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Lo que hizo Harrison Ford al divorciarse de su esposa enferma de esclerosis múltiple

Harrison Ford se separó de Mary Marquand pero no se desentendió de ella, enferma de esclerosis múltiple.

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Harrison Ford se separó de Mary Marquand pero no se desentendió de ella, enferma de esclerosis múltiple.
Con Mary Marquandt en 1977 | Cordon Press

Probablemente sea Harrison Ford (junto a Clint Eastwood) el galán maduro más activo en el cine desde que alcanzó la popularidad mundial con La guerra de las galaxias y todas las secuelas de aquella extraordinaria película de George Lucas, cima entonces del género de ciencia-ficción. Si su amplísima filmografía le ha deparado una fortuna, manteniendo aún esa indiscutible notoriedad, (Blade Runner, El fugitivo, Sabrina, Indiana Jones, las secuelas de la citada Star Wars) su vida sentimental le propició asimismo episodios tan complicados como emotivos, pero por otro lado desagradables en su segundo divorcio, que a poco lo arruinan. Con su físico ya mermado, afrontará esta temporada, si es posible, el rodaje de Indiana Jones 5, personaje del que definitivamente se despedirá.

Harrison Ford se casó por vez primera en 1964, cuando aún no era conocido, con una cocinera llamada Mary Marquandt, con quien tendría un par de hijos. Todo parecía ir bien en aquel matrimonio hasta que la enfermedad de ella dio al traste con el futuro de la pareja. La "chef" fue víctima de una esclerosis múltiple, que la tuvo hospitalizada, ya sin posibilidad de recuperarse. Por mucho que la quiso, quizás azuzado por otros problemas derivados de aquella situación que no hemos de juzgar al desconocer todos los pormenores, Harrison decidió en 1979 divorciarse. Compró una casa para que Mary Marquand viviera lo más confortablemente, atendida por enfermeras, vigilada por médicos, cuyo largo y costoso tratamiento él sufragó a lo largo de los años.

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Con su segunda esposa, Melissa Mathison | Archivo

La segunda esposa del popular actor fue la guionista Melissa Mathison, con la que se casó en 1983 hasta que en 2004 pusieron fin a la unión. Dos hijos más de la pareja se sumaron a los otros dos que ya tenía Harrison. Si todos los divorcios son penosos y acarrean, sobre todo en los Estados Unidos, desacuerdos económicos a la hora de repartir los bienes y pedir indemnizaciones, el de Ford y Melissa Mathison resultó ser de los más gravosos para el multimillonario marido, que hubo de acceder finalmente a desembolsar tal cantidad de dólares que a punto estuvieron de dejarlo en bancarrota.

La llegada a su vida de la jovencísima actriz Calista Flockhart puso equilibrio sentimental en su ajetreada existencia, llena de continuos viajes y rodajes interminables donde siempre Harrison Ford había de superar peligrosas escenas de acción. De cómo se conocieron merece la pena detenernos.

Coincidieron, sin saber nada particular el uno de la otra en la entrega de los Globos de Oro de 2002. Y en un determinado momento, cuando departían cordialmente, a Calista se le cayó la copa de vino que sostenía, cuyo líquido fue a parar al esmoquin de Harrison. Lo mismo lo hizo aposta, que el ingenio nunca descansa. El caso es que las risas entre ambos dieron paso a las excusas de la actriz. Ni qué decir que ese incidente los unió desde entonces, y tras una apasionada apasionada convivencia terminaron ante un juez, que los casó en 2010. Hoy por hoy, la pareja goza de estabilidad conyugal en su rancho de Wyoming. No siendo él partidario de asistir a fiestas y reuniones sociales, se encuentra allí, en plena naturaleza, rodeado de animales, en su salsa. Con ellos está el hijo que Calista adoptó hace dieciseis años. Lo único que perturba la tranquilidad de ella es la afición que Harrison tiene por pilotar avionetas, lo que le ha costado ya serios disgustos, al sufrir nada menos que tres accidentes aéreos que a punto estuvieron de llevarlo al otro mundo.

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Con Calista en uno de sus viajes a España | Archivo

Harrison y Calista han visitado España en varias ocasiones, al margen de compromisos cinematográficos de promoción, simplemente como turistas. En Barcelona, por ejemplo, decidieron pasar lo más inadvertidos posibles, y así, se alojaron en un hotel de sólo tres estrellas. Se dieron un rodeo en otras ocasiones por otras capitales. Conocen muy bien Madrid y en las últimas Navidades, las de 2019, no se privaron de conocer varios restaurantes, en uno de los cuáles, Harrison Ford levantó el codo más de la cuenta, al punto de que cuando dejaron el establecimiento el actor tuvo que ser sujetado por unos oportunos brazos. Por el camino, le pidieron posar para los inevitables "selfies", y él, pese a su estado, accedió complacido, hasta por fín acceder a la habitación del hotel que ocupaba donde "durmió la mona".

Tuve el gusto de conocer a Harrison Ford un mediodía de septiembre del año 1977 cuando vino a San Sebastián para presentar La guerra de las galaxias. Durante tres cuartos de hora mantuve a solas con él una interesante charla. Digamos que entonces, al actor no se le conocía en nuestro país y su estancia en el Festival donostiarra no despertó un entusiasmo masivo. La distribuidora de su película en España me solicitó entrevistarlo, a lo que accedí. Un año después, esa situación sería a la inversa, cuando ya Harrison Ford concitaba la admiración general.

Condenso lo que me dijo el actor en aquella inolvidable entrevista: "Mire, yo me doctoré en Filosofía y Letras y en 1963 debuté en una compañía de variedades, hice teatro, firmé contrato por siete años en unos estudios cinematográficos. A raíz de mi matrimonio me planteé, después de tener dos hijos, mi futuro. Había ya intervenido en varias series de televisión (Ironside, El Virginiano, entre otras). Pero en 1970 yo necesitaba ganar dinero. Y me dediqué a la carpintería. Soy mañoso, y además era dueño del negocio, me espabilé, gané dinero y recuerdo satisfactoriamente el trabajo que hice en los estudios de Sergio Mendes, mientras éste grababa un disco y yo le montaba las paredes con mis tablones. Era, claro está algo disparatado, que yo, todo un universitario me dedicara entonces a aquellas tareas. Lo cierto es que seguí siendo un carpintero hasta que ya ví que en el cine podía ganarme la vida".

Y aquello sucedió cuando George Lucas, guionista productor y socio de Steven Spielberg creyó en Harrison Ford y le proporcionó su gran oportunidad en La guerra de las galaxias, donde compartió protagonismo con Carrie Fisher, aquella dulce princesa de cine. Aproveché que estaba también en el certamen donostiarra para entrevistarla. Deliciosa muchacha. Pero se calló lo que muchos años más tarde supimos gracias a sus memorias: que ya entonces se había enrollado con Harrison Ford. Amantes una temporada, cuando él seguía casado con su primera mujer. La sedujo durante una fiesta que dio el mencionado Lukas.

¿Qué sensación me produjo Harrison Ford durante mi entrevista? En tan corto espacio de tiempo es imposible saber cómo es el personaje que tenemos en frente. Sí que advertí su seriedad, apenas sonreía. Eso sí, amable. De él se ha dicho que en sus interpretaciones parece repetir muchas veces el mismo papel, introvertido, poco dado a gesticulaciones. Harrison Ford ha dicho que se limita a interpretar los guíones que acepta. Y que no se considera nadie importante en el cine. Lo que tampoco compartimos: tiene sus limitaciones, pero contando con ellas, no ha tenido rivales para ser en los últimos cuarenta años quizás el más taquillero de los galanes.

La última película estrenada este año de Harrison Ford es La llamada de lo salvaje, basada en un relato de Jack London. Le espera ahora, con la complicidad que siempre ha tenido con sus productores más habituales, la quinta parte de "Indiana Jones". Pero ya le han advertido que será la última vez que incorpore al héroe de tales aventuras. Conscientes ambas partes de que Harrison tiene una edad provecta y nadie podría creerse, látigo en mano, las aventuras que años atrás ha venido protagonizando. Se acerca, lentamente por tanto, el fin de un actor muy prolífico que, sin ser extraordinario, ha engrosado la industria del cine con muchos millones y él mismo se ha ganado buena parte de ellos y una merecida admiración popular.

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