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Javier Gutiérrez, separado, padre de un hijo discapacitado y que ha roto con la mexicana Adriana Paz

Tímido, sencillo, de entrañable carácter que se gana el cariño de cuantos lo conocen y admiran.

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Tímido, sencillo, de entrañable carácter que se gana el cariño de cuantos lo conocen y admiran.
Javier Gutiérrez | Gtres

Formidable actor este asturiano recriado en Galicia, Javier Gutiérrez, que a su constante actividad artística, prueba de su reconocido talento, une una gran bonhomía: tímido, sencillo, de entrañable carácter que se gana el cariño de cuantos lo conocen y admiran. Padre de un niño discapacitado no vaciló en rodar Campeones desechando la oferta de La casa de papel. Y acertó. Ha sabido también superar la separación de su primera mujer, Inés Enciso, madre de su hijo Mateo, de once años, y también ahora la de su última compañera desde hace tres años, la actriz mexicana Adriana Paz, cuya ruptura hemos comprobado.

Antes de que apareciera la pandemia Javier Gutiérrez no daba abasto a sus diferentes compromisos, profesionales y familiares. Es de los pocos actores españoles a los que el paro no le ha afectado desde que iniciara su espectacular carrera en el cine, la televisión y de vez en cuando el teatro también. De familia humilde, perdió a su progenitor a muy corta edad. Sus padres y dos hermanas lo llevaron desde Luanco, con un año de vida, a El Ferrol, donde hizo sus primeros estudios y representaciones escénicas en el cuadro de los colegios que pisó. Anecdóticamente, Javier Gutiérrez llegaría a interpretar en la pantalla en un par de ocasiones a su casi paisano, el general Francisco Franco. Recuérdese que antaño, la ciudad se denominó El Ferrol del Caudillo.

Hace treinta años justos que, con diecinueve, Javier Gutiérrez pisó Madrid por vez primera, para cursar enseñanzas teatrales en un centro dramático. Con treinta duros de entonces, guardados para la ocasión al no sobrarle el dinero, se dio el gustazo de adquirir una localidad "de gallinero" en el teatro Español para aplaudir a José María Rodero en una función, Las mocedades del Cid, que despertó más en Javier su ilusión de ser algún día un actor como él. Lo va consiguiendo…

Del grupo Animalario, en el que formó parte, pasó a la serie Los Serrano, inicio de su escalada a la popularidad que ahora justamente disfruta, tras ganar un par de Goyas, nada menos, por sus magníficas interpretaciones en dos excelentes filmes: La isla mínima y El autor. En este último filme tuvo que rodar una secuencia que, en principio, dudó si se atrevería a realizar: completamente desnudo. Al estrenarse hubo de soportar las chanzas de compañeros y amigos, que se cachondeaban de su físico, algo escuchimizado. La mirada, los gestos medidos, sus movimientos, son algunos de sus recursos esenciales para conquistar a una cámara. En cuanto a las otras conquistas femeninas, Javier Gutiérrez encontró en una directora de proyectos culturales, Inés Enciso, a la compañera sentimental entre 2008 y 2016. Al año de conocerse tuvieron a su hijo Mateo, que vino al mundo con una discapacidad física, y que han cuidado con el mayor de los cariños. Tienen la custodia compartida tras decidir separarse.

Muy afectado por aquella ruptura, Javier Gutiérrez encontró en la actriz mexicana Adriana Paz, de cuarenta años, nueve menos que él, la mujer que le aportó serenidad (aunque ya queda dicho que han terminado separándose), en una época en la que el actor astur-galaico vivió muy intensas emociones, consecuencia de sus constantes trabajos, a razón a veces de catorce horas diarias, con pocas de descanso. Para colmo, Mateo tuvo una recaída en su delicada salud, hubo que internarlo, justo cuando Javier representaba una obra teatral en el Español madrileño.

También meses atrás se vio apremiado siempre por el tiempo al tener que incorporarse a la tercera temporada de la serie Estoy vivo, sin descuidar su contrato con otra, Vergüenza, producida por Movistar, donde tiene por compañera a Malena Alterio. Semanas de constantes idas y venidas. La productora Netflix estrenó en televisión Hogar, que debía haberse estrenado en el Festival de Cine de Málaga, suspendido por el dichoso coronavirus, donde Javier es un publicista que pierde su trabajo y ha de buscarse la vida como sea, llegando a enfrentarse al otro protagonista, Mario Casas. Un "thriller". La hija y Bajo cero son otros dos títulos en espera de darse a conocer. Es decir, que en los meses venideros, tendremos a Javier Gutiérrez "hasta en la sopa".

No se considera famoso, término que tantas veces hemos comentado más propio para galardonados científicos, escritores magistrales o profesionales nada comunes por sus elevados saberes. Así es que con sentido común, Javier Gutiérrez dice ser un hombre corriente, que interpreta a gente corriente. Popular, a lo sumo. Una muestra de sencillez y cordura la suya. Cuando podría estar envanecido por su presencia en Águila Roja, donde desempeñaba estupendamente el papel de Saturnino García "Sátur". La gran humanidad que desprende este actor vióse aplicada a su personaje de Campeones, que tanto dinero y premios ha conseguido. Lo curioso es que el guión no lo quería ninguna productora. Aducían sus responsables que una película de subnormales no daba un euro en taquilla. ¡Que Dios les conserve la vista y les perdone también su falta de sensibilidad!

Javier Gutiérrez es cómplice de los periodistas que lo entrevistan y no se muerde la lengua. Declara lo que piensa… y cree que acerca de otras declaraciones, las de Hacienda, tal verborrea le ha pasado factura. Nunca mejor dicho. Ha ganado bastante dinero en los últimos tiempos y a la hora de rascarse el bolsillo para atender al Fisco, piensa que le han privado de buena parte de su patrimonio. Pero se considera afortunado. Al fin y a cabo, cuando pisó las calles madrileñas por vez primera hace treinta años justos estaba "canino". Y el se ha labrado su vida a fuerza de mucho trabajo. Y talento, claro.

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