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La discreta vida privada de Rosa María Mateo: madre de un hijo y un matrimonio roto

Su actual compañero es el actor Miguel Ángel Rellán.

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Rosa María Mateo | Gtres

Televisión Española tuvo como primera estrella a la luego infortunada Marisa Medina, excelente profesional que acabó con una vida destrozada por sus incomprensibles adicciones. Otras colegas suyas, si bien populares, nunca alcanzaron su cota de notoriedad. Tan sólo una, ya a principios de los años 70, escaló también esa escalera, la de ser admirada por los entonces veinte millones, o más, de telespectadores que congregaba en las grandes ocasiones la llamada entonces Primera Cadena, aún en blanco y negro. Y esa otra estrella de la pequeña pantalla se llamaba Rosa María Mateo. Con el mérito de que esa popularidad no la obtuvo en programas de entretenimiento, sino en la sección de informativos, el Telediario e Informe Semanal.

Rosa María Mateo es burgalesa, aun cuando Wikipedia y algún otro medio equivoque su lugar de nacimiento, creyendo que es de Valencia. En esta capital levantina vivió un tiempo, a partir de sus tres años de vida por traslado de su familia. En Madrid, cursó sus primeros estudios universitarios. Y pese a que le atraía el Derecho, también sentía gran pasión por el cine. En la vieja Escuela de la calle de Monte Esquinza aprobó el primer año, aunque luego no prosiguió. El sueño juvenil de ser actriz lo mantuvo siempre, pero la única oportunidad que tuvo fue en un filme, casi maldito, pues tardó en estrenarse: Carta de amor a un asesino, dirigida por Francisco Regueiro, cuyo reparto estaba encabezado por José Luis López Vázquez.

El periodista Juan Luis Cebrián, de guadianesca biografía, fue quien le dio la oportunidad de presentar su primer Telediario, desde su sillón de jerifalte en Prado del Rey. Y allí, poco a poco, Rosa María Mateo, con su atractivo y anguloso rostro, fue desgranando día a día la actualidad con un verbo impecable, la dicción perfecta castellana, el aplomo cuando se deslizaba una inesperada noticia. Ni un innecesario parpadeo, tampoco titubeos de principiante. Con ello fue ganando algo que es muy importante en el medio: credibilidad. La crítica televisiva coincidió en señalarla como "la mejor comunicadora de informativos". Y en momentos históricos, "la musa de la Transición". Como estos comentarios no pretenden ser hagiográficos, digamos que también tuvo un fracaso señalado, en uno de esos denominados realities, ya al final de su permanencia en TVE, en el programa titulado Al filo de la ley. En 1992 llegaba su adiós a la cadena en la que siempre había desarrollado su labor televisiva. Pero de manera inesperada para ella. De la noche a la mañana le informaron de su cese. No se lo podía creer. Cosas de los tejemanejes de una televisión manipulada tanto cuando han mandado las derechas y no digamos ya las izquierdas. Así que algo después terminó en otro programa de noticias, pero de Antena 3.

Muchos de esos datos se encuentran hoy en las biografías que se vienen publicando desde que ha sido nombrada directora general de TV.E, donde ya veremos si respeta la pluralidad informativa, con el ojo siempre avizor de Podemos. Pero de lo que no se sabe apenas nada es de su vida particular, siendo un personaje público. En sus años de popularidad como presentadora ninguna de las revistas de la tele ni aún las de las revistas rosas la fotografiaron en familia, pues Rosa María Mateo ha llevado siempre la discreción por bandera respecto a su intimidad. Nos costó saber que se había casado con un técnico de sistemas de computadores electrónicos, con quien tuvo un hijo, que hoy debe tener alrededor de cuarenta y nueve años. Nunca ella comentó ello con reportero alguno. Su matrimonio fracasó y jamás quiso hacer de ello una noticia para la siempre voraz prensa rosa. En su derecho estaba y comprendemos su justificada aversión hacia quienes trataron de sorprenderla, cámara en ristre, alguna vez con su marido y con su hijo. Difícil es hallar un documento gráfico al respecto.

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Ya en los años 90 del pasado siglo, más o menos, sí se supo que Rosa María Mateo había encontrado a un amor con el que desde que lo conoció hizo buenas migas. Un hombre culto, de nuestros mejores actores, afable, divertido y muy considerado en su profesión: Miguel Ángel Rellán. Ha destacado en el teatro, en los últimos tiempos formando pareja escénica con Julia Gutiérrez Caba, y asimismo en un monólogo. En el cine, sin llegar a ser protagonista, ha dejado huellas de su excelente quehacer ante las cámaras. Entre sus películas, El crack, interpretando a un ayudante de Alfredo Landa (el investigador Areta), que los guionistas dieron en llamarlo "El Moro", guiño sin duda al lugar donde nació Rellán, Ceuta. También escribe y ha publicado una novela.

A sus setenta y seis años, cuando Rosa María Mateo ya se consideraba jubilada en su profesión, aunque hace algún tiempo la rescatara del olvido Pepa Fernández en su programa de los fines de semana en Radio Nacional, ha recibido del gobierno de Pedro Sánchez este cargo que nunca pudo imaginar. Un reto importante le espera.

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