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Muere Enrique García Vernetta, el primer amor de Rocío Jurado

Enrique García Vernetta ha muerto en una residencia de ancianos valenciana. Él fue el primer amor de Rocío Jurado.

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Enrique García Vernetta ha muerto en una residencia de ancianos valenciana. Él fue el primer amor de Rocío Jurado.
Enrique García Vernetta | RTVE

Ha muerto Enrique García Vernetta, a los 79 años, ya casi ciego, en una residencia de ancianos de Valencia, su ciudad natal. Fue el primer gran amor de Rocío Jurado. Pudieron casarse, ella así se lo pidió. Pero, después de catorce años de relaciones él se echó para atrás y la chipionera siguió su camino. Seis meses después de la ruptura, en mayo de 1976, contrajo matrimonio con Pedro Carrasco. Enrique dijo entonces, y lo mantuvo mucho tiempo, que había sido por despecho.

Esta historia pudiera ser una de tantas en el argumentario de los culebrones sudamericanos. Una tarde lluviosa de los años 60, los hermanos gemelos Enrique y Sebastián García Vernetta paseaban por el centro de Valencia junto a su amigo, el futbolista del Levante Marañón. Arreciaba el chaparrón y uno de ellos, Enrique, se despidió de sus dos acompañantes pues de pronto decidió guarecerse en el cercano teatro Apolo, donde actuaba la compañía de Enrique Vargas el Príncipe Gitano. En aquel espectáculo, titulado "Aquí estoy yo", participaba una andaluza sensual, de llamativa belleza morena, que mezclaba coplas del pasado con algunos números flamencos: era Rocío Jurado, aún desconocida del gran público. Tanto le gustó a Enrique que pasó a conocerla a su camarín, solicitándole un autógrafo. A partir de ese día, todos los que dicha compañía permaneció en la capital del Turia tuvo un espectador fijo en primera fila. Enrique García Vernetta era hijo del dueño de la perfumería Las Barcas y los primero regalos que hizo a su futura novia fueron frascos de los más caros y mejores perfumes de su tienda, de la firma Christian Dior. Se vieron varias noches y quedaron en reanudar aquellos encuentros. Los dos se habían enamorado. Enrique acarició desde entonces muchas madrugadas aquella fotografía dedicada de la chipionera.

Los dos hermanos Vernetta tenían justa fama de seductores en Valencia. Buena planta, bien vestidos, atractivos y con mucha labia y simpatía. Se dedicaban más a la conquista de vedettes revisteriles. Me contaban entre inevitables carcajadas que estando durmiendo uno de ellos en un hotel con la dama de turno, se disculpaba porque tenía necesidad de ir a por cigarrillos. Bajaba y en el vestíbulo le esperaba su hermano, quien ya con la llave en mano subía y se encamaba con la que un rato antes había estado el otro gemelo. Repitieron la operación varias veces sin que mediaran quejas o petición de explicaciones por parte de la ocasional amante. Eran muy parecidos, casi iguales, claro.

Aquellas historias terminaron, de momento, para Enrique y Sebastián también renunciaría a los "ligues" continuos cuando se enamoró de otra cantante, la barcelonesa Salomé, con quien contrajo matrimonio y dejó aquel pasado. Transcurrieron unos meses y Enrique y Rocío Jurado siguieron en contacto, bien por teléfono o por carta. Hasta que la gaditana volvió a Valencia, esta vez para estrenar en el teatro Principal un espectáculo de Manolo Escobar. Ya entonces el nombre de ella tenía mayor proyección nacional. Y aunque Rosario, su madre, no le quitaba ojo cuando aparecía todos los días en el teatro Enrique García Vernetta, la verdad es que terminó aceptando que vivieran momentos de intimidad. Estaba convencida de que su hija iba a ser feliz con aquel hombre tan guapo, como me confió.

Y como la cosa iba viento en popa, Rocío Jurado dejó a su representante, Francisco Bermúdez, que lo era a su vez de Raphael y llegó un acuerdo con Enrique, ya su novio, para que llevara sus contratos. Conducía él un Dodge Dart donde se metían Rocío, su madre, el pianista Luis Posadas, el compositor Felipe Campuzano y el guitarrista Paco Cepero. ¡Buena troupe…! Transcurría el año 1968 y Rocío Jurado, ya independizada del Príncipe Gitano y Manolo Escobar estrenó un espectáculo en el madrileño teatro de la Zarzuela, "Pasodoble", mano a mano con Rosita Ferrer. Ese fue un gran éxito para ambas. Y como quiera que Enrique García Vernetta se dedicó en cuerpo y alma a Rocío, dejó el negocio familiar de la perfumería valenciana y viajó constantemente junto a su amada. Por toda España y después por Hispanoamérica. La pasión entre ambos era explosiva. Recuerdo haber asistido al rodaje de una película que la Jurado protagonizó con Máximo Valverde, que trataba fuera del guión "ronear" con ella. Pero allí estaba vigilante Enrique García Vernetta, en una secuencia divertida: de una iglesia que existe frente al estadio Bernabéu, salían a la calle Rocío y Máximo vestidos de novios, recién casados de mentirijillas. Y Enrique, a mi lado, sonreía, pensando que tal vez aquella escena podría ser realidad si él quisiera. Pero siempre se negó. Rocío llegó un momento que, azuzada por su madre, le hizo ver que así no podían seguir, como eternos amantes. Y, además, Enrique quería "retirarla" de la canción. Se dijeron adiós, aun cuando de vez en cuando se llamaban por teléfono.

Transcurrió medio año. El 21 de mayo de 1976 Rocío Mohedano Jurado contraía matrimonio con el campeón de boxeo Pedro Carrasco. Cuanto pasó después es harto sabido. Del mismo modo que su separación, divorcio, muerte del púgil y segunda boda de la cantante con José Ortega Cano. Si bien Rocío Jurado se casó muy enamorada en ambas ocasiones no es menos cierto que el nombre de Enrique García Vernetta no pudo borrarlo jamás de su memoria y los recuerdos que compartió con el valenciano durante catorce años.

¿Qué hizo, mientras tanto, él? Como había montado una agencia de espectáculos continuó ocupándose de los destinos artísticos de el Titi, Mari Carmen y sus muñecos, Arévalo, Gula, Francisco, Chicho Gordillo, Eugenio… Convivió con otra novia. Siguió soltero. No tuvo hijos. Cuando murió Rocío, Enrique sufrió un doloroso episodio. Asistió tanta gente en la despedida que hubo en Madrid, como luego en Chipiona, que no puedo precisar en dónde estuvo para darle su adiós definitivo. Llenó las paredes de su oficina, y no sé si también de su casa, con fotografías de su gran amor. Y ya hace dos o tres años pensó que debía escribir, o dictar, unas memorias contando toda la historia de su vida junto a Rocío. Pero ninguna publicación se interesó por su oferta. Entonces se paseó por varias televisiones, la última vez en 2018, para la productora de Lazos de sangre, programa que emitió Televisión Española. En esas apariciones, Enrique García Vernetta vertió una serie de recuerdos, algunos de los cuales no podemos asegurar que respondieran a la verdad. Yo los resumo aquí, insistiendo que pueden ser cotejados en las grabaciones respectivas en las que intervino.

Aseguró que durante el tiempo que estuvieron juntos abortó en cierta ocasión. Insistía en que la víspera de su boda con Pedro Carrasco, ella llamó a Enrique para verse y huir juntos, a lo que siempre, siguiendo su versión, el valenciano se negó. Incluso ya siendo madre de la pequeña Rocío, la cantante parece que reanudó su deseo de abandonar a Pedro y marcharse con Vernetta, al que dijo que estaba harta de que su marido se gastara el dinero por ahí… Muertos los aludidos, resulta imposible contrastar si lo contado por Enrique era o no verdadero. De lo que no hay ninguna duda es de que se quisieron al límite de sus deseos.

Los últimos tiempos han sido duros para Enrique García Vernetta, que fue perdiendo la vista y ha acabado sus días viviendo en una residencia de ancianos en Valencia. Me duele esa soledad que le ha acompañado en este triste final. Porque, al margen de las historias relatadas, me consta por las muchas veces que coincidimos, que era un tipo noble, generoso, simpático, buena gente. No es difícil imaginar que, repasando su vida, la haya llenado en su ocaso de constantes y persistentes recuerdos de quien fue la mujer de su vida. Y la perdió para siempre porque así lo quiso, y ya fue tarde cuando se arrepintió.

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