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Los Camela resulta que son cuñados y cumplen 25 años como tecno-rumberos

El dúo (antes trío) musical continúa llenando auditorios y vendiendo discos a porrillo.

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El dúo (antes trío) musical continúa llenando auditorios y vendiendo discos a porrillo.
Dioni y Ángeles, Camela | Gtres

Esto de los dúos musicales conduce a veces a confundir lo que les une en la intimidad, fuera de los escenarios. Los hay formados por marido y mujer; por dos hermanos; por amigos, compañeros de oficio. Lo que no sabíamos es que los integrantes de Camela, Dioni y Ángeles, son cuñados. Por Navidades y Nochevieja se bromea que en las cenas los cuñados terminan poco menos que a garrotazos. No es el caso de Camela, quienes igual que unen sus voces para popularizar rumbas aflamencadas con la mejor armonía posible, son muy respetuosos entre sí y mantienen, por lo demás, vidas separadas y felices.

Dionisio Martín Lobato trabajaba con su familia como vendedor ambulante. Utilizaba la furgoneta para hacer transportes. Los Chichos y Camarón eran sus ídolos. Sus padres se habían enamorado en un teatro de Barcelona, donde la madre atendía el ambigú y el progenitor la veía a diario por su trabajo: era representante del gran Antonio Machín, un popular intérptrete de boleros. En cuanto a María de los Ángeles Muñoz Dueñas, empleada en un taller de encuadernación. Se pirraba por las canciones de Michael Jackson. Vivían en el barrio madrileño de San Cristóbal de los Ángeles, a una treintena y pico de kilómetros de la capital, de donde también, por cierto, procedía otro dúo, Los Pecos. A Dioni y Ángeles se les unió un tercer componente, Miguel Ángel Cabrera, que fueron los fundadores de Camela.

El trío funcionaba en sus ratos de ocio componiendo rumbas a su modo y manera, sin tener ni idea del negocio discográfico. Prepararon unas maquetas y con sus escasos ahorros y la aportación de algunos vecinos y amigos reunieron doscientas mil pesetas, con las que en 1992 pudieron pagar un limitado número de "cassettes", que pusieron a la venta a través de gasolineras y mercadillos populares. Recobraron la cantidad citada y poco a poco se fueron dando a conocer con un estilo musical realmente propio, fácil de identificar, calificado dentro del género tecno-rumba. Nada de guitarras ni orquesta: teclados, de los que se encargaba el mentado Cabrera. Una pequeña discográfica se dio cuenta del potencial que reunía el trío, los fichó, y estuvieron sometidos a ella tres años. Después, ya libres y con ideas propias y la lección aprendida, fueron a parar a una multinacional, quien los contrató ya con mayores ventajas a la hora de cobrar royalties, dividendos de los que al principio nada sabían y eran engañados.

Las canciones de Camela han respondido siempre a la eterna cuestión del amor y el desamor en una pareja. Sus letras son elementales, pues sus creadores no han aspirado a otra cosa que escribir para gentes como ellos, sencillos, sin más preocupaciones elitistas o poéticas. La música no es que sea muy original, se repite a veces en sus temas, pero "suena a Camela". La crítica especializada no les hizo caso alguno cuando empezaron y aún a día de hoy muchos de los que la ejercen mantienen su desdén o reserva hacia la controvertida calidad del dúo. Pero, cifras cantan y en los últimos años sólo La Oreja de Van Gogh "les moja la ídem" a la hora de vender más discos: Camela son los segundos en esa lista. Y además se han dado el gustazo de reunir decenas de miles de espectadores en muchos de sus conciertos. Han ganado mucho dinero y, a estas alturas de la película, les importa un pepino que los ignoren en las páginas de diarios o revistas, programas de radio o de televisión. Llevan veinticinco años ya viviendo de la música y se pasan por el arco de triunfo los comentarios negativos que les dediquen.

Dioni fue el muñidor de Camela. Resulta que en el barrio en que habitaba conoció a Mari Ángeles y a una hermana de ésta. Con la primera comenzó a tener una relación, pero sólo amistosa, surgida por la afición de ambos a la música. Lo que pretendía Dioni es que le presentara a su hermana, de la que a distancia se había prendado. Así sucedió. Hasta casarse y formar un matrimonio, ya con un par de hijos, uno de ellos compone para Camela y el otro es modelo. En cuanto a Ángeles no tiene descendencia. Los cuñados como decíamos, se llevan estupendamente y no existe entre ellos, pese a sus contactos periódicos y sus viajes otra relación que no sea la estrictamente profesional.

Ya hemos contado que Camela nació como trío pero en 2013 Miguel Ángel Cabrera tarifó con sus dos compañeros. Pretendía tener más influencia en el grupo, que se tuvieran en cuenta sus composiciones. Como no llegaron a un acuerdo, rompieron su compromiso y, en adelante, Camela sólo fue dúo. Y así continúan llenando auditorios y vendiendo discos a porrillo. O sea: camelando a los suyos.

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