizar su relación. Y él, tan contento. No le corre prisa su boda con Nicole… si es que al final accede en un momento de debilidad, según sus pensamientos actuales. Y no es que le preocupe demasiado su patrimonio, tras los "palos" que ya hemos comentado después de sus dos divorcios. Dispone de un avión que le compró a la compañía Telefónica de cuatro millones y medio de euros. En Surrey, distante a una hora de Londres, es dueño de una gran mansión que comparte con su amada Nicole, para lo cual hubo de satisfacer alrededor de tres millones de euros. Está su negocio de ropa, denominada "Selected". En Málaga, además del chalé de Marbella, es propietario de un ático, una taberna típica, un teatro que quiere inaugurar pronto, y un montón de viviendas en su tierra que a nombre de una sociedad, Glassmore Investment gestiona su venta, activos que se estiman en veinte millones de euros. Y aparte de otras propiedades que tenía en Estados Unidos, no nos olvidamos de sus cuentas corrientes. Y ahí, nos es imposible entrar, ignorando los millones que muy justamente se ha ganado en su meritoria faceta de actor internacional.

La vida de Antonio Banderas "es de película", fácil recurso para adjetivarla. Su tesón, su indudable talento, facultades, atractivo, le han procurado muchos éxitos y mucho dinero. Y a los fracasos sentimentales, hay que sumar la muerte de su madre, ya fallecido su progenitor hace más tiempo, que le han significado golpes muy duros para un hombre tan sensible como él. Y otro que pasó casi inadvertido hace un años, cuando en febrero de 2017 se fue de este mundo también quien había sido su primera novia, su paisana Celia Trujillo, actriz con la que en aquellos tiempos juveniles ambos imaginaban un futuro maravilloso juntos. Ella, actriz, no lo consiguió. Y Antonio, al enterarse de su fallecimiento, le dedicó un cariñoso recuerdo.

Van concluyendo los capítulos de la serie sobre Picasso, que emite la cadena National Geografic. De su interpretación del pintor en época madura, Antonio se siente satisfecho y como sabrán no vaciló en raparse la cabeza para colocar en ella una peluca que le hiciera ser más parecido al genio malagueño. Habló con algunos de los herederos de Picasso. Y, amén de leerse cuantas biografías y estudios encontró a mano, Banderas estuvo unas semanas haciendo copias de cuadros de su gran paisano, pincel, paleta en mano y un atril con bastidor. Esas pinceladas, esos ensayos ¿los guardará para sí, le servirán para alguna exposición de artista aficionado, para regalarlos con destino a una subasta benéfica? A lo mejor "tener un Banderas", cuadro se entiende, en casa, cotiza. No todo es refrescarse el rostro con la colonia que ha comercializado con su nombre…

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Banderas como Picasso | Archivo

Ahora, Antonio Banderas se dispone a ponerse a las órdenes, dentro de dos o tres semanas, de Pedro Almodóvar, treinta y seis años después de haber rodado su primera película con el manchego, Laberinto de pasiones. La última fue La piel que habito, en 2011. Quizás su interpretación más acertada, entre los siete filmes en los que coincidieron, sea la de ¡Átame!, en 1989. Esta octava vez el largometraje llevará por título Dolor y Gloria (si no lo cambia al final Pedro, a lo que estamos ya acostumbrados) y tiene por argumento el ocaso de un director cinematográfico que recuerda a los actores con los que trabajó, a sus amigos, sus amores, su madre… Un reencuentro casi necrofílico, con alusiones a la muerte, a las reflexiones constantes de un creador de historias para la pantalla. ¿Una autografía total de Almodóvar llevada al campo de las imágenes? Suponemos que habrá sin duda alusiones personales, de él y su mundo, su "clan", sus juicios sobre la profesión en la que ha conseguido ser tan admirado como controvertido. Y su "alter ego" en "Dolor y Gloria" será, naturalmente, Antonio Banderas. Tendrá como coprotagonista a su lado a una antigua conocida: Penélope Cruz.

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