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Carlota Casiraghi viene a Segovia, tras publicar un libro, para asistir a un debate filosófico

La hija de Carolina de Mónaco publica el libro Archipiélago de pasiones junto a Robert Maggiosi.

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La hija de Carolina de Mónaco publica el libro Archipiélago de pasiones junto a Robert Maggiosi.
Carlota Casiraghi | Archivo/Cordon Press

Carlota Casiraghi tiene previsto asistir el próximo 21 de septiembre a la sesión de debate programada en el aula magna de la IE University, sita en el antiguo convento segoviano de Santa Cruz la Real, programada en el transcurso del Hoy Festival. Acompañará a la hija de Carolina de Mónaco quien fuera su profesor de Filosofía, Robert Maggiosi, con quien ha publicado el libro Archipiélago de pasiones, que en su edición española aparecerá a finales de octubre.

Carlota estudió filosofía en un instituto de Fontainebleau, donde le impartió clases el mencionado profesor, con quien congenió enseguida en esa asignatura. Es una joven interesada por las humanidades, y este interés lo ha trasladado, desde su óptica particular, al mencionado volumen.

En su época estudiantil, Carlota hizo prácticas en París con el editor Robert Laffont, así como se ganó la vida durante una temporada en Londres siendo becaria en el diario The Independent. Habla francés, italiano, inglés y alemán. Edita desde hace unos años de modo gratuito una publicación dedicada a la moda: Ever Manifesto. Y es un icono en lo referente a las novedades en el vestir.

Treinta y tres años cumplió en el pasado 3 de agosto, hija segunda del matrimonio formado por Carolina de Mónaco y el empresario italiano Stéfano Casiraghi. Al que llegó la hija de Rainiero y Grace tras su fracasada unión con Philippe Junot. Cuando la pareja gozaba de su mayor felicidad les llegó la desgracia: Stéfano se estrelló con su moto acuática durante un campeonato mundial de off-shore celebrado en aguas del Principado de Mónaco. Una gran desgracia en la familia Grimaldi, que afectó tanto a Carolina que optó por pasar dos años lejos, con sus hijos, en Saint-Remy, en la Provenza, donde la consoló el galán Vincent Lindon.

La vida de Carlota Casiraghi estuvo desde aquella desgracia abocada a la tristeza, pues contaba sólo cuatro años cuando perdió a su padre. En sus años juveniles procuró superar aquel pasado inestable, al que hubo de añadir la presencia de un padrastro poco recomendable, el último marido que tuvo su madre, el alcohólico Hannover, con quien tuvo una hija. Con esa familia nada convencional hubo de convivir Carlota, aunque pasara largas temporadas en París durante sus estudios. No fue el pasado de su madre ejemplo precisamente de lo que pudiera entenderse como ejemplar, así es que disfrutando de toda la libertad que quiso, Carlota comenzó tempranamente a vivir amores tempestuosos. El primero del que tenemos constancia con el aristócrata austríaco Hubertus Arenque Frankensdorf, relación que duró desde 2001 hasta 2004; es decir, cuando ella despertaba a la vida y estrenaba emociones fuertes.

Rota aquella convivencia, Carlota encontró en el hijo de un abogado belga, Félix Winckler, el compañero ideal para sus apetencias sentimentales. Otros tres años duró la pareja. Inmediatamente, en 2007, reanudó sus aventuras del corazón con el británico Alex Dellial, cuyo padre era multimillonario y su madre una antigua modelo brasileña. Los enamorados se conocieron a través de una hermana de Alex, la modelo Alice Dellial, muy amiga de Carlota. Casi cinco años duró esta vez el romance de la hija de Carolina, como se advierte, muy activa en sus cambios de pareja.

Llegado 2011 se enrolló con el actor marroquí Gad Elmaleh, quince años mayor que ella, que al parecer estaba casado y tenía otros romances. Tal fue la pasión de ambos que en diciembre de 2013 tuvieron un hijo, Raphaël. Como quiera que el guapo Gad no pensaba casarse con Carlota ni le apetecía responsabilizarse del bebé, Carlota dejó el apartamento parisino en el que vivían y regresó a Mónaco, donde al fin y al cabo no tuvieron más remedio que celebrar la llegada de un pequeño Grimaldi, nieto de Carolina.

La verdad es que, aunque fuera mayor de edad, Carlota Casiraghi estaba dando quebraderos de cabeza en el Principado regido por su tío Alberto. Pero como en esa corte monegasca quien más quien menos tenía motivos para callarse, dado el pasado que cada uno de sus miembros tuvo, la biografía amorosa de Carlota no debía ser motivo de escándalo. Ella, en noviembre de 2015 comenzó a salir con el director de cine italiano Lamberto Sanfelice, hasta que se dijeron adiós en 2017, a cuyos comienzos de año ella lo reemplazó por otro farandulero, el productor cinematográfico Dimitri Rassam, barbado joven, hijo de la espléndida y bella actriz Caroline Bouquet, muy amiga de Carolina de Mónaco. Fue tal el flechazo que pensaron en casarse, acontecimiento que se retrasó por algo muy corriente en fogosas parejas como resultó ésta: en mayo de 2018 pospusieron el enlace porque Carlota… estaba embarazada. Igual hubiera sido muy bonito que hubieran celebrado el evento en esas circunstancias, dando pábulo a la prensa rosa. O inmediatamente después de tener al pequeño Balthazar en octubre. Imaginamos que hubo reunión de familia en el Palacio de Mónaco y a Carlota le aconsejaron que eran preferibles unos meses de espera. Y así sucedió, hasta que el 1 de junio de este mismo 2019 las revistas del corazón celebraron por lo alto la boda civil de Carlota y el tal Dimitri en el Palacio monegasco, y veintiocho días más tarde la ceremonia religiosa, en la localidad de Saint-Remy. ¿Recuerdan que allí vivió de pequeña Carlota, recién huérfana de su papá deportista? El novio aportó una hija de su anterior unión con la modelo rusa Masha Novoselova, de igual modo, quedó dicho, que Carlota ya había sido madre anteriormente del niño Raphaël.

Y ahora, Carlota Casiraghi, confía en que su libro le aporte no tanto elevados derechos de autor como cierto prestigio en el campo de la filosofía, para romper con la estela mundana y frívola que muchos le venían adjudicando desde hace tiempo. Al menos ella tiene un "curriculum" universitario con el que puede distanciarse de otras 'influencers' de moda, de esas que no dan "un palo al agua". Me gustaría compartir con ella un plato de cochinillo en Segovia.

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