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Las (muchas) mujeres de Xavier Cugat fueron su pasión y su ruina

El seductor Xavier Cugat murió hace ahora treinta años.

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El seductor Xavier Cugat murió hace ahora treinta años.
Con Abbe Lane | Cordon Press

Fue Xavier Cugat uno de los pocos españoles que triunfó como artista en los Estados Unidos, de los primeros en conquistar la gloria como músico, profesión que diversificó en las facetas de violinista, director de orquesta, arreglista, productor, cantante y descubridor de estrellas. También en sus años juveniles se dio a conocer como caricaturista, afición que mantendría hasta sus últimos años. La fama como conquistador lo llevó a casarse en cinco ocasiones, y asimismo sedujo a buen número de mujeres. Ellas, en general, fueron causa de su ruina económica. Todavía octogenario se resistía a abandonar su leyenda donjuanesca. Se cumple ahora el trigésimo aniversario de su muerte.

Se llamaba Francisco de Asís Javier Cugat Mingall de Bru y Deulofou. Demasiado para una tarjeta de visita. Por eso fue conocido en medio mundo simplemente como Xavier Cugat, Cugat a secas, o familiarmente y entre amigos, "Cugui", remoquete que le puso su buen amigo Fred Astaire. Vino al mundo el 1 de enero de 1900 en Gerona. Con cuatro años su familia emigró a las Américas. Tuvo nacionalidad española, cubana y norteamericana. Ya en 1918 daba un concierto de violín en el famoso Carnegie Hall neoyorquino. El mismo año que había contraído esponsales en La Habana con Rita Montaner, cubana de padre catalán, compañera de estudios, de cimbreante figura, piel canela, guapísima. Mulata que dejando de lado sus estudios de Conservatorio se hizo popular, animada por Cugat, cantando y bailando canciones afroamericanas. Las que Xavier introdujo trece años después en los Estados Unidos, razón por la que sería conocido como "el rey de la rumba". Que es como tituló su autobiografía, editada en 1949.

La duración de su matrimonio con Rita Montaner fue breve, dos años. El primer amor de "Cugui". En cuanto a las siguientes féminas que estuvieron al lado de Cugat, mencionemos a una atractiva mexicana, Carmen Castillo, que en el cine aparecía como Carmen La Rue, y era doble de luces de la muy celebrada entonces Dolores del Río, en esa mitad de los años 20. La incorporó como cantante a su orquesta y se enamoraron. En 1929 contrajeron matrimonio, el segundo para él. Pero fracasaron. Como quiera que Carmen Castillo no convencía al empresario de la sala de fiestas del Waldorf Astoria, Xavier tuvo que despedir de su orquesta ¡a su propia esposa!, sustituyéndola por otra vocalista, asimismo de origen mexicano, llamada Lina Romay. A través de una sobrina de Carmen Castillo, Cugat conoció a la hija de un bailarín sevillano, Eduardo Cansino, Margarita. Bailaba bien pero "Cugui" se encargó de pulirla como sensual artista, cuando contaba sólo diecisiete años y no hablaba una palabra de nuestro idioma, que nunca quiso aprender por otra parte. Presumía él de haberle bautizado artísticamente como Rita Hayworth, aunque el muy documentado escritor Luís Gasca mantiene en su estupenda biografía del músico catalán que a quien hay que adjudicarle ese sobrenombre es a Harry Cohn, el todopoderoso jefe de la Columbia.

Cugat tuvo una feliz colaboración con su amigo Cole Porter, ayudándolo a componer algunos pasajes de su universal tema "Beguin the beguine". Nuestro protagonista triunfaba con su orquesta, en cuyo repertorio se incluían temas que se consideraron siempre "estándar", clásicos, intemporales y siguen gozando de popularidad: "Bésame mucho", "Frenesí", "Tico Tico"… La rumba fue el gran descubrimiento de Cugat para los norteamericanos. Se hizo rico actuando en salas de fiestas y programas de radio. Él orquestaba magníficamente, con excelentes arreglos, piezas internacionales como "María de la O", "Malagueña", "Brasil", "Quiéreme mucho" y tantas otras, sin olvidarnos de "El manisero", que nunca dejaría de incluir en su repertorio. Junto a sambas como "Copacabana" o "Mamá eu quero". Y la conga "Mamá Inés".

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Con Charo Baeza | Cordon Press

Mediada la década de los 30, Carmen Castillo, celosa porque su marido había contratado como vocalista a una norteamericana, Adela Delgado, hija de español e irlandesa, impidió que continuara en la orquesta pasados los tres meses de actuación firmados. Siempre galanteador, preocupado por su físico, la alopecia le amargó la existencia desde jovencito. Hasta que decidió colocarse una peluca, porque así se lo insinuó la ya decadente Mae West: "No quiero trabajar con un señor calvo".

Y un día de 1942 su esposa Carmen Castillo desaparece de su vida y se va a México. El litigio de la separación y posterior divorcio los llevó a una espera del veredicto varios años. Se negó a pagarle un solo dólar. Fue un miserable con ella, por supuesto. Ya se había buscado una sustituta, Lorraine Allen, modelo con la que estuvo casado tres años. Fue al principio generosa con él, pagándole caprichos, joyas, pieles carísimas. Pero celoso siempre, sostenía con ella frecuentes broncas. Al separarse su ex quiso ser indemnizada, pero "Cugui", repitió lo que hizo con Carmen Castillo: no darle ni un adiós de despedida. Se olvidó de las dos. Y aunque la justicia y Hacienda lo perseguían, en buena parte se salvó de pagarle a su segunda esposa al menos su pensión alimenticia, pues ella murió en 1967. Pasados los años, Xavier confesaría que Lorraine había sido la más bellas de sus esposas.

Una aristócrata millonaria entró en la vida amorosa de "Cugui", la condesa Dorothy Dentice di Frasso, en realidad llamada Dorothy Taylor, quien ostentaba su título de nobleza por su matrimonio con un conde italiano, a la sazón cornudo, confinado en su villa romana. Tiempos en los que Xavier era una estrella en el "Flamingo", el primer casino de Las Vegas, año 1946. Detrás de sus contratos, estaba la Mafia. Al Capone protegió a nuestro compatriota. Entre bromas y manejos publicitarios se publicó que Lana Turner y él eran novios. Falso. Bebía él los vientos en 1944 por una tal Ann Marsch, que cantaba en un coro de Nueva York. Anunciaron su boda, él le regaló una valiosa sortija. Siempre buscaba chicas desconocidas para convertirlas en estrellas del espectáculo. Y en ellas se gastaba tiempo y dinero, contraste con sus dos primeras esposas, cuyos divorcios les salieron gratis. Ganaba dólares a espuertas. Bien pagado en sus primeras diez películas. Invirtió parte de sus ganancias en una fábrica de turrones ("Cugat's Nougat") y en el negocio de perros chihuahuas. En el rico anecdotario del artista, que nos llevaría a escribir un mamotreto, encontramos que conoció a un joven Fidel Castro haciendo de extra en dos filmes en los que intervino Cugat como estrella: "Bailando nace el amor" y "Festival en México". Cuando el futuro dictador cubano se ganaba la vida como podía en Los Ángeles.

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Con Carmen Miranda | Cordon Press

La antes citada Lorraine Allen, su tercera esposa, descubrió que su marido la engañaba con una jovencita en un hotel de Chicago. Resultó ser una chica de conjunto, Abigail Glasmann. Lorraine contrató a unos detectives que, entrando en la habitación que ocupaba "Cugui" los sorprendieron en plena función amorosa. Delante del juez, cuando solicitó el divorcio, Lorraine añadió además que su marido también "la había coronado" con otras mujeres: las cantantes Betty George y June Bell, un par de chicas más y por supuesto aquella desvergonzada del hotel de Chicago, desnuda con el músico. La aludida, no sin cierto humor, declaró: "No estaba desnuda, sino en braguitas". Y Xavier se defendió ante el magistrado de esta manera: "Es incierto que no llevara ropa… Es que se estaba cambiando pues nos íbamos a ir al cine".

Xavier Cugat se había encamado con la tal Abigail Glasmann, previamente regalándole un abrigo de visón, valorado entonces en tres mil dólares. Para acallar el escándalo, que aparecía en las páginas de chismes de los periódicos, a Xavier Cugat no se le ocurrió sino montar la treta de que se iba a casar con Carmen Miranda, que había sido su vocalista por esa misma época. A ésta también le beneficiaba esa supuesta relación sentimental, porque tenía fama de ser mujer de muchos amores con los entonces galanes John Wayne, George Sanders, Don Ameche, Arturo de Cordova… Pero lo mismo que sucedió con el falso romance de Cugat con Lana Turner, igualmente ocurrió con Carmen Miranda. Quien sería la penúltima esposa del artista catalán, fue la ya mencionada Abigail Glasmann, bautizada para el mundo del espectáculo como Abbe Lane. Por su propio descubridor, "Cugui", quien se casó con ella en 1952. Había nacido veinte años antes y aportaba un discreto historial como modelo, bailarina y cantante. De padre judío y madre rusa, ésta, que estaba frustrada en sus deseos de triunfar como artista, empujó a su hija para serlo. Ganó el título de Miss Nueva York y gracias a su matrimonio con Abbe Lane se convirtió en una gran estrella del espectáculo: muy sensual, resultó ser el descubrimiento postrero de "Cugui", y con ella fue muy feliz. Las tres décadas y pico que los separaban no fue obstáculo para serlo.

Nos llevaría mucho más espacio, del que no disponemos, relatar lo que fueron los años dichosos de Cugat con Abbe Lane. Ésta, llegada a la cima de su carrera junto a él optó por independizarse y dejarlo tirado. Fue en 1964. Según el padre de Abbe, "Cugui" se aprovechaba de Abbe, firmaba contratos millonarios gracias al trabajo incesante de ella. Abbe sólo soñaba con una vida tranquila y ser madre, lo que no consiguió al lado de Xavier, y ya cansada lo echó del apartamento en que vivían. Cugat llamó a la policía, entraron en juego sus abogados. Por mucho dinero que ella obtuvo, él se quedó con la mejor parte del patrimonio amasado por ambos, como Abbe le recriminó más tarde. Se casó de nuevo con el representante de Barbra Streisand y tuvo dos hijos, lo que siempre había ambicionado.

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Con Lorraine Allen | Cordon Press

Aunque dolido, pues con Abbe Lane había logrado tener su espectáculo más duradero, con la que contrató actuaciones por medio mundo, Cugat se consoló pronto con las primeras jóvenes que probó para sustituirla, una émula de Marilyn Monroe llamada Joy Lansing y con Fran Jeffries, con quienes siguiendo su conducta de siempre no sólo compartió los escenarios. Hasta que en un viaje a Madrid conocería a la murciana Rosario Pilar Martínez Molina Baeza. La convirtió en otra figura del "music-hall" con el sobrenombre de Charo Baeza. Tenía 35 años. Fue su vocalista, la estrella de su orquesta. Se fueron a vivir a Hollywood, incluida su futura suegra. Y se casaron en Las Vegas en 1966 para divorciarse en 1978. Ya envejecido regresaría a España a principios de los 80, instalándose en el Hotel Ritz, de Barcelona. Se trajo un espectacular pero ya anticuado automóvil matriculado en el estado de Nevada, con su apellido. Pretendió montar varios negocios relacionados con el mundo del espectáculo, sin éxito. Y trató de ayudar musicalmente a la cantante Ana María Agustí, conocida como Nina. Lo conocí en un Festival de Cine de San Sebastián, departiendo con él un rato durante la sobremesa de un almuerzo. Lo acompañaba una joven mexicana, Yvonne Martínez, que era una especie de su secretaria y enfermera, quien me diría estar ya harta de "Cugui", quien seguía presumiendo de ella como su futura esposa, hasta que ella lo dejó.

Xavier Cugat falleció al mediodía del 27 de octubre de 1990, a la edad de noventa años. Había firmado un testamento el año anterior declarando como heredera universal a su última secretaria, incluyendo también a su hermano Enric, a Yvonne Martínez y a dos hermanas de las que no se supo qué relación tenían con el finado. Fue un catalán universal como reza la lápida del nicho donde descansan sus restos mortales. Ganó en vida muchos millones, que fue dilapidando. Sus mujeres, le costaron dinero. Así como algunos de sus ruinosos negocios. Y los gastos elevados de sus tratamientos médicos. Más bien diríase que llegó al fin de su existencia ligero de equipaje monetario, con escaso patrimonio, aunque poco antes de fallecer alardeara de sus cuentas en Suiza. Lo que nadie puede poner en duda es que Xavier Cugat fue un artista muy importante, un genio.

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